Augusto Marini, el empresario de 31 años detrás de las plataformas de streaming Carajo y Blender, se instaló en el corazón de Barrio Parque, el microbarrio más exclusivo y conservador de Palermo Chico. Apodado el “zar del streaming”, adquirió dos grandes lotes contiguos: uno ocupado por la histórica Casa Obarrio, un petit hôtel de comienzos del siglo XX que ya está en proceso de puesta en valor, y el lindero, donde demolió la vivienda existente para anexarlo y crear un amplio jardín privado. Incluso logró que Google borrara las imágenes de sus propiedades en Street View.
La llegada de Marini no pasó inadvertida entre los vecinos, habituados al silencio y a la tradición de un barrio históricamente poblado por figuras como Pampita, Mirtha Legrand, Marcela Tinayre, Mariana Fabbiani o Teresa Calandra. En ese contexto, algunos miran con recelo el desembarco de este “nuevo rico” de la era digital.
El principal temor vecinal es que el empresario traslade al barrio el clima de fiestas electrónicas nocturnas que, según versiones, organizaba en Punta del Este y que generaban quejas entre los residentes. “Es un microbarrio quisquilloso y poco afecto a la modernidad”, resumen fuentes cercanas, en una zona dominada por petits hôtels de estilo francés, donde cualquier ruido fuera de lo habitual suele encender alarmas.
Marini, por su parte, asegura que no planea emprendimientos comerciales y que su objetivo es disfrutar de un gran jardín en pleno Palermo Chico. Sin embargo, el contraste con el entorno es evidente. Barrio Parque ya registró rebeliones vecinales por proyectos modernos, como la torre de 10 pisos de Northbaires, asociada a Nicky Caputo, o la de OM, habilitada durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.
En ese marco, la mudanza de este empresario sub-35 —que además negocia contratos ferroviarios con el Gobierno y toma distancia de Santiago Caputo mientras tiende puentes con Martín Menem— vuelve a poner en escena la tensión entre el viejo dinero porteño y la nueva ola de lujo digital.













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