Tapia durante la despedida a Messi (CEDOC)

"Chiqui Tapia, botón": el enojó con la AFA en la despedida a Messi

Los drones arrancaron con publicidad y dibujaron a Messi pateando con la derecha. El show sorpresa se cayó por la organización. La tribuna no perdonó.

La noche era de Lionel Messi, pero el Monumental también tuvo tiempo para otro protagonista. Antes de que la pelota empezara a rodar ante Benín, mientras los hinchas todavía ingresaban, desde la tribuna Centenario bajó un cántico que rápidamente se propagó a otros sectores: "Chiqui Tapia, botón", seguido de insultos irreproducibles contra el presidente de la AFA. No fue un exabrupto aislado. El reproche volvió a escucharse después del 3 a 0, en pleno homenaje al capitán, y se repitió a lo largo de la noche ante 85 mil personas.

El malestar no nació el martes. Viene de una fecha FIFA que arrastró desprolijidades desde el arranque. El sábado, el amistoso ante Burkina Faso se convirtió en un papelón con pocos antecedentes. La delegación africana debía llegar el 29 de septiembre, pero su vuelo chárter se canceló sin aviso y el plantel quedó varado en Casablanca. Los titulares se negaron a viajar y la federación recurrió a una convocatoria de emergencia con jugadores Sub 23, que aterrizaron en Buenos Aires apenas cinco horas antes del partido, sin entrenar. El resultado fue un 7 a 0 que nadie celebró.

Desde África, la prensa apuntó contra las condiciones del acuerdo. Según el medio Faso Sports, la empresa organizadora, Eurodata Sport, del agente FIFA colombiano Jairo Pachón, cubría pasajes y hotel, pero no pagaba cachet ni compartía la recaudación. La AFA emitió un comunicado para despegarse y atribuyó las bajas al cansancio de los jugadores. La explicación no convenció a nadie. 

Rival ignoto para el más grande

El último partido de Messi con la camiseta argentina tuvo como partenaire a Benín, una selección sin peso internacional que llegó días antes y hasta se paseó por las canchas de la Liga Profesional. Nadie esperaba un rival de jerarquía en un amistoso de despedida, pero la elección pareció impropia de la estatura del homenajeado. El contraste con la grandeza de la ocasión fue tan evidente como los cánticos.

La lógica detrás del calendario se volvió transparente: el partido ante Burkina Faso se jugó con aforo reducido y la AFA reservó todo para el martes, con localidades agotadas y precios que muchos hinchas consideraron excesivos, y una reventa sospechada de complicidades con el círtculo rojo de la AFA que todavía resta por investigarse: incluso varios influenceres señalados en redes hablaron de una "mafia".

El ese contexto, la gota que rebalsó el vaso llegó con el show de drones. Cuando el estadio levantó la vista esperando el número 10, la Copa del Mundo o un mensaje de gratitud, lo primero que se dibujó en el cielo fue el logo de una empresa de seguros, auspiciante de la AFA. La respuesta fue un abucheo ensordecedor y una nueva tanda de insultos a Tapia. Para completar el cuadro, una de las siluetas mostró a Messi pateando con la pierna derecha. En las redes, el error se volvió meme en minutos y la pregunta fue unánime: quién aprobó esa secuencia.

La sorpresa que nunca llegó

 

La producción también quedó en deuda. En la previa se había chimentado que Lali Espósito sería la encargada del cierre, que incluso Los Fundamentalistas, la banda que acompañó al Indio Solari, serían parte del cierre con "Jijiji", para cerrar la noche con "el pogo más grande del mundo". 

En las redes también se habían barajado otros nombres como Tini, María Becerra, Duki o Trueno. Nada de eso. La grilla se apoyó en artistas de la movida tropical y el cuarteto, como Damas Gratis, Amar Azul, Q' Lokura, Ulises Bueno y La Sole. El broche de oro, reservado como "show sorpresa" para las 22.30, iba a estar a cargo de Sergio Torres y Darío Zanco, ligados al Grupo Cali, la música de la juventud de Messi. Pero se concretó. En un comunicado, los propios músicos explicaron que la presentación se cayó por "cuestiones relacionadas con la organización".

Messi cumplió con su parte: gol, dos asistencias y una despedida a su medida. Lo que falló fue todo lo demás. Tapia, que pese a los títulos de la Scaloneta, carga con denuncias y una creciente impopularidad, quedó expuesto en el peor escenario posible. En la noche más emotiva del fútbol argentino en años, la tribuna dejó claro que puede separar al ídolo de los dirigentes. Y que no está dispuesta a perdonar que la despedida del más grande se haya vivido, también, como un negocio.

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