Vaca Muerta (CEDOC)

La ilusión del derrame: ganadores y perdedores

Las cifras muestran el auge de sectores económicos determinados, pero también incertidumbre del impacto sobre los rezagados.

Los acontecimientos del último año marcaron una paradoja: la incertidumbre llegó para quedarse por una buena temporada. En un escenario internacional envuelto en conflictos geopolíticos de rápido desenlace y la aceleración de un proceso económico con fuerte impacto sectorial, coexisten al mismo tiempo los síntomas de una actividad económica deprimida con otras que muestran números extraordinarios generalmente asociados con récord de exportaciones. Es un panorama casi inédito para la historia económica reciente algunos economistas entienden como señales de un cambio estructural, pero difieren en proyectar un destino final incierto.

Los datos. Como una muestra de este desconcierto, en la misma semana que el INDEC anunciaba un boom exportador (en los primeros cinco meses de este año, las ventas al exterior fueron US$40.359 millones) con un aumento interanual del 24,3%, generado por aumento tanto en las cantidades como en los precios convenidos, el intendente de Añelo imploraba que no llegaran más personas en busca de empleo. ¿Es un espejismo, entonces, el visible auge de Vaca Muerta?

No todos los sectores se comportaron de la misma manera: mientras las exportaciones del sector primario crecieron 32% anual, en ese lapso las que se originan en combustibles y minería fueron aún más “exitosos” (+34%).

En el análisis que realizaron los economistas de la Fundación Mediterránea Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, señalan que, en abril de 2026, las actividades agropecuarias y la elaboración de productos alimenticios registraron interanualmente un aporte neto de divisas de US$36.900 millones, mientras que el agregado de minas y canteras, que incluye petróleo, gas y minería metalífera, aportó US$18.300 millones.

En su visión, lo nuevo es la velocidad del crecimiento energético y minero: “en los últimos dos años, el aporte de este sector aumentó desde menos de US$6.900 millones hasta más de US$18.300 millones; con una mejora vinculada principalmente con la expansión de la producción de petróleo y gas, el desarrollo de Vaca Muerta, el aumento de las exportaciones energéticas y la reducción de las necesidades de importación del sector”, explican.

Por su parte, la relevancia agroindustrial también se advierte en los flujos comerciales ya que, en el mismo lapso estudiado, las actividades agropecuarias y alimentarias explicaron el 45% de los cobros de exportaciones de bienes canalizados por el mercado de cambios; Minería, petróleo y gas representaron cerca del 17,7% y entre ambos sectores concentraron casi el 63% del total. “En síntesis, el agro sigue liderando la generación neta de divisas, mientras que el petróleo y la minería acortan rápidamente la distancia. La consolidación de esta segunda plataforma exportadora constituye una mejora estructural para la economía argentina. Hacia adelante, la magnitud del aporte de cada sector dependerá no sólo de sus recursos y de las condiciones internacionales, sino también de que la política económica ofrezca estabilidad, reglas previsibles e incentivos consistentes para invertir, producir y exportar”, concluyen.

Los más y los menos. Otro aspecto que llama la atención es la evolución de las importaciones que volvieron a caer (-7% interanual) en mayo, en una combinación de menores volúmenes (-13,6% interanual) pero con precios mayores (+7,6% interanual). En particular, como bien remarcan en un informe de INVECQ, las cantidades importadas se contrajeron en todos los meses de 2026 (-10,8% acumulado), destacándose Combustibles y lubricantes (-38,8%), Piezas y accesorios para bienes de capital (-31,1%), Bienes de capital (-13,7%) y Bienes intermedios (-3,1%). “Es decir, todos los bienes vinculados a la actividad económica retrocedieron —a excepción de energía, que se explica por el cambio estructural de la Argentina—; caída generalizada que responde a que la actividad sigue alternando meses de expansión con otros de contracción, sin lograr afianzar un crecimiento sostenido”, agregan. Como ejemplo, en marzo estaba sólo un 0,4% por encima del nivel de febrero de 2025 y los primeros indicadores de abril y mayo proyectan un mayor enfriamiento de la economía. Como era de esperar, ese 0,4% camufla una gran heterogeneidad sectorial: sugieren que el caso más relevante para la dinámica externa es el de la industria, que es el sector más demandante de divisas (55% de las importaciones totales entre 2021 y 2025), en continua recesión, con una baja del 2,3% contra el mismo período del año pasado que, a su vez, estaba -9,9% con respecto a 2022.

Made in Neuquén. En este panorama desolador, llama más la atención el boom promovido por Vaca Muerta en Neuquén y alrededores, que incluyen varias ciudades vecinas rionegrinas. En abril de 2026, la producción de petróleo de Neuquén alcanzó un récord de 629.000 barriles diarios (+36% interanual) haciendo que dicha provincia concentre dos de cada tres barriles que produce el país, pero con 97% de su extracción de tipo no convencional. En gas, el “shale” ya aporta más del 80% de la producción provincial y según estimaciones del IERAL Patagonia, Argentina podría pasar este año los 900.000 barriles diarios, batiendo el récord absoluto de 1998 y consolidando aún más a Vaca Muerta como el principal motor energético del país.

Para Federico Belich, responsable de la región Comahue del IERAL, el impacto del boom sobre la economía neuquina es visible en dos dimensiones. “En lo fiscal, las regalías hidrocarburíferas ya representan el 51% de los ingresos corrientes provinciales y en el mercado laboral, según datos del SIPA la provincia fue una de apenas dos jurisdicciones en las que creció el empleo privado formal desde noviembre de 2023 (+6,6%, equivalente a 9.500 nuevos puestos), mientras que el promedio nacional registró una caída de 3,4% y la pérdida de casi 217.000 empleos”, argumenta.

La pregunta del millón es si este tipo de performance productiva alcanza a compensar las penurias de quienes viven y dependen de sectores castigados, especialmente los cinturones industriales de las grandes ciudades o, en una visión más optimista, cuánto tardarán los agentes económicos en ir traspasando las bonanzas de un sector o zona a otros que se encuentran rezagados. Por ejemplo, se estima que para la construcción de un pozo petrolero en la cuenta de Vaca Muerta involucró a 1.200 Pymes, un patrón que si se replica en la cantidad de nuevas aperturas y se pone el foco en el desarrollo de proveedores (algo que ya realizan en otros ámbitos los gigantes industriales como Toyota o Siderca, de Techint), la energía y la minería pueden generar una demanda genuina de transformación del sector industrial y no solo funcionar como enclaves.

Para el economista Jorge Colina, de IDESA, el proceso de aliento a las inversiones desembocar en la batalla final: lograr aumentar los niveles de competitividad global de toda la economía. “La salida no es una devaluación ni el súper RIGI sino aumentar la competitividad modernizando las instituciones cambiarias, monetarias y tributarias y mejorando la infraestructura”, subraya.

Con condiciones macroeconómicas más estables (condición necesaria pero insuficiente) y el apoyo activo en lineamientos públicos —certificación, promoción comercial, crédito o vinculación tecnológica, por ejemplo— este proceso sí puede multiplicarse. Pero debería hacerse con la velocidad y eficiencia necesaria para poder dinamizar el “derrame” y obtener un consenso general que hasta hoy no puede mostrar. El desafío político y de gestión es hacer visible y potenciar esa Argentina productiva que ya existe, en lugar de esperar exclusivamente la llegada de grandes inversores externos como maná en el desierto. Si no, se convertirá en otra promesa incumplida porque no estamos condenados al éxito.

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