Toto Ferro (José Tolomei)

Lorenzo “Toto” Ferro: “El cine es un gran acto de fe”

Tras la muerte de su amigo y codirector, Lucas Vignale, estrena una película que se convirtió en el registro de una amistad.

Milo es un niño que baila malambo pero cuando ve en la televisión “Soñar, soñar” decide cambiar la música. Si en la película de Leonardo Favio un Carlos Monzón improvisado cowboy con terror a los caballos quería irse de su pueblo para triunfar en Hollywood, Milo emprenderá otro viaje que lo llevará a los confines de la infancia. Principito de la Pizzería Imperio, ladronzuelo de empanadas cuando pica el hambre, hipnotizador de bebés llorones, Milo descubrirá que irse es siempre volver.

“El tren fluvial”, la conmovedora película que se estrena por estos días en el MALBA,  dirigida por el inolvidable protagonista de “El Ángel” y “Simón de la montaña”, Lorenzo “Toto” Ferro y Lucas Vignale, quien falleció este año en un accidente de helicóptero ocurrido en Brasil, es puro sentimiento, una apuesta por la poesía de vivir en nuestros propios términos. Con fe, nostalgia, pasión, dolor y alegría también.

Noticias: ¿Quién es el mejor director argentino y por qué Leonardo Favio?

Toto Ferro: (Sonríe) Supongo que cada uno encontrará sus razones, pero para mí Favio tiene algo incomparable, las películas me hacen sentir que estoy soñando, pareciera que me están leyendo un cuento de esos que me relataban antes de irme a dormir. Es algo difícil de explicar, pero sus películas me generan ganas de de vivir y de salir a conocer un mundo que quizás ya no existe, pero que como director me gusta reinventar. “El tren fluvial” es un intento, desde la humildad y el respeto, de reinventar esos universos que instauró Leonardo Favio en nuestra cabeza. Su mirada del pueblo, los personajes perdidos, hay algo que con Lucas nos interesaba mucho que era inventar un mundo propio. Las películas de Favio muestran una Buenos Aires en la que yo nunca viví pero que me hubiera gustado mucho habitar. Me pasa algo, por ejemplo cuando aparece Evita en Gatica, El Mono yo siento que la conocí porque se ve real, un poco como en esos sueños donde te cuesta distinguir si estás dormido o despierto.

Noticias: En este momento donde se desvaloriza tanto a los maestros, vos homenajeaste a dos de tus referentes con esta película, Leonardo Favio y Luis Ortega. ¿Fue una decisión a conciencia o algo inevitable?

Ferro: Era inevitable. En el caso de Luis Ortega, el hecho de compartir mucho tiempo juntos siendo yo muy joven… bueno, todavía lo soy, pero tenía 18 años cuando hicimos “El ángel”, fue una influencia fuerte. El fin de la adolescencia es una etapa donde se está formando el gusto y yo estuve muy pegado a él en ese momento, me mostró mucho cine, aprendí un montón de cosas de Luis sobre cómo lidiar con ciertas situaciones complicadas o divertidas de la vida. Casi sin darte cuenta uno termina siendo un poco los amigos que tiene al lado, las personas a las que admira y  dejan una marca, todos tienen sus maestros, ¿viste? Para mí Luis Ortega uno de ellos y también lo es Federico Luis, el director de “Simón en la montaña”. Leonardo Favio desde otro lugar, es un referente, una especie de guía.

Noticias: Cuando quieren caerle por algún lado al cine argentino, siempre se le achaca el naturalismo. Vos sos alguien que apuesta mucho a la imaginación, a la fantasía, a la poesía. ¿Hoy se necesita audacia para eso?

Ferro: No sé si hay que ser audaz, simplemente necesitás que te interese investigar ese costado, a nosotros nos llamaba la idea de crear nuestro propio lugar en el mundo. Hay muchas películas que cuentan una realidad muy cruda de la cual no me gustaría ser parte, en “El tren fluvial” está ese aspecto más oscuro también pero se lo aliviana un poco para priorizar la poesía. Nosotros pensábamos: “Si llegásemos a una estación de tren ¿con qué personaje que jamás existiría en la vida real  nos gustaría cruzarnos?” Y lo inventábamos, la verdad que hicimos lo que imaginamos.

Noticias: Milo Barría, el protagonista de tu película, cuando llega a Buenos Aires, se encuentra en la estación de tren con ese personaje surrealista que decís. Lo interpreta Diego Puente, el actor que hizo de Polín, el famoso chico de “Crónica de un niño solo”. ¿Cómo lo convencieron para que volviera al cine después de tantos años?

Ferro: Nos llegó que Celeste Cid era vecina de Diego Puente y ella nos pasó su número. Queríamos contactarlo para ver cómo había sido su experiencia trabajando con Favio siendo él un niño ya que nosotros íbamos a hacer la película con Milo, nos interesaba saber cómo lo dirigía, de que manera trabajaron juntos. La primera vez Diego nos recibió muy amablemente en su casa, hablamos un montón y nos contó cosas sobre cómo había laburado con Favio que nos sirvieron mucho para utilizar en el rodaje. Después de esa charla fuimos a comer y a Lucas se le ocurrió la idea de que en la estación a Milo lo recibiera Diego, ya teníamos escrito ese personaje que es un puente entre dos mundos… ¡justo Puente, mirá que loco! Fue una gran ocurrencia por el peso simbólico de ese encuentro entre nuestro pequeño protagonista y un hombre que fue actor de Leonardo Favio siendo niño. Nos ayudó mucho Diego Puente, no tuvimos que que convencerlo, se entregó de una manera increíble y fue como tener una bendición, de algún modo.

Noticias: Mientras hablabas, pensaba que cuando Favio dirigió “Crónica de un niño solo” tenía veintipico años, una edad similar a la tuya y a la de Lucas Vignale cuando rodaron “El tren fluvial”. ¿Cómo fue dirigir a un niño siendo tan jóvenes?

Ferro: Definitivamente eso fue lo más complejo del rodaje, también porque Milo no era actor, previamente solo había hecho dos escenitas en un cortometraje nuestro llamado “La pasión”. Tenía cierta experiencia de exponerse porque baila malambo y además participa en unas obras de teatro que se hacen en su pueblo, pero nunca había actuado frente a una cámara. Entonces, fue un desafío muy difícil, pero algunos factores ayudaron bastante, la madre de Milo, Lucrecia, que trabaja en la película, fue un amor y nos dejó jugar con total libertad. Lucas Vignale también contribuyó un montón. Me acuerdo que estábamos a 10 días de empezar el rodaje y yo me fui Madariaga, la ciudad donde vive la familia Barría. Me instalé en un hotel sin celular y solo iba a la casa de Milo, ensayábamos un montón, pero el personaje no terminaba de aparecer. En ese momento, Lucas justo se había ido a Paraguay a ver una final de fútbol que jugaba Racing y terminó llegando dos días antes del comienzo de la filmación. Yo estaba medio estresado sin él, no le encontraba la vuelta, te juro que rezaba...

Noticias: ¿Y sucedió el milagro?

Ferro: ¡Podemos decir que sí! Lucas llegó, fue a buscarlo a Milo al colegio, nos reunimos en el hotel, hicimos un ensayo y ahí nomás filmamos una toma de 40 minutos donde lo hicimos reírse… hasta que en un momento se puso a llorar. Ese día afloraron todas sus emociones, sentimos que había atravesado un portal. Cada día era una incertidumbre ver cómo íbamos a poder sacar lo mejor de Milo y de nosotros, el rodaje nos daba miedo, pero también esa adrenalina nos mantenía despiertos, fue un aprendizaje entender que Milo tenía un montón para dar, es como un niño y nosotros un poco también. Lucas y yo a veces nos sentíamos como cuerpos jóvenes habitados por almas un poco más antiguas, eso te da cierta templanza. Lo más difícil del rodaje fue también lo más hermoso (Se emociona)

Noticias: Cuando muere un par siendo tan joven, que además, como en el caso de Lucas Vignale, es un socio de aventuras y un amigo, es muy duro porque tomas conciencia de que la vida se puede terminar mañana. A lo largo de la charla lo recordaste con mucha naturalidad, emoción y cariño, ¿pero te da ansiedad enfrentar el estreno solo?

Ferro: La partida de Lucas es algo muy difícil de sobrellevar, pero no me da ansiedad el estreno porque me siento muy contento de haber hecho esto con él. Filmar nuestra película fue algo con lo que soñamos durante mucho tiempo y lo logramos. ¿Sabés que me da ansiedad? Volver a filmar, porque yo todas las veces que dirigí lo hice con Lucas. Para mí rodar es estar con él, entonces lo que más quiero es filmar de nuevo para sentir que vuelvo a compartir con Lucas, a verlo entre los planos, fuera de foco, entre las luces, eso es lo que más angustia me da. Igual a mi amigo lo recuerdo mucha felicidad, por suerte pudimos hacer un montón de cosas juntos y estoy muy alegre de que esta película exista porque es como tener una herencia suya. “El tren fluvial” es un registro de nuestra amistad y de todo el camino que recorrimos juntos, eso ya es bastante para mí. A futuro tengo un proyecto muy distinto y más pretencioso en cuanto a presupuesto, dirigir una nueva película con actores, puede ser que demore un poco más de tiempo debido a esas características, pero no importa, mientras tanto se me ocurren varias cosas para filmar, voy a ver durante este año cómo es transitar la ausencia y en qué se puede transformar. Filmar con Lucas siempre fue un lugar de encuentro y lo quiero revivir, juntos aprendimos que el cine es un gran acto de fe, ese era nuestro motor. Hacer películas es invocar un montón de cosas que demandan creer y eso es lo más hermoso, es casi como una religión, la fe y la poesía son formas esperanzadoras de ver la vida.

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