Chechu Bonelli y Laurita Fernández ingresaron al mundo del polo, donde Pampita es la figura principal. (Cedoc)

Pasión por el polo: las nueva taqueras

Son famosas y tiene carreras consolidadas, pero se enamoran de polistas millonarios vinculados a un mundo de élite. A cambio, dan visibilidad a la pareja.

En el vértigo del espectáculo argentino y el universo deportivo de élite, el amor vuelve a tejerse con códigos donde el glamour, el poder económico y la tradición social se combinan de manera cada vez más visible. En los últimos meses, una tendencia comenzó a delinearse con nitidez: las celebrities más reconocidas del país parecieron sentirse  atraídas por el mundo del polo y por los hombres jóvenes, millonarios y formados en circuitos de privilegio, que lo circundan. Un fenómeno que no es nuevo, pero que hoy adquiere una configuración distinta, más refinada y simbólica, y que vuelve a instalar al polo como un espacio de seducción mutua entre famosas y herederos de alto poder económico.

Amores inesperados. El caso más reciente es el de Laurita Fernández, quien tras una separación mediática volvió a quedar en el centro de la escena por su romance con Matías Busquet, un joven polista que comenzó a ganar visibilidad pública a partir de su vínculo con la conductora. Fotografías, apariciones en eventos de fin de año y gestos de cercanía en recitales y celebraciones privadas terminaron de consolidar la versión de una relación que conjuga dos universos distintos pero complementarios: la popularidad masiva de la televisión y el perfil reservado, aunque poderoso, del deporte de élite. 

Otra famosa que arrancó el año entre rumores de un amor renovado es Chechu Bonelli, quien habría encontrado en Facundo Pieres (ex pareja de Zaira Nara), un hombro donde descansar tras meses de inestabilidad sentimental por la ruptura con el padre de sus hijas, Darío Cvitanich. Si bien la nueva pareja se encargó de relativizar las versiones, el episodio refuerza la idea de un circuito cerrado donde los nombres se repiten y los vínculos se cruzan dentro del mismo ambiente social.

Contexto. Este acercamiento no ocurre en el vacío. El polo, también funciona como un promotor de vínculos sociales. Canchas privadas, viajes internacionales, torneos en Estados Unidos y Europa, residencias en barrios cerrados de alto nivel y una vida marcada por la circulación constante entre Argentina, Punta del Este y destinos exclusivos. El polista encarna una imagen asociada a la tradición, al linaje y al éxito económico heredado o consolidado, lejos del relato del ascenso social que durante décadas representaron los futbolistas.
En ese mapa, la relación entre Carolina “Pampita” Ardohain y Martín Pepa aparece como uno de los vínculos más sólidos y representativos del fenómeno. La modelo y conductora, ícono indiscutido del espectáculo argentino, blanqueó su relación con el polista y empresario a mediados de 2024 y desde entonces el vínculo se sostuvo a pesar de la distancia geográfica. Pepa reside en los Estados Unidos, mientras Pampita mantiene su vida profesional y familiar en la Argentina. La propia Ardohain reconoció públicamente las dificultades emocionales que implica esa separación física, pero también dejó en claro que se trata de una relación profunda, con proyección y deseos de futuro. 

Pero no todas todas las uniones pueden sostener ese equilibrio. Juanita Tinelli y Camilo Castagnola protagonizaron un romance breve pero intenso, seguido de cerca por las redes y la prensa. La ruptura, confirmada por la propia Juanita, dejó al descubierto las tensiones entre dos universos que, aunque cercanos en edad y visibilidad, responden a lógicas diferentes. La hija de Marcelo Tinelli habló de aprendizaje y Castagnola de un encuentro a destiempo en intereses.

Reincidente. En el centro de este entramado sentimental se encuentra también Zaira Nara, cuyo recorrido amoroso parece condensar todas las aristas del fenómeno. Tras años de relación con Jakob Von Plessen, padre de sus hijos y representante de un perfil más ligado al mundo empresarial europeo, la modelo atravesó una separación que marcó un quiebre vital. Luego llegó su vínculo con Facundo Pieres, el cual terminó con versiones cruzadas, silencios y reproches implícitos. Y cuando parecía cerrar ese capítulo, su nombre volvió a asociarse con el del empresario y polista Robert Strom, heredero de una fortuna europea y figura prácticamente desconocida para el gran público hasta su fugaz aparición junto a ella en Punta del Este.

Sobre este fenómeno, Nahuel Saa, panelista de “Infama” ofrece una lectura reveladora: “Es una reformulación del viejo fenómeno de las botineras, pero con un cambio sustancial de perfil. Ya no se trata de vedettes o mediáticas que acompañan a futbolistas en ascenso, sino de mujeres con carreras consolidadas -conductoras, actrices, modelos- que se vinculan con "hombres bien”, formados en el privilegio y la tradición. A la vez, los polistas encuentran en ellas una visibilidad que antes no necesitaban, pero que hoy potencia su relevancia tanto en el deporte mismo como en las redes”.

La primera modelo argentina que selló una alianza duradera con el mundo del polo, inaugurando ese cruce entre moda, alta sociedad y deporte fue María Vázquez. Ícono de las pasarelas en los años noventa, conoció a Adolfo Cambiaso, el polista más influyente de su generación, lejos de los flashes y mucho menos, de los escándalos. Tras seis años de noviazgo, la pareja se casó en 2001 en una ceremonia íntima. Desde entonces, construyeron una vida familiar estable junto a sus tres hijos, acompañando la carrera internacional de Cambiaso y desarrollando un proyecto común donde el éxito deportivo convivió con la crianza y la discreción. Vázquez, que optó por correrse del centro de la escena y de las tapas de revistas para priorizar la familia, supo reinventarse como empresaria sin romper su vínculo con la moda y el polo.

Así, el amor entre famosas argentinas y jóvenes polistas se inscribe en una lógica donde el deseo, el estatus y la estrategia social conviven sin contradicciones aparentes. Entre canchas de polo, eventos exclusivos ABC1 y agendas internacionales. 

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