Emmanuel Carrère en Buenos Aires. (Jiniva Irazaval)
El “efecto Carrère”: Por qué el escritor francés encantó a los argentinos
Llegó invitado por el Festival Internacional de Literatura y en muy pocos días tuvo múltiples actividades. Todo el mundo habló de él. Por qué fascinan sus libros.
Emmanuel Carrère estuvo solo unos días en la Argentina pero su presencia fue de una intensidad notable. Invitado estelar del Festival Internacional de Literatura (FILBA), uno de los eventos más importantes de la agenda cultural porteña, se presentó en dos charlas públicas, tuvo dos agasajos en la Embajada de Francia, dio una pequeña conferencia de prensa para periodistas de medios culturales y brindó algunas entrevistas especiales. Estuvo en la tapa de los diarios, su imagen se replicó miles veces en las redes sociales y contestó cientos de preguntas, muchas de ellas, repetidas varias veces. Pese al seguro cansancio, él supo mantener siempre una sonrisa amable y un ánimo dispuesto.
Uno de los mejores momentos de su visita fue el diálogo que mantuvo con Leila Guerriero en el auditorio de la Facultad de Derecho, al que asistieron alrededor de 1000 personas y muchas más escucharon por YouTube en el canal de Filba. Durante la charla, la escritora argentina que tiene más puntos en común con el estilo de Carrère, repasó casi todas sus novelas y logró crear un clima de agradable intimidad a pesar de la multitud que seguía la conversación.
Menos masivo, el diálogo que mantuvo al día siguiente en Malba, con entrada arancelada, junto al periodista Javier Sinay, giró alrededor de su método de trabajo: cómo empieza cada novela, cómo elige sus temas, cómo llevó adelante algunos de sus textos.
“Me gusta ser tratado como un escritor importante, es como si fuera una especie de validación”, le confesó a La Nación el mismo día de su llegada al país. Y los argentinos no lo decepcionaron.
Mundo literario
Como todo escritor de éxito, Carrère es uno de los autores que mejor interpreta el clima de su época, un tiempo que problematiza la noción de verdad y que prefiere la realidad de los hechos a la magia de la imaginación. Sus novelas que cruzan la autoficción, la historia y la crónica periodística se han erigido como el mejor ejemplo de un género que ha sido el más importante de últimas décadas: la “no ficción”. Y aunque empezó escribiendo novelas de invención en tercera persona, fue “El adversario” (el caso real de Jean-Claude Romand, el hombre que asesinó a toda su familia para sostener una mentira) el libro que cambió su carrera. Tratando de encontrar una forma de contar esa historia, descubrió que la narración en primera persona podía ser el mejor modo de expresar las cosas que quería relatar de allí en adelante.
En su siguiente libro, “su preferido” según confiesa, “De vidas ajenas”; cambió por completo el clima del relato pero no la forma. Allí narra la historia de dos jueces de provincia que padecen cáncer y se dedican a favorecer a los pobres sacando el mejor provecho de la letra chica de los contratos comerciales.
“Limónov”, otro de sus libros famosos, es el retrato de un personaje particular de la post URSS, poeta y artista, vagabundo y buscavidas, creador del partido Nacional Bolchevique. Una personalidad execrable pero, a la vez, completamente fascinante.
A partir de estas obras, su literatura empezó a dejar huella en escritores de todas partes, aunque aún hoy es mucho más famoso en Francia y en países de habla hispana que en el mundo anglosajón. El diario The Guardian definió su papel en el campo intelectual inglés con una frase perfecta: “El más importante escritor francés del que usted nunca ha escuchado hablar”.
En la Argentina, su escritura ha sido de gran influencia entre escritores y periodistas. Sus libros de crónicas “Conviene tener un lugar a dónde ir” o las más recientes reunidas en el volumen “V13”, tuvieron lectores muy atentos. Este último texto reproduce la cobertura que Carrère realizó para “Le Nouvel Obs” del juicio por los atentados yihadistas del viernes 13 de noviembre de 2015. El trabajo duró 9 meses y puede considerarse una de las grandes piezas literarias periodísticas del siglo.
Al respecto, confesó que le gusta más la crónica de hechos que las columnas de opinión y que está a punto de comenzar, también para “Le Nouvel Obs”, una serie artículos basados en el movimiento de una comisaría, durante 15 días. “Es un trabajo que me gusta hacer mientras no estoy ocupado con un libro”, confesó en la conferencia de prensa que brindó a los medios.
La biografía
Aunque Carrère ha volcado en sus novelas detalles muy íntimos de su vida -por ejemplo, la internación con eletroshock incluido que tuvo que atravesar por sufrir trastorno bipolar- es en su último libro, “Koljós”, donde cuenta la historia completa de su familia.
Su madre, Hélène Carrère d'Encausee, fue una muy importante intelectual en Francia, especialista en historia y economía de Rusia. Fue profesora universitaria, diputada en el parlamento europeo y ocupó el cargo de secretaria de la Academia Francesa hasta su muerte. Su despedida mereció exequias oficiales y un discurso del presidente Macron. Provenía de una de las familias más antiguas de la realeza rusa que vivió en el exilio en la más profunda pobreza.
Hélène estuvo mucho tiempo peleada con Emmanuel porque este reveló en su libro “La novela rusa”, que su abuelo había sido colabarador de los nazis durante la ocupación de Francia. Para los tiempos de “Koljós” todos los conflictos se habían terminado por lo que el escritor dedica a sus padres un texto lleno de admiración, ternura y nostalgia. “Este es un libro más sereno -explicó en Buenos Aires- en cambio 'La novela rusa' es transgresor. Es un ejercicio de reparación aunque los problemas se habían arreglado mucho antes de su muerte”.
La inclusión en sus libros de partes de su historia que involucran a personas cercanas le trajo más de un problema al escritor. Por ejemplo, su ex mujer lo obligó a quitar las páginas de su novela “Yoga” en las que la nombraba, según un acuerdo firmado durante su divorcio.
Todos los que charlaron con él en Buenos Aires se refirieron al tema y su respuesta fue siempre la misma: “Hay límites que no volvería a transgredir”.
Un aspecto menos conocido de la trayectoria de Carrère es su labor como cineasta y guionista, un oficio que lo acompañó a lo largo de su vida. Su último trabajo en este campo fue el guión de la película “El mago del Kremlin” (basada en la novela de Giuliano da Empoli) donde la realidad rusa posterior a la caída del régimen comunista ocupa el centro de la escena. Allí, además, hace un cameo que sorprende a los espectadores desprevenidos.
En 2015 Carrère estuvo en Buenos Aires presentando “El adversario”, una novela que venía precedida de elogiosos comentarios, cuando él era casi un desconocido entre nosostros. En 2026 regresó ya transformado en uno de los escritores más importantes de estos tiempos. La visita fue un regalo para los lectores que lo admiran. Y funcionará como una invitación para los que todavía no lo descubrieron. Seguramente, el “efecto Carrère” todavía nos durará mucho tiempo.
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