Sunday 21 de June, 2026

ECONOMíA | Hoy 00:28

La urgencia por el crédito: seducir al colchón

Baja el riesgo país, se acumulan reservas y aumentan los depósitos en dólares, pero aún no se traduce en mayor capacidad prestable.

Durante décadas la economía argentina cargó con un maleficio: la incapacidad de generar los dólares suficientes para sostener un crecimiento moderado sin acudir a endeudamiento público o controles cambiarios que en el mediano plazo erosionan la inversión. Sin embargo, un conjunto de señales que fueron cambiando en el último mes y que cambian el terreno sobre el cual el programa económico dibujó su hora de ruta: mayor superávit comercial, crecimiento de la inversión extranjera directa, aumento de las reservas del Banco Central y tendencia a la baja de la inflación. Sin embargo, el empujón final que el Gobierno auspicia para ingresar al año electoral con otro ánimo (y los bolsillos, aliviados) sigue chocando contra la reticencia del “sistema” a expandir el crédito.

Puntos de inflexión. La semana pasada ocurrieron dos hechos puntuales que marcaron lo que podría ser una tendencia más favorable. El primero fue la confirmación que la inflación está desacelerándose, recorriendo el camino inverso iniciado hace un año, cuando el IPC de mayo había marcado un piso (1,5%) y que llegó a tocar el por ahora techo de 3,4%. Las perspectivas para junio que recogen los analistas privados que miden la evolución de precios ven esta vez que pueda estar por debajo de la cifra de mayo (2,1%) dada la evolución de los alimentos no estacionales (sobre todo la carne, con un magro 0,5%) y las señales a la baja del petróleo en el mercado internacional, que en el último mes cayó 20%. Por ejemplo, el RPM que lleva a cabo Eco Go afirma esta tendencia (1,9%).

El otro punto fue el cambio en la calificación de deuda para Argentina que realizó la calificadora Standard & Poor's con una mejora en la calificación crediticia de Argentina (a la categoría B- desde CCC+) y que se suma a la recalificación de Fitch de cuatro semanas atrás), que impulsó el precios de los bonos, sobre todo los más largos y disparó una baja en el riesgo país que bajó el escalón de los 500 puntos básicos para fijarse como meta el piso de los 400 y alcanzar al siguiente calificado (El Salvador) que está en 340 puntos y poder retornar al mercado voluntario de deuda.

Las razones por la mejora en esta calificación pueden tener múltiples interpretaciones: en Invecq sostienen que se fundamenta en tres factores: el superávit fiscal sostenido, la acumulación gradual de reservas del BCRA —casi US$11.000 millones comprados en el año— y el acceso al financiamiento voluntario en pesos, con licitaciones que vienen renovando consistentemente por encima del 100% de los vencimientos.

Adiós escasez. La aprobación del denominado “súper RIGI” y el anuncio concreto del comienzo de Vicuña en la provincia de San Juan, un proyecto de inversión minera por US$9.700 millones también son oportunos para mover la aguja de una variable que va reaccionando más lento de lo esperado y necesitó de la “mano visible” del Gobierno para, al menos, orientarse hacia los sectores más competitivos de la economía que aseguran un saldo comercial creciente.

La otra “buena noticia” es que el flujo de divisas por comercio exterior que va consolidando la idea de exportaciones totales rompiendo el techo de los US$100.000 millones y un superávit de US$20.000 millones, motorizado por el cambio de sentido del sector energético (en dos años de importador neto a exportador), el crecimiento de las incipientes exportaciones de la minería y la buena producción del complejo agroindustrial en esta campaña. Pero también por la relativa baja reacción de las importaciones, quizás movida por el errático nivel de actividad económica.

Luces amarillas. Sin embargo, no todo reluce en el corto plazo. En abril, último dato disponible, la actividad económica volvió a mostrar signos contrapuestos, con un crecimiento del 0,2% en el Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica de Argentina (ICA-ARG), que elaboran las Bolsas de Comercio de Santa Fe y Rosario.

Aunque se mantuvo un 0,4% por debajo a nivel interanual, el ICA-ARG encadena seis meses consecutivos de variaciones positivas desde noviembre, periodo en el que compensa casi toda la caída acumulada en los ocho meses previos, ubicándose apenas un 0,5% por debajo del nivel del pico de febrero de 2025.

Este círculo que no termina de convertirse en virtuoso (y que para algunos sectores es decididamente negativo) también va condicionando la transición sectorial y geográfica porque el traspaso de unos a otros no es automático. La reciente advertencia del intendente de Añelo, la ciudad neuquina vecina a Vaca Muerta, pidiendo a los trabajadores que buscan allí nuevos horizontes las carencias de infraestructura para acompañar el boom del gas y petróleo en la zona. Todo puede traducirse en tiempos y recursos hoy inexistentes o, también, mal gestionados. Para el economista de la Fundación Mediterránea Jorge Day, la capacidad para incrementar el empleo tiene un punto de partida favorable porque si los proyectos se concretan, demandarán empleo directo durante la construcción y la operación, como también indirecto en proveedores y servicios profesionales, por ejemplo. Además, aparecerá empleo inducido en comercio, vivienda, educación, salud y otros servicios urbanos asociados al mayor ingreso local. “De todos modos, la magnitud nacional del fenómeno debe ser puesta en perspectiva. Minería, petróleo, gas y energía son sectores muy intensivos en capital: demandan inversiones enormes, pero no generan empleo directo en la misma proporción” sostiene. Hay proyectos anunciados por más de US$22.000 millones que esperan crear 50.000 empleos directos, pero la clave estará en que ese impulso se extienda hacia otros sectores con mayor capacidad de generar puestos de trabajo. “Allí puede estar la diferencia entre tener enclaves productivos exitosos y construir un verdadero proceso de desarrollo regional” concluye Day.

Ahorro e inversión. La crónica escasez de inversiones también se debe a las dificultades para fondearlas. A nivel local, la baja de tasas de corto plazo se da más en el segmento corporativo que en el personal, que a su vez es el que tiene más problemas de morosidad. El crédito en pesos al sector privado registró una caída de 0,2% en términos reales en mayo, como resultante de préstamos al consumo y con garantía real, mientras que el comercial se expandió 1,1%. En términos interanuales, los préstamos al sector privado acumulan un crecimiento de 5,7% real y representan el 9,1% del PBI (12% si se incluyen los préstamos en dólares), un porcentaje mucho menor que el promedio regional.

En cuanto el segmento dolarizado, la paradoja de la súbita abundancia de depósitos es que el principal destino fue incrementar el ahorro local: en 2024 y 2025 los argentinos compraron dólares en el mercado oficial por un promedio de 2,2% del PBI anual, según un cálculo realizado por IDESA. Sin embargo, la tasa de inversión en equipos durables de producción fue en promedio 6,9% del PBI por año, con lo que se muestra que el ahorro en dólares equivale al 31% de lo que se invierte para expandir la producción.

Estos datos muestran que la fuga de ahorros alcanza dimensiones de una magnitud que impactan en el funcionamiento de la economía, operando como un permanente drenaje de recursos que disminuye las fuentes de financiamiento para la inversión productiva. “La alta propensión a ahorrar en dólares y sacarlos del circuito formal es la contracara de la baja tasa de inversión que sufre la Argentina. Este es uno de los principales factores que explican la tendencia secular al estancamiento argentino”, sentencia Jorge Colina, economista del IDESA. Romper esos frenos para reintroducir esos fondos en el circuito productivo es una gran tentación, pero la larga tradición de compra de dólares fue la defensa más segura para los ahorros. Un mecanismo tan ineficiente como perjudicial para la economía a causa de los desórdenes macroeconómicos y déficits institucionales que tardarán en desaparecer.

 

por Tristán Rodríguez Loredo

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