Macri tiburón (IA)

Mauricio Macri en modo tiburón: voraz en los romances y la política

Entre Chloé Bello y el 2027, el ex presidente reaparece con nueva pareja y viejas ambiciones, dispuesto a condicionar el mapa político.

Mauricio Macri volvió. O mejor dicho: reapareció. Separado de Juliana Awada, mudado otra vez a la Ciudad y con agenda federal en construcción, el ex presidente parece haber activado ese instinto que mejor lo define: el del tiburón. Olfatea oportunidad en el agua y avanza. En política… y también en el amor.

Desde que se conoció la ruptura con Awada, su vida sentimental dejó de ser privada para convertirse en un capítulo fijo del prime time chimentero. Primero fue vinculada Guillermina Valdés. Después sonó Juana Viale, la nieta de Mirtha Legrand. Más tarde apareció el nombre de Natalia Graciano. Incluso se comenta —con tono de sobremesa política— que Macri habría hecho una suerte de “lista de favoritas” del espectáculo tras separarse. Nada confirmado, todo sugerente. Pero el patrón está ahí: mujeres conocidas, jóvenes, mediáticas.

Ahora el nombre que se instaló con fuerza es el de Chloé Bello. La primicia la lanzó Yanina Latorre y el dato explotó. Modelo, actriz, 38 años, último amor de Gustavo Cerati antes del ACV, ex vinculada a Marcelo Tinelli. Treinta y ocho ella, sesenta y siete él. Veintinueve años de diferencia que, lejos de escandalizar, alimentan la narrativa. Según contaron, ella habría dado el primer paso. Él dudó. Intentó con otras. Pero finalmente avanzó. Como en política: tantea, mide, corrige y ataca.

Macri sabe algo que los viejos zorros del poder jamás olvidan: nada rejuvenece tanto la imagen pública como una nueva pareja. Renovación simbólica. Nueva etapa. Energía distinta. La foto cambia el relato. Ampliar la familia —eso sí— parece descartado por ahora. Pero ampliar el horizonte político no.

Porque detrás del romance late la estrategia. Mientras en los estudios de televisión analizan la diferencia de edad y repasan la historia de Bello con Cerati (allí también la direrencia era de 28 años), en el PRO se habla de otra cosa: candidatura 2027. Macri dejó correr la versión de que podría volver a competir. No porque necesariamente quiera ser presidente otra vez, sino porque necesita tener esa carta en la mesa.

El plan es otro. Desde hace meses deslizó el nombre de Marcos Galperín como un eventual “Mauricio 2.0”: empresario exitoso, outsider, discurso moderno. También sonó Jorge Brito. Ambos dijeron gracias, pero no. Ninguno quiere ser instrumento de presión en la negociación con Javier Milei. Entonces, si no hay delfín, aparece el original.

La jugada es clara: condicionar a La Libertad Avanza con la amenaza de dividir el voto antiperonista. Si Macri mide ocho puntos propios —lo suficiente para incomodar en primera vuelta— Milei tiene un problema. Un ballotage con economía frágil es un riesgo. Y Macri lo sabe. El mensaje es sencillo: o acuerdan en la Ciudad, o juego. La obsesión es la Ciudad. Jorge Macri enfrentará nuevamente una elección porteña donde Karina Milei quiere meter la bandera libertaria. El ex presidente necesita disipar esa presión. Y para eso hace falta algo más que encuestas: hace falta poder real o la ilusión de él.

Ahí entra la narrativa personal. El Macri del supermercado Disco, del golf en el Driving Norte, del paddle con amigos, es también el Macri que se deja ver, que filtra romances, que activa la curiosidad mediática. La farándula y la política, en Argentina, nunca estuvieron tan lejos una de otra. El ex presidente lo entiende bien: si hablán de él por amor, también hablán de él por poder. El tiburón no nada sin motivo.

Mientras tanto, en el PRO repiten que la gestión porteña mejoró sus indicadores. Que la marca PRO se recompone. Que tres de cinco variables dan en verde. Que hay clima para competir. Pero también reconocen que sin un liderazgo fuerte la estructura se diluye. Y Macri, aunque diga que observa, sigue siendo el único que puede ordenar el tablero.

Chloé Bello, con su historia intensa y su paso por los titulares más duros del espectáculo, no es una figura ingenua. Sabe lo que implica la exposición. Macri también. Y si decide que la relación se conozca, no será por accidente. Nada es accidental en el manual del poder. ¿Es romance o estrategia? En el macrismo responden con una sonrisa: “Todo suma”. Imagen fresca, agenda activa, giro federal, rumores de candidatura. El combo es potente. El ex presidente parece haber entendido que el silencio prolongado lo apagaba. Ahora vuelve a ocupar espacio.

 

 

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