El fracaso de la religión es no hacer de los creyentes personas mejores. Ninguna religión multiplica la bondad; ninguna hace germinar generosidad en sus feligresías.
Entender y asumir ese fracaso sería la mayor señal de lucidez en un líder religioso. El intento de corregirlo para que las religiones no sean sólo el refugio de la desesperación humana, el bastón para sobrellevar los miedos y las incertidumbres, sino fundamentalmente fuentes de afecto y solidaridad entre las personas, complementarán esa lucidez imprescindible con acción para hacer un mundo más amable.
En Occidente, Juan XXIII fue el líder religioso que más predicó la bondad humana. Más que predicarla, Angelo Giuseppe Roncalli irradió bondad porque ese era su señal de identidad. Era “Juan el Bueno”. Uno de los casos excepcionales de claridad sin lado oscuro. El problema es que, por su naturaleza, no concebía la maldad, porque no la contenía ni siquiera en dosis mínimas. No se puede concebir lo que no se contiene. Y por esa virtuosa carencia le resultaba difícil explicar la maldad.
Todos los antecesores y los sucesores de Juan XXIII fueron personas normales. Todos predicaron el cumplimiento de las reglas del cristianismo católico para evitar el castigo divino. El feligrés de los Papas ha sido, en términos generales y en el mejor de los casos, el ladrón que no roba para no ir a la cárcel. Ningún Papa ni imán ni rabino ni pujaris o pandit logró que la bondad le gane terreno a la maldad. Ninguna religión logra producir a escala masiva mejores personas.

Los Papas han sido mejores o peores estadistas, pero ninguno asumió públicamente el fracaso de su religión y de todas las demás religiones: no haber producido una humanidad mejor, multiplicando la amabilidad y la generosidad entre las personas.
León XIV aún no ha dado señales de ser diferente a sus antecesores en un punto tan crucial. Tampoco se ha replanteado posiciones que resultan crueles, como el rechazo a la eutanasia. No importa que millones de personas mueran sufriendo padecimientos indecibles, sino cumplir con la interpretación católica del “no matarás”.
Eso, además del rechazo al derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, podrían haber criticado del Papa Irene Montero y Ione Belarra. Pero en lugar de abrir debates puntuales, expusieron un izquierdismo adolescente y bobo con declaraciones y gestos que implicaron repudiar la presencia de León XIV en España.
Con más neuronas que hormonas ideológicas, ambas abrían entendido que lo más significativo de la visita pontificia fue que el mensaje del Papa marchó a contramano del discurso del ultraderechista Vox y del derechismo moderado del Partido Popular (PP), que se deja correr por el extremismo de los falangistas.

Con más neuronas que hormonas, Belarre y Montero habrían escuchado con atención al Papa y quizá hubieran aprendido de su lucidez. Cada frase, cada palabra integra un razonamiento profundo. En sus homilías y discursos no sobra nada. Todo lo que dice es preciso y contundente. Quedó corroborado en su visita a España. León XIV posee un pensamiento vigoroso que expresa de manera clara y categórica. Y lo hace desde otro rasgo propio: la humildad.
Este Papa es la suma de su conocimiento académico y su experiencia de vida. Su conocimiento muestra los signos de la matemática, ciencia en la que se formó y le sirvió para ordenar su pensamiento y estructurar su formación teológica y filosófica.
En León XIV, la experiencia vivida fue enriquecida por las dos décadas que pasó en Perú, sirviendo a los más pobres de Cajamarca en la diócesis de Chiclayo. El resultado aún no es apreciado en toda su magnitud por una feligresía global en la todavía es fuerte el halo que dejó el pontificado carismático de Francisco, de cuya senda, en alguna medida, es un continuador.
En su gira por España, los principales temas abordados fueron: los riesgos para la humanidad que implica la Inteligencia Artificial (tema abordado de manera magistral en su primer encíclica: Magnifica Humanitas), y la abyección que implican la segregación de los inmigrantes y la violencia de género.

León XIV admitió la existencia de ese tipo de violencia, posicionándose claramente en la vereda de enfrente a la de los negadores de la misma. El Papa norteamericano dejó claro su posición: existe una violencia machista, vinculada a una cultura dominante de carácter patriarcal en materia de género.
En cuanto a las tecnologías digitales y el avance sin control de la IA, el jefe de la iglesia católica reafirmó lo explicado en Magnifica Humanitas.
Siguiendo sus razonamientos en este terreno, está claro que comparte la posición del historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari en la crítica que hizo contra el impulso que da el presidente Javier Milei a la idea de otorgar personería jurídica a la IA y a la creación de corporaciones empresarias dirigidas por “no humanos”.
León XIV, Yuval Noah Harari y muchos otros pensadores humanistas seguramente suscriben lo afirmado por el filósofo italiano de la “nuda vida”, Giorgio Agamben: “La Inteligencia Artificial no es peligrosa por ser artificial, sino porque piensa fuera del sujeto...el riesgo no es la máquina sino la renuncia humana a ejercer el pensamiento”.

La necesidad imperiosa de rechazar todo tipo de segregación a los inmigrantes es el tercer punto en el que el líder del catolicismo fue categórico, quedando claramente a contramano de los conservadurismos europeos y de América del Norte.
La fobia antiinmigrante que irradian el partido Vox y su líder, Santiago Abascal, así como la de todos los partidos ultraderechistas y xenófobos de Europa, fue claramente cuestionada por el Papa, quien igual que su inmediato antecesor la describe como una forma de crueldad y una actitud anti-cristiana.
No es que León XIV sea izquierdista, sino que los ultraconservadores de Abascal y los conservadores que se dejan correr por ultraderecha han asumido posiciones tan reaccionarias y recalcitrantes que quedaron enfrentados a valores esenciales de la cultura judeocristiana.
Defendiendo esos valores, Robert Francis Prevost, el primer Papa norteamericano de la historia, emerge como la voz más clara, valiente y categórica contra el mensaje cargado de supremacismo y arrogancia que vociferan Donald Trump y sus apologetas europeos y latinoamericanos.
León XIV es quien les responde con lucidez y contundencia a los liderazgos que desde Washington y Buenos Aires, y desde las trincheras opositoras en Europa, promueven la codicia y veneran a los millonarios como seres superiores.
No es poco, aunque dista mucho de ser el paso más importante jamás dado: admitir que el fracaso de las religiones es no haber multiplicado la bondad humana, sino sólo servido de calmante y anestesia para los dolores y desolaciones de la humanidad.
















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