El debate expuso una diferencia clave: los criaderos reproducen animales para su venta, mientras los refugios intentan reducir el abandono mediante el rescate y la prevención. (Cedoc)

Criaderos en la mira: un debate de perros

El proyecto de la diputada Karen Reichardt puso la lupa sobre un negocio polémico. El dilema de adoptar o comprar animales.

Durante años, la consigna "adoptá, no compres" fue una bandera casi exclusiva de organizaciones proteccionistas. Hoy, esa discusión llegó al Congreso, se instaló en los programas de televisión y volvió a poner bajo la lupa una actividad que convive con prácticas clandestinas denunciadas desde hace décadas. 

En la Argentina no existe una ley nacional que prohíba la compra y venta de animales de compañía. Tampoco hay una normativa integral que regule de manera uniforme los criaderos, por lo que la actividad depende de ordenanzas municipales y disposiciones provinciales con distintos niveles de control. Ese vacío impulsó a la diputada libertaria Karen Reichardt a presentar un proyecto de ley para crear un régimen nacional de habilitación, fiscalización y registro de criaderos, refugios y hogares de tránsito. 

Mascotas sin ley. La iniciativa propone establecer estándares mínimos de bienestar animal, controles veterinarios obligatorios y sanciones para quienes incumplan la normativa. Sin embargo, el proyecto abrió una fuerte controversia. Organizaciones proteccionistas sostienen que colocar bajo la misma regulación a criaderos y refugios implica desconocer que persiguen objetivos completamente diferentes. Un criadero reproduce animales para su comercialización, mientras que un refugio recibe perros y gatos abandonados, los alimenta, los recupera sanitariamente, los castra y busca una familia que los adopte. Su misión no es reproducir animales, sino reducir el abandono. Distinta aún es la función de un santuario, donde los animales permanecen protegidos hasta el final de sus vidas, sin ser vendidos ni dados en adopción.

La discusión se vuelve especialmente sensible cuando aparecen los llamados criaderos clandestinos o de producción intensiva. Desde el punto de vista veterinario, una perra entra en celo aproximadamente cada seis meses, pero los especialistas coinciden en que no debería gestar en todos sus ciclos. El organismo necesita períodos de recuperación para disminuir el riesgo de enfermedades uterinas, complicaciones durante el parto, desnutrición y un marcado deterioro físico. En los establecimientos ilegales, sin embargo, esa recomendación suele ignorarse. Las hembras son preñadas casi en cada celo, los cachorros son destetados antes de tiempo para acelerar una nueva reproducción y las madres son descartadas cuando dejan de resultar rentables. El objetivo es maximizar la cantidad de crías y reducir costos, aun cuando eso implique condiciones de hacinamiento, escasa atención veterinaria y graves situaciones de maltrato.

Precisamente esas prácticas alimentan la campaña "adoptá, no compres", impulsada por refugios, rescatistas y veterinarios. Sus promotores sostienen que mientras miles de perros y gatos esperan una familia en refugios de todo el país, la reproducción comercial incentiva un mercado que, en muchos casos, termina alimentando la explotación animal. Quienes defienden los criaderos registrados responden que la clandestinidad se combate con controles y no con prohibiciones, diferenciando a los establecimientos habilitados de aquellos que funcionan al margen de la ley.

Maltrato animal. Pero la discusión trascendió el ámbito legislativo y llegó a la televisión. En el programa "LAM", Karen Reichardt defendió su proyecto argumentando que regular significa controlar una actividad que ya existe. Del otro lado, Matilda Blanco cuestionó que refugios y criaderos recibieran el mismo tratamiento normativo y advirtió que la iniciativa podría terminar legitimando un negocio que muchas organizaciones buscan desalentar. 

Entre las voces mediáticas apareció Nicole Neumann, reconocida por su activismo en defensa de los animales. La modelo rechazó el proyecto y resumió su postura con una frase que rápidamente se volvió viral: "La vida no es un producto". Para ella, ningún ser vivo debería convertirse en mercancía ni formar parte de un circuito comercial basado en la reproducción sistemática.

Mientras el Congreso debate cómo regular una actividad que presenta enormes grises, los refugios continúan trabajando al límite de sus posibilidades y sostenidos por voluntarios y donaciones.

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