Miguel Ángel Pichetto visitó esta semana a Cristina Fernández de Kirchner en su domicilio de San José 1111, donde la ex mandataria cumple prisión domiciliaria. El encuentro, confirmado por ambos entornos, tuvo como eje la necesidad de avanzar hacia la unidad del peronismo en un contexto de fragmentación y reacomodamientos internos.
La reunión adquiere relevancia no sólo por el presente político, sino por el pasado compartido. En 2017, cuando era jefe del bloque de senadores del PJ, Pichetto decidió romper la bancada que integraba Cristina y formar un interbloque propio, marcando una ruptura explícita con el kirchnerismo. En ese momento sostuvo que no compartía la estrategia política de la ex presidenta y tomó distancia pública de su liderazgo.

El vínculo se tensó aún más durante debates parlamentarios posteriores, con cruces en el Senado y reproches que expusieron la fractura interna del peronismo. En aquel entonces, la relación quedó marcada por el distanciamiento y la desconfianza mutua.
En ese contexto, el gesto actual tiene peso simbólico. Tras el encuentro, Pichetto hizo un llamado explícito a la reconciliación interna: “El peronismo tiene que perdonarse”, afirmó, planteando que el espacio debe dejar atrás los errores y reconstruir una propuesta amplia con eje en la producción, el trabajo y una agenda nacional.

Según trascendió, la conversación giró en torno a la necesidad de reorganizar al movimiento frente al escenario político actual. No hubo foto oficial, pero el solo hecho del encuentro funciona como señal política.














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