Federico Sturzenegger (CEDOC)

El polémico padre de las reformas, anticipo de tapa de NOTICIAS

El ministro desregulador es una pieza indiscutible del Presidente. Las claves de su relación con Milei. El plan de leyes que impulsa. Alquiler de oficinas de lujo y las relaciones comerciales de su mujer con el Estado.

Es el padre de la reforma laboral y, sin embargo, mientras su proyecto se encaminaba en el Congreso, debió mantenerse ajeno a la luz pública. Es que Federico Sturzenegger quedó en el centro de la polémica al dar explicaciones sobre el artículo 44 que hizo tambalear la ley y tuvo en vilo al Gobierno. El ministro de Desregulación salió victorioso este verano pero, al menos hasta ahora, no pudo festejar.

Con el pasar de los días y el encauzamiento de la ley en el Congreso, de la cual Sturzenegger se mantuvo ausente, en su entorno empezaron a analizar lo que había pasado. Errores propios no forzados y un vendaval de información que ellos atribuyen a una “operación de afuera del Gobierno” lo tuvo en la mira.

El ministro se metió solo en el laberinto. A pesar de lo que se comentó en el Congreso, su entorno asegura que él no fue el autor del artículo 44 sobre licencias médicas, que luego se volteó de la reforma. Adjuntan pruebas: en las conclusiones que realizó en el Consejo de Mayo, de donde salió el proyecto de ley, no está el tema. “Alguien lo agregó después”, dicen, sacándose responsabilidad.

Aún así, Sturzenegger lo quiso explicar. En una entrevista radial le preguntaron por el artículo 44, que pretendía reducir el salario al 75% en caso de haber sufrido un accidente y al 50% durante una licencia por enfermedad no laboral. Y el funcionario se mandó: “Si vos, por ejemplo, te lastimaste jugando al fútbol, vos tomaste una acción activa (sic) y la verdad es que el empleador no tenía nada que ver. O sea que te discapacitaste para el trabajo por un tiempo. Entonces ahí es el 50 por ciento”, explicó. Y agregó: “Esto apunta a la reducción de esas licencias eternas que había que no tenían ningún costo”. La argumentación se convirtió en el eje de la discusión y envalentonó a parte de la oposición que se ilusionó no solo con tumbar el artículo sino también con hacer caer la ley.

En el Gabinete hubo reproches. Lo criticaron por hacer “una de más”. “A Patricia (Bullrich) le hicieron la misma pregunta y la zafó no diciendo nada”, protestaron en Casa Rosada. En el equipo de Sturzenegger lo justifican: “Él es así, muy académico. Se siente obligado a explicar y no le gusta evadir las respuestas”.

Fue apenas el inicio de un par de semanas de terror. Porque mientras lo criticaban propios y extraños por los fundamentos sobre la ley, aparecieron una serie de acusaciones de presuntos hechos de corrupción. “Lo carpetearon”, dicen a su lado. Pero no desconfían del Gobierno, sino de algún grupo externo, cuyo interés se haya visto afectado por las reformas: “Los embates vinieron de afuera”, insisten.

Para el ministro fue el mundo del revés. Las semanas donde Sturzenegger más se debería haber lucido, estuvo agazapado hasta que hubiese ley.

En la sombra.

A pesar de los reproches que le llegaron de funcionarios de Casa Rosada y de legisladores oficialistas, el ministro desregulador tuvo cero recriminaciones del Presidente. De hecho, el día posterior a la declaración polémica tuvo una extensa charla telefónica con Javier Milei y, según contó en el ministerio, ni siquiera hicieron referencia al tema.

“Con Javier comparten mucho la cuestión de la academia”, dicen sobre la relación con el Presidente. “Tienen una especie de admiración mutua”, completan. Milei le dice “el Coloso”. Así, por ejemplo, lo saludó en Twitter, en medio del vendaval.

La “cuestión de la academia” a la que hacen referencia se traduce en textos que escriben juntos. Por ejemplo, en enero publicaron una columna en el medio especializado The Economist que tuvo poca trascendencia local y que titularon “Hay que controlar a los reguladores, no a las grandes empresas”.

Pero el proyecto más ambicioso que tienen juntos es un libro que escriben a la par. Un manual introductorio de economía que explica el fenómeno de “la motosierra” que caracteriza a la gestión Milei. Es que para Sturzenegger, el trabajo que hacen con el Presidente va más allá de una gestión política. Lo explica en sus reuniones: asegura que el Estado significa para los emprendedores un “vía crucis administrativo”. Él vino a allanar eso. Considera que su trabajo es una obra histórica: “Estamos provocando un cambio cultural. Es muy arduo”, suele decir.

Con la confianza que le deposita Milei para moverse, desarrolló una importante agenda internacional. A principios de febrero se reunió en Arabia Saudita con la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, para trabajar la agenda 2026 del Comité Asesor sobre Crecimiento Económico. Luego posteó con grandilocuencia en sus redes: “Los avances en desregulación del gobierno de Javier Milei son ejemplo para otros países”.

Ahora trabaja junto al Presidente para su próximo desafío internacional. Será protagonista de una serie de exposiciones ante CEOs y banqueros de Nueva York en la Argentina Week, que el Gobierno va a realizar entre el 9 y el 12 de marzo en la búsqueda por atraer inversiones al país. Tendrá a su cargo dos charlas.

Además de Milei y Sturzenegger, van a participar los ministros Luis Caputo, Pablo Quirno y José Luis Daza, más una serie de gobernadores aliados que fueron invitados.

Sturzenegger es uno de los intocables del Presidente. Por eso en el oficialismo nadie lo critica con fiereza, aún cuando sus floridas argumentaciones a veces pongan en aprietos al Gobierno. No es la primera vez que se extralimita con un comentario: muchos recuerdan en Casa Rosada los enojos que provocó durante la crisis del Fentanilo contaminado, cuando muy suelto de cuerpo le echó la culpa de la falta de controles a Anmat y abrió una interna con el ministro de Salud, Mario Lugones.

Aún así, él está convencido de que no tiene disputas, al menos con los actores principales del Gabinete. “No hay ruidos internos”, dicen muy cerca del ministro, a pesar de las polémicas.

Sin embargo, luego de quedar cruzado con su desafortunada declaración, a la que se sumaron las denuncias por presunta corrupción, tuvo que bajar el perfil. No venía haciendo entrevistas, pero su reforma laboral era un buen momento para reaparecer. Sin embargo, una vez iniciada la polémica, su equipo de comunicación le aconsejó que no siguiera apareciendo. Por esos días, el ministro desregulador apareció por Casa Rosada vestido de traje y con gorra, intentando pasar desapercibido.

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