Hamnet (Universal)

Hamnet: La pérdida trágica del hijo William Shakespeare

La familia del gran dramaturgo inglés es protagonista de una novela y un film que se estrena en unos días. Por qué impacta su misteriosa historia.

Hamnet y Hamlet son en realidad dos formas perfectamente intercambiables de un mismo nombre, según consta en los anales de Stratford de finales del siglo XVI y principios del XVII”, el dato proviene de un artículo de Steven Greenblatt, un especialista en Shakespeare que interpretó que el origen de la obra más famosa del dramaturgo inglés, tenía conexión con la muerte de su hijo de 11 años en 1596.

La frase abre la novela “Hamnet” de Maggie O'Farrell. Y también su versión cinematográfica, que se estrena en pocos días en los cines argentinos. Es sobre ese dato que la autora irlandesa elaboró una versión propia del episodio más trágico de la vida del poeta. El resultado fue un libro conmovedor, publicado en 2020, que se transformó rápidamente en un éxito mundial.

“Hamnet”, la película, va camino de lograr resultados similares: un suceso global avalado por el público y la crítica. Por ahora ya se llevó muchos premios de los principales festivales en que se presentó. Uno de los más importantes fue el Globo de Oro al mejor drama y la mejor actuación protagonica femenina. Y es una gran candidata a quedarse este año con el Oscar a Mejor Película, un premio para el que está nominada además en otras 7 categorías. Dirigida por la realizadora china Choé Zhao (“Nomadland”) y protagonizada por Jessie Buckley, Paul Mescal y Emily Watson, “Hamnet” tiene también productores de lujo: Steven Spielberg y Sam Mendes. La mismísima Maggie O'Farrell es autora del guión. Y un dato de color en el casting: el niño que interpreta Hamnet en el film (Jacobi Jupe) es hermano del adolescente que interpreta a Hamlet (Noah Jupe) en la puesta de la tragedia que ficcionaliza la película.

Tanto el libro como el film tienen como tema central el impacto de la muerte y el modo en que cada uno negocia con la desesperación. El arte, como en el caso de Shakespeare, puede resultar una vía posible de trasmutar la pena y compartirla con el mundo.

 

Realidad y ficción

 

Por detrás de la historia que cuenta “Hamnet” está la misteriosa biografía de William Shakespeare. Mientras los especialistas todavía discuten si el dramaturgo fue el verdadero autor de “Macbeth” o “El Rey Lear”, su vida privada también está sumida en la oscuridad. Solo existen algunos datos registrados (nacimientos, matrimonio, muertes) y el resto está librado a la imaginación.

Sobre esos concretos datos reales O'Farrell -escritora de larga y reconocida trayectoria- armó una versión posible, a contrapelo de las narrativas (incomprobables) habituales. Su principal intervención corre del centro de la escena a William para poner el foco sobre Agnes, su mujer. Sobre ella siempre se supo que se casó embarazada de su primera hija, Susanna, y luego tuvo gemelos (Judith y Hamnet), que era mayor que su marido y que vivió toda su vida en Stratford-upon-Avon, alejada por completo de las actividades de Shakespeare. La versión más aceptada siempre fue que William se llevaba mal con ella, que ella lo sedujo con malas artes para llevarlo hasta el altar y que era simplemente una campesina analfabeta.

O'Farrell da vuelta por completo esta versión. Y aquí vuelve a ser importante la cuestión de los nombres. En los registros de la época la mujer de Shakespeare es Anne, excepto en el testamento de su padre donde aparece como “Agnes”. O'Farrell toma este nombre para su personaje, como un modo de reinventarlo para una nueva historia.

Y Agnes es excepcional desde todo punto de vista. La mujer que Shakespeare realmente se merecía. Dotada de una sensibilidad especial, conecta con la naturaleza de un modo profundo. Crea pócimas mágicas a partir de las hierbas. Es capaz de adivinar el futuro con solo tocar a una persona. Su amor es desbordante y palpable en cada uno de los minutos y tareas del día. No respeta las reglas sociales y se maneja a partir de sus ideas y de su instinto. Pero la vida la enfrenta a un gran fracaso: la muerte de su hijo. Ella lo siente de ese modo porque no logra ver el peligro a tiempo ni evitar que se vaya.

Otro aporte de O'Farrell a la historia es atribuirle a la peste el final trágico de Hamnet. Y esto conecta con otra característica de la novela: su cuidadosa reconstrucción histórica. A través de sus páginas podemos imaginar como era la vida en una comunidad ligada a la producción agrícola y cómo era la cotidianeidad de las mujeres. En esa reconstrucción es perfectamente verosímil que el chico hubiera contraído el mal que asoló tantas veces a toda Europa.

“Lo que hice fue volver a las obras y leerlas de una manera diferente, para ver si podía encontrarla, porque siempre he sentido que puedo ver a Hamnet en Hamlet. Pensaba que también ella debía estar ahí" confesó O'Farrell en una entrevista a BBC. Esa lectura atenta, según cuenta, la conectó con muchos datos de las costumbres de la época. Por ejemplo, con el conocimiento que exhibe el dramaturgo del poder medicinal y mágico de las hierbas, un saber que seguramente estaba en manos de las mujeres y que le llegó a través de su esposa.

En “Hamlet”, entrelazada con la historia del príncipe de Dinamarca, la escritora cree ver los rastros del duelo de William. Una trasposición de la pena sin remedio que provoca la muerte de un hijo, reflejada en una acción en sentido contrario: es el hijo, en la tragedia, el que habla con el fantasma de su padre muerto.

Dolorosa y conmovedora, “Hamnet” es una reconstrucción poética e íntima de un sentimiento indescriptible, en cualquier tiempo y para cualquier ser humano.

 

La película

 

En el film, el guión cinematográfico respeta estrictamente la historia original. Seguramente, el hecho de que Maggie O'Farrell sea una de sus autoras contribuye a esta fidelidad. Solo se desarrolla de manera diferente la puesta ficcional de “Hamlet” en The Globe Theatre.

La producción es austera al extremo y tiene rasgos de una representación teatral. Solo al describir la relación de Agnes con la naturaleza la directora se permite una composición más barroca. El silencio es una presencia palpable en todas las escenas.

La notable actuación de Jessie Buckley tiene el poder de desaparecer al resto del elenco en muchos momentos del film. La actriz, a quien conocimos en “La hija oscura” y “Ellas hablan”, logra ser la imagen más nítida de la pena y el dolor. Y aunque Paul Mescal es uno de los actores favoritos de esta época y compone a un William correcto, tiene poco lucimiento en comparación con su compañera.

Podría decirse, en líneas generales, que la versión del cine es digna de la novela. Pero no alcanza. La mejor experiencia, la que recomendamos; es internarse de lleno en las dos. Atravesar la Inglaterra del Renacimiento, disfrutar de la magia inquietante de Agnes y luego sí, volver a leer (o a descubrir) los versos maravillosos que William Shakespeare nos dejó.