Alberto Fernández, Agostina Páez y Javier Milei (CEDOC)
Caso Agostina Páez: cómo fue la gestión política que destrabó su liberación
La abogada Carla Junqueira detalló cómo activó a Menem, Cancillería y Quirno. Una nota clave permitió que la Justicia brasileña habilite su regreso. Alberto Fernández y Marcela Pagano afuera.
El regreso a la Argentina de Agostina Páez no fue un desenlace lineal ni exclusivamente judicial. Por el contrario, expuso con claridad cómo, en determinados casos internacionales, la resolución depende tanto de la estrategia legal como de la capacidad de activar resortes políticos y diplomáticos. La clave estuvo en una gestión precisa, que su propia abogada detalló con claridad en diálogo con Maxi Sardi en Delta 90.3.
Desde el inicio, la defensa encabezada por Carla Junqueira (antes abogada de Thelma Fardin en la causa contra Juan Darthes) detectó un problema central: el tribunal brasileño no estaba interpretando correctamente los mecanismos de cooperación jurídica internacional. A partir de ahí, se definió una hoja de ruta que excedía el expediente. “Yo acá necesitaba que Argentina se comprometiera con que Agostina esté sujeta a derecho cuando vuelva”, explicó Junqueira, marcando el punto de inflexión del caso.
El planteo no era menor. Sin una garantía formal del Estado argentino, la posibilidad de que Páez continuara el proceso en su país era prácticamente inviable. Por eso, la abogada decidió activar un canal político directo. “Necesitaba una nota del gobierno aclarando los términos y condiciones del tratado porque el juez hasta ahora no entendió nada”, afirmó sin rodeos .
Ese movimiento derivó en el contacto con Martín Menem, con quien Junqueira mantenía un vínculo previo. “Yo lo llamé… necesitaba que Argentina pidiera que Agostina vuelva”, relató. Y fue aún más explícita sobre el mecanismo: “Lo llamé y pedí que me pusiera en contacto con Cancillería y lo hizo” .
A partir de esa intervención, se activó la cadena institucional. Menem funcionó como articulador político y el caso escaló hacia Cancillería y la Dirección de Asistencia Jurídica Internacional (DAJIN). Allí entró en juego Pablo Quirno, quien —según el propio relato— instruyó la elaboración de una nota técnica clave. “La ayuda efectiva vino por medio de una nota que fue elaborada por DAJIN… instruida por Pablo Quirno, que fue instruido por Martín Menem”, detalló Junqueira .
Ese documento, presentado vía consulado argentino, fue el elemento que terminó de inclinar la balanza en el expediente. “La nota fue efectivamente presentada… y fue mencionada específicamente por el juez camarista en la decisión del habeas corpus”, subrayó la abogada . En términos judiciales, esa mención implica que la resolución no se apoyó únicamente en argumentos defensivos, sino en una validación institucional del Estado argentino.
El resultado fue inmediato: la justicia brasileña aceptó la viabilidad de que Páez continúe el proceso en la Argentina, lo que habilitó su liberación y retorno. Incluso, la propia defensa considera que su regreso a Brasil es prácticamente improbable: “Veo una posibilidad remota, casi nula, de que ella vuelva”, afirmó Junqueira.
Más allá del desenlace, el caso deja varias definiciones relevantes. La primera es conceptual: la defensa asumió explícitamente el uso de herramientas de gestión institucional como parte de la estrategia. “El gobierno es un bicho reactivo… yo sabía que necesitaba que Argentina actuara”, explicó la abogada, en una descripción poco habitual de los tiempos y lógicas del Estado . La segunda es política: la relación personal entre la abogada y Martín Menem no fue un dato menor. “Lo conozco hace mucho tiempo… somos papás de colegio juntos”, reveló, exponiendo el canal informal que permitió acelerar un proceso que, por vía burocrática, probablemente habría demorado mucho más .
Y la tercera es judicial: el caso confirma que en litigios internacionales la clave no siempre está en la discusión de fondo, sino en la capacidad de encuadrar el proceso dentro de acuerdos bilaterales y hacerlos operativos. Sin esa nota, sin esa intervención, el escenario de Páez en Brasil —según admiten incluso en su entorno— podría haber sido mucho más adverso. Hoy, con la abogada ya de regreso en el país, la causa entra en su tramo final, centrado en la definición de responsabilidades económicas y eventuales condiciones de cumplimiento. Pero el dato más relevante ya está escrito: su liberación no fue un accidente jurídico, sino el resultado de una estrategia que combinó derecho, política y vínculos personales.
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