Refugios apocalípticos en Mendoza. (Cedoc.)
El proyecto para hacer refugios apocalípticos en Mendoza
Se trata de un campo que compró el empresario Martín Varsavsky. Tiene como socio al embajador en USA Alec Oxenford.
A una hora por caminos de tierra desde Eugenio Bustos, un pueblo de 12.000 habitantes del departamento de San Carlos, en el Valle de Uco mendocino, hay 32.000 hectáreas de monte, arroyos y montaña —una vez y media la superficie de la Ciudad de Buenos Aires— que un grupo de seis empresarios compró en diciembre de 2023 con un objetivo poco convencional: tener dónde esperar el fin del mundo y ofrecerle ese lugar a los millonarios interesados que temen una tercera guerra mundial. El lugar se llama Wamani, "guardián de las montañas" en quechua. El 7 de agosto el diario británico Financial Times le dedicó una crónica escrita en el terreno por su corresponsal Ciara Nugent, y el proyecto pasó de rumor mendocino a noticia global.
Quien lo impulsa es el empresario argentino Martín Varsavsky, radicado en España, fundador de cinco compañías que superaron los mil millones de dólares de valuación: las telefónicas Viatel, Jazztel y Ya.com, la red de wifi compartido Fon y las firmas de fertilidad Prelude Fertility y Overture Life. Forbes calcula su fortuna personal en 700 millones de dólares. En la Argentina se lo conoce sobre todo por un episodio durante el gobierno de Fernando de la Rúa: en 2000 donó 11 millones de dólares para crear Educ.ar, el portal del Ministerio de Educación.
Su nuevo proyecto nace con una premisa sombría. "Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas", le dijo al Financial Times: Rusia, China, Corea del Norte e Irán contra el resto del mundo. "Tiranías contra democracias", escribió en su cuenta de X. Publicó dos libros sobre el tema: el ensayo "Santuario en el Sur" y la novela distópica "Último Hemisferio", ambientada en Wamani.
El argumento más fuerte del proyecto es la lejanía geográfica de potenciales blancos nucleares y su abundancia de alimentos, agua y energía. "Wamani no es un búnker ni un lugar fortificado —matizó después en Radio Nihuil—. Lo que argumento es que toda la Argentina es un refugio".
El proyecto, además de Varsavsky, tiene como socios al embajador argentino en Estados Unidos Alec Oxenford, fundador del sitio de clasificados OLX; a Daniel Lubetzky, creador de Kind, la marca de barritas de cereal; y también a Matías Nisenson, empresario tecnológico creador de Wonderland, una compañía de soluciones para empresas de criptomonedas.
Wamani, por ahora, tiene casas prefabricadas, domos geodésicos, paneles solares y una pista de aterrizaje, a razón de una construcción nueva cada cuatro meses, sobre 80 kilómetros de caminos internos y cuatro vertientes. Los planes incluyen ganado, cultivos y algo más singular: descargar modelos de inteligencia artificial en computadoras a energía solar, para conservar una especie de "internet limitado" si caen los servidores del mundo.
En wamani.net, el sitio oficial, hay más información: la estancia se vende como destino de turismo aventura, con estadías de tres días y dos noches. "Mendoza física y espiritual enfocada en el andinismo, bici, cabalgatas, la otra Mendoza", la definió Varsavsky.
El proyecto tiene una pata política. Varsavsky, que acompañó a Javier Milei en viajes a Silicon Valley, le propuso al Presidente y al ministro Luis Caputo una "visa de tranquilidad": residencia permanente para extranjeros ricos a cambio de 500.000 dólares. El Gobierno prepara un esquema de ciudadanía por inversión y el consultor Eric Major, de Latitude Group, dijo al Financial Times que planean ofrecerlo a inversores que creen en "el día del juicio final".
Wamani es un proyecto que va en línea con la última tendencia entre millonarios tecnológicos. Peter Thiel, cofundador de PayPal, compró tierras en Nueva Zelanda y una mansión en Buenos Aires, y Mark Zuckerberg construyó un búnker bajo su rancho en Hawái. Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, calculó que la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley tiene un "seguro contra el apocalipsis". Ahora, Argentina se volvió una joyita para los magnates que huyen de las bombas.
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