Comienzo de la temporada 74° (gentileza Mozarteum argentino (Foto: Liliana Morsia))

Comienzo de la temporada 74°

Mozarteum argentino. Prague Chamber Soloists. Director y solista: Radek Baborák. Obras de Mozart, Haydn, Britten, Sinigaglia y Schubert/Mahler. Teatro Colón, Libertad 621.

El Mozarteum Argentino comenzó sus actividades del año con una velada destacada en la que la Prague Chamber Soloists dirigida por Radek Babórak vislumbra un horizonte con nombres impactantes para el resto del año. Entre ellos Philippe Herreweghe junto al Orchestre des Champs Élysées, el contratenor Jakub Józef Orliński, el pianista András Schiff, la joven violinista María Dueñas, y Christophe Rousset al frente del Monteverdi Choir con los English Baroque Soloists. 
La apertura con el “Divertimento en fa mayor K 138”, compuesta por Mozart a sus quince años, surgió con trazo firme y vitalidad rítmica, al exhibir un conjunto de precisión y un liderazgo que prioriza la claridad de líneas. La música fluyó con naturalidad, sin rigideces, con un pulso que sostuvo la arquitectura sin perder frescura.

Babórak, en su rol solista del “Concierto para corno en re mayor” de Haydn, desplegó un virtuosismo notable. El sonido se mantuvo homogéneo en todo el registro y las cadenzas mostraron audacia sin caer en el efectismo. Musicalidad antes que exhibición, con un fraseo que evitó el énfasis innecesario.

La “Simple Symphony” de Britten exigió otra paleta. Allí el ensamble mostró versatilidad, con ataques definidos en los extremos y una delicadeza valiosa en los movimientos centrales. El pizzicato, donde los dedos pulsan las cuerdas, apareció con precisión y juego interno, mientras la sarabanda alcanzó un lirismo contenido y expresivo.

El equilibrio encontró un punto alto en el “Romance op. 3” del italiano Leone Sinigaglia. La obra, de escucha poco frecuente, se reveló como una trama de diálogo constante entre el corno y las cuerdas. No hubo jerarquías rígidas sino un tejido sonoro donde la intervención de Babórak se integró con especial belleza en el intercambio con la viola de Karel Untermüller. 
El cierre con la fantástica versión para cuerdas de “La muerte y la doncella” de Schubert, en arreglo de Mahler, concentró la mayor densidad expresiva. La lectura expuso contrastes marcados, con zonas de tensión opresiva y destellos de luz que emergieron con nitidez. La concertino Martina Bačová condujo con solvencia los diálogos internos y el conjunto logró una mesura cuidada entre contundencia y sutileza.

Los bises ofrecieron un giro festivo. El director agradeció en español y presentó dos melodías jasídicas de Lev Kogan, “Shalom Aleichem” y “Feilach”. Hubo además un momento espontáneo cuando el público entonó el Feliz Cumpleaños a la celista Hana Baboráková Shabuová. El cierre llegó con “Fracanapa” de Astor Piazzolla, gesto de cercanía que selló una noche celebrada con entusiasmo.

 

CUATRO ESTRELLAS

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