Anto Rocuzzo (Stanley)

Antonela Roccuzzo y el negocio de las embajadurías: del lujo de Tiffany al termo Stanley

La figura detrás de Messi consolida su propio poder de marca: campañas globales y ahora una cápsula limitada que mezcla diseño, rutina y mate.

Antonela Roccuzzo dejó de ser "Miss Messi" para consolidarse como una figura con peso propio en el negocio global de las embajadurías. En los últimos años, su imagen se movió con naturalidad entre dos mundos que antes parecían incompatibles: el entrenamiento y el lujo. Por un lado, Adidas la eligió como cara de campañas de training, con foco en performance y ropa pensada para rutina intensa, un territorio donde Anto se muestra cómoda porque es, también, el que mejor calza con su personaje público: disciplina, constancia, vida saludable.

Por el otro, Tiffany & Co. la instaló en una liga distinta: la de las grandes casas internacionales que no venden solo productos, sino estatus. En Argentina, el salto se leyó en clave “embajadora de lujo”, con producciones donde posó con piezas de platino y diamantes y un discurso estético que la aleja de la influencer casual: acá hay guion, fotografía, y una intención de construcción simbólica.

Termo como accesorio aspiracional

En ese recorrido, lo nuevo no es que Antonela preste su cara: lo nuevo es cómo algunas marcas la usan para convertir objetos cotidianos en emblemas de estilo. Ahí entra Stanley, que presentó Stanley 1913 x Anto, una colección de edición limitada que busca capturar esa síntesis entre bienestar y diseño. La operación es simple y efectiva: tomar un objeto utilitario —el termo— y elevarlo a “pieza” de lifestyle.

La colección se apoya en un detalle que funciona como firma personal: el tono verde “Antonela”, descripto por la marca como una mezcla serena “similar a la salvia”, con una estética limpia que encaja con el universo visual que Roccuzzo viene cultivando.

La narrativa Anto aplicada a producto

Stanley no presenta la cápsula como una línea con celebridad, sino como un recorte del “método Anto”: equilibrio entre movimiento y descanso, hidratación consciente y rituales cotidianos. El concepto aparece repetido en las descripciones de producto con un tono casi de manifiesto: encontrar “tu ritmo durante el día”, sostener hábitos, entrenar sin estridencias.

Esa idea del equilibrio no es inocente: es el puente perfecto entre adidas y Tiffany. El mismo relato que sirve para vender calzas “training” sirve para vender joyas de lujo; ahora también sirve para vender termos. La coherencia no está en el objeto, sino en la historia que se cuenta: disciplina, estética, y una cotidianeidad aspiracional.

Qué incluye la colección

La selección de piezas deja clara la estrategia: Stanley eligió productos que se ven —y se muestran— en redes. El Quencher ProTour de 1,18 litros aparece como el vaso-botella pensado para rutina de gimnasio, con tapa “Flip Straw” a prueba de fugas, un detalle técnico que refuerza la idea de “vida en movimiento”.

El corazón local de la cápsula, sin embargo, está en el Mate System: un termo de 1,2 litros con “pico de alta precisión” (sin necesidad de giro) y una tapa aislada diseñada para usarse como mate. La marca lo vende como un combo de eficiencia y ritual, casi una traducción industrial del gesto argentino.

El tercer elemento completa la escena: el Mate Clásico de 236 ml, de acero inoxidable con aislamiento de doble pared, en el mismo verde Antonela. Es el objeto más pequeño, pero quizás el más simbólico: el mate como señal de origen y pertenencia, en una figura globalizada que vive entre Miami, campañas internacionales y estética de lujo.

Lo que revela el caso Roccuzzo es que su influencia ya no se mide solo en likes: se mide en capacidad de mover consumo en categorías distintas. adidas la sostiene en el performance; Tiffany la consagra en el lujo; Stanley la convierte en curadora de un objeto cotidiano que hoy funciona como accesorio de identidad. No es solo “la esposa de Messi”: es un activo global que, cuando firma una cápsula, redefine qué se considera aspiracional en 2026.

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