Laje (CEDOC)
Agustín Laje sobre Milei en Davos: “Está bien ir en modo 'pintarles la cara'"
Agustín Laje anticipó que Milei repetirá en Davos su libreto cultural: un golpe frontal al progresismo global en un foro de élites que financia la agenda woke.
Agustín Laje no tiene dudas: la “batalla cultural” está lejos de cerrarse: “La batalla cultural, a diferencia de la batalla electoral, no tiene reglas temporales fijas”. No hay “día D” ni escrutinio. Es “todos los días” y en “escenarios múltiples”: medios, universidades, escuelas, cine, radio, televisión e iglesias. En esa lógica, lo que puede parecer un triunfo político momentáneo no implica una victoria cultural: el conflicto sigue, muta y se disputa en capas, desde el lenguaje hasta los consensos sociales.
Con esa premisa, Laje anticipó en El Disparador (Delta 90.3) con Maxi Sardi, que Javier Milei volverá a Davos en un tono similar al de sus intervenciones previas: disruptivo, confrontativo y más centrado en valores e ideas que en tecnicismos de macro. No lo plantea como capricho sino como estrategia: el Foro Económico Mundial, dice, suele ser mal leído por el imaginario popular como “una agrupación de empresarios capitalistas de ultraderecha”. Para Laje, es “bastante al revés”: un espacio de élites económicas que “se han comprometido en las últimas décadas con… la agenda progre”, luego bautizada como cultura woke. Por eso, sostiene, Milei busca “pintarles la cara” allí: marcar que el enemigo no se define por el ingreso sino por las ideas.
Davos como los “Salieri de Soros”. Laje enumera un ecosistema de filantropía y poder blando: “Fundación Ford, Fundación Rockefeller… Bill Gates…”, además del mundo corporativo. La etiqueta conceptual que usa para describirlos es provocadora y no viene de la derecha: recuerda que Slavoj Žižek llamó a este fenómeno “comunistas liberales”, un “oxímoron” para referirse a magnates que abrazan una plataforma ideológica simpática para el progresismo.
En ese marco, el foco del discurso de Milei, según Laje, volvería a insistir en la idea central: la batalla no es contra “los ricos” sino contra un consenso cultural dominante que, incluso en un foro de millonarios, tiende hacia el progresismo. Laje sugiere que el mileísmo encuentra allí una ventaja táctica: la reacción del “orden establecido” puede ser crítica, pero el mensaje circula y prende en las “nuevas derechas”, en especial el universo MAGA en Estados Unidos. Lo plantea como un “buen negocio” político-cultural, aun si no fue calculado desde el inicio. De hecho, recuerda que el primer Davos de Milei ocurrió antes de que Trump ganara su elección, y que el segundo fue ya con Trump recién asumido. Los discursos anteriores del Presidente en Davos —publicados completos por la Casa Rosada y también por el propio WEF— muestran esa orientación: crítica a la “izquierda woke” y a la agenda progresista como amenaza a “las ideas de la libertad”.
Pero Laje no se queda en el diagnóstico ideológico: conecta la disputa cultural con un pronóstico electoral regional para 2026. Allí aparece su idea de péndulo: “En este momento el péndulo se ha ido, ciertamente, hacia la derecha”, no solo en Argentina sino en “todo Occidente”. Y en América Latina imagina un año bisagra por tres elecciones clave: Colombia, Perú y Brasil.
En Colombia, destaca el surgimiento de un outsider “a lo Milei”, con estilo “disruptivo, extravagante, excéntrico”: Abelardo de la Espriella. Según Laje, ya encabeza mediciones dentro del espectro opositor al gobierno de Gustavo Petro y podría imponerse en una segunda vuelta hipotética. Esa lectura coincide con coberturas recientes que lo muestran acercándose a redes de ultraderecha internacional y disputando liderazgo en el espacio conservador colombiano de cara a 2026.
En Perú, Laje pone el foco en Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, como figura comparable al “mileísmo”: quedó tercero por poco en la última presidencial y ahora, dice, llega con “experiencia de gestión” y números competitivos. En Brasil, describe un Lula debilitado y proyecta una interna de la derecha entre un Bolsonaro “heredando” candidatura a su hijo y alternativas como el gobernador de San Pablo. Si dos de esos tres países giraran a la derecha, concluye, “vamos a tener un continente muy distinto” al que existía cuando Milei asumió en diciembre de 2023: en unos días celebrarán otro festilas La Derecha Fest en Mar del Plata.
La síntesis de Laje es clara: la batalla cultural no termina porque no se vota una vez; se disputa permanentemente. Davos es, para él, el escenario ideal para ese choque porque exhibe una paradoja: élites económicas que financian y legitiman la agenda progresista global. Y 2026, si Colombia, Perú y Brasil se mueven en la misma dirección, podría consolidar un reperfilamiento regional a la derecha con Milei como “centro de gravedad” simbólico, exportable y —según su lectura— ya imitado desde Chile hasta Estados Unidos.
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