Aunque durante años se creyó que el legado de Mirtha Legrand recaería en Marcela Tinayre, fue Juana Viale quien se consolidó como garante de sus almuerzos. Nacho Viale, el mentor. (Cedoc)
Mirtha Legrand, la intocable
Acaba de cumplir 99 años y es una figura indiscutida. Acalló críticas del progresismo y se convirtió en "la voz del pueblo".
Hablar de Mirtha Legrand es recorrer casi un siglo de historia argentina a través de una sola figura. A los 99 años, Rosa María Juana Martínez Suárez no es sólo un ícono del espectáculo, sino una presencia viva en la cultura y la política del país. Su carrera, tan extensa como multifacética, traza un arco que va del cine clásico a la televisión, de la intimidad pública a la controversia, y de la elite social a la voz reconocida por millones como interlocutora de una realidad nacional que muchas veces incomoda y que solo ella se anima a comentar.
En los últimos años, Mirtha pasó de ser la fotografía de una aristocracia rancia, a convertirse en la bandera de los sin voz. Su latiguillo "En la calle me preguntan", se convirtió en el preámbulo para preguntarle a los políticos lo que pocos se animan. Y no solo de mandatarios se alimenta. Su "mesaza" se volvió una medida de éxito entre las nuevas generaciones. Llegar allí, ya sea para L-Gante, Luck-Ra, La Joaqui o Lali, es el tan esperado certificado de celebridad. Incluso, a lo largo de los años, logró conquistar al público progresista que siempre la miró con desconfianza. Y se convirtió en la "voz del pueblo", con sus críticas al poder de turno. Podría decirse, sin temor a errarle, que Mirtha ya es una intocable de la escena nacional.
Nacida en Villa Cañás, provincia de Santa Fe, en 1927, Mirtha encontró su primer brillo en el cine de los años cuarenta. Películas como “Los martes, orquídeas” (1941) y “El viaje” (1942) la convirtieron en una estrella absoluta. Su belleza, carisma y versatilidad la llevaron a encarnar a la juventud dorada del cine argentino en un momento de esplendor. Bajo la dirección de Daniel Tinayre, con quien se casó en 1946, protagonizó también films audaces para la época.
Renacimiento. Su verdadero punto de inflexión fue el 3 de junio de 1968, día en que estrenó “Almorzando con las estrellas”. La imagen de una mesa extendida, invitados ilustres y una anfitriona que sabía preguntar marcó un antes y un después en la televisión argentina. “¿Comer en televisión?”, se preguntó incrédula al principio, ante la propuesta que le ofreció el empresario Alejandro Romay. Esa simple innovación se convirtió en la plataforma más influyente del país, capaz de transformar almuerzos en espacios políticos, culturales y sociales. Y repetía: “Como te ven, te tratan”, una de sus frases inmortales. La televisión no solo reflejaba, sino que definía percepciones. Y con el tiempo le agregó: “Y si te ven bien, te contratan”.
Así, su mesa se fue convirtiendo en un espejo de la Argentina. Todos los presidentes democráticos de Argentina dijeron presente, unos más cómodos, otros menos, y ninguno pasó desapercibido. Carlos Menem, en los noventa, cumplió la promesa que le había hecho a Mirtha antes de ser jefe de Estado y volvió al programa varias veces. En una de esas visitas incluso bailó danza árabe en el estudio, gesto que desbordó la solemnidad presidencial. A Mauricio Macri, Mirtha lo enfrentó con una frase que se volvió icónica: “No ve la realidad”. Con Javier Milei, cuando todavía era candidato, fue más allá. Afirmó que él y su pareja “no eran normales”. Con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner hubo almuerzos que se volvieron hitos de la agenda mediática por la crudeza de las preguntas y la tensión abierta con el poder.
Siendo ya un hito de la televisión argentina, en más de medio siglo al aire, muchas de sus preguntas quedaron grabadas por el nivel de incorrección que tenían. En 2010, en un debate sobre la ley de matrimonio igualitario, preguntó al diseñador Roberto Piazza: “La pareja de homosexuales, suponte que adoptan a un chico, como tienen inclinaciones homosexuales, ¿no podría producirse una violación hacia su hijo?”, comentario que calificó después de “poco feliz” y por el que también se disculpó. Así, también hay que mencionar cuando invitó a su mesa a Yiya Murano y aceptó una masita “de su propia elaboración”; o en 1999, el choque con Silvana Suárez cuando, tras interrogarla de manera incisiva sobre su vida personal y su divorcio, Legrand espetó: “Yo no necesito de vos para tener audiencia”, frase que precipitó la salida de Suárez de la mesa en vivo. Fue la primera vez que un invitado dejaba la mesa y se marchaba en plena transmisión. Años después, Mirtha reconoció con autocrítica: “Me lo merecía”.
Mea culpa. Una de sus virtudes es que siempre supo pedir disculpas, mostrar evolución y ponerse a la altura de sus oponentes, incluso cuando estaban muy por debajo de su trayectoria. De su implícita homofóbica, logró cambiar su línea editorial y lo que en su momento incomodó a más de un invitado con su sexualidad, después lo naturalizó. Es que su estilo frontal -y en alguna épocas prejuicioso- generó tensiones con sus invitados. Preguntas incómodas a figuras como Cecilia Rossetto o la vedette Cris Miró sobre cómo debía referirse a su identidad de género reflejaron no solo la falta de educación cultural de su época, sino también el tránsito de una personalidad tradicional hacia una más reflexiva y sensible. Porque todo eso lo superó y supo cómo aggiornarse.
Ella manejaba una “lista negra” de invitados que consideraba irreversible porque los consideraba poco serios, rencorosos o carentes de un discurso que permitiera un diálogo profundo. Ricardo Fort, símbolo de "la televisión basura", integraba ese manuscrito secreto donde también figuraron Lucho Avilés, Héctor "Bambino" Veira, Alberto Tarantini, Miguel Ángel Solá y Rodolfo Bebán. Pero ninguno llegó al ninguneo que sufrió Samuel “Chiche” Gelblung de quien no quería ni siquiera oír hablar. Su enojo fue por una mirada hostil que tenía el periodista sobre su familia cuando editaba revista Gente y por un romance poco claro con su hija Marcela.
Su vida personal estuvo marcada por la intensidad, pero también por la discreción. Vivió el amor y los negocios con Daniel Tinayre durante décadas, pero la muerte de su hijo Daniel, en un momento en que la sociedad no estaba lista para hablar abiertamente de la homosexualidad, dejó una huella profunda que integró con el tiempo en su relato, pese a que habla poco de él. Mirtha convirtió su dolor en debate, como cuando por la pandemia no pudo despedir a su hermana Goldie, situación que le reprocha a Alberto Fernández, cada vez que tiene la posibilidad de hablar de la política sanitaria de su Gobierno con el Olivos-Gate. Pero todo este anecdotario quedó atrás a sus 99 años. Ella parece haber logrado un consenso social que admira su resiliencia, su capacidad para reinventarse y para seguir trabajando con lucidez, lo que le valió varios récords.
Tras la frontera. En 2023, el diario francés Le Monde dedicó un elogio a su trayectoria. El artículo señalaba la manera en que había marcado una impronta en la televisión argentina, su longevidad profesional y su capacidad para permanecer en la escena pública sin claudicar ante modas efímeras. La mirada internacional recogió lo que en Argentina muchos definían intuitivamente, su figura como parte de la memoria audiovisual de todo un país. A su vez, el ente Guinness World Records, está evaluando certificarla como la comunicadora de mayor edad del planeta y la más longeva en realizar una publicidad televisiva por la acción de Shell del año pasado.
Estudiar la figura de Mirtha Legrand es entender que su vigencia no se explica por la persistencia de su cuerpo y alma, sino por la elasticidad de su presencia. Ganadora de 42 Martín Fierro, entre los que se incluyen los de Oro en 1992, Platino en 2009 y Brillante en 2017 y 2024; y un Condor de Plata en 1945 por su protagónico en la película “La pequeña señora de Pérez”. Trabajó en todos los canales de aire y hasta condujo su propio programa de radio entre 2004 y 2005, cuando realizó “Mirtha en la Red” por La Red AM 910. Su único reproche al amor que su público y el medio le brindó, se dio cuando se inauguró una estatua en su honor en una plaza de Villa Cañas, la cual agradeció, pero pidió que la quitaran porque no reflejaba su imagen. Y tenía razón.
Como todo en su vida, Mirtha Legrand convirtió su cumpleaños número 99 en un evento político y público. combinando afecto familiar, glamour y simbolismo. En la casa de su hija Marcela Tinayre y rodeada de más de 70 invitados, entre los que se destacaron su hija Marcela, sus nietos Juana y Nacho Viale con sus respectivas parejas, la senadora Patricia Bullrich, el diseñador Gino Bogani, el cantante Jairo, Teté Coustarot, Juan José Campanella y Roberto Moldavsky; la diva celebró el lunes 23 de febrero con una producción cuidada hasta el más mínimo detalle, en un ambiente que, a pesar de la tormenta que se desató en la ciudad, no perdió su calidez.
La celebración incluyó dos cambios de vestuario, primero un conjunto de Claudio Cosano y luego de Iara Alta Costura, y una ambientación con flores y souvenirs. De cena, el menú incluyó tapeo de bienvenida, burrata de entrada, ñoquis, risotto y salmón; y frente a la tradicional torta de tres pisos, y tras soplar las velitas, Mirtha confesó sus tres deseos que resumieron su espíritu vital: paz para la Argentina, que su amado Racing Club gane, y salud para todos; además de expresar con optimismo su gran anhelo de llegar a los 100 años.
Susana Giménez se ausentó, avisando desde Madrid que no podría estar, pero aun así, la noche fue de conmoción y celebración, con discursos emotivos, música en vivo y el gesto de Mirtha de saludar a la prensa a pesar de la lluvia.
Semejante amplitud laboral y temporal explica que Mirtha siempre supo adaptarse a cambios culturales, a nuevas generaciones, a formatos que se reinventaron y a un país que, como ella, cambió muchas veces de rumbo. Su trayectoria le dio un pasaporte para poder decir lo que piensa sin medias tintas. Y para seguir fijando agenda en la conversación pública. Su legado, con luces y sombras, aciertos y contradicciones, es un capítulo indispensable de la historia cultural de la Argentina.
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