Nicole Kidman, Demi Moore y Emma Stone mostraron su extrema delgadez en la última ceremonia de los Oscar. (Cedoc)

Ozempic y delgadez extrema: el nuevo fenómeno en Hollywood

Las famosas que impusieron la vuelta de la estética "heroin chic". De Demi Moore a Emma Stone. Los riesgos para la salud.

La gala de los Oscar 2026 dejó una postal inquietante. Más allá del fulgor de la alfombra roja, varias estrellas aparecieron con una delgadez tan pronunciada que reinstalaron un debate que Hollywood creía superado. Demi Moore, con un porte huesudo que sorprendió incluso a quienes siguen de cerca sus apariciones, encabezó el murmullo. A su lado, Nicole Kidman, Ariana Grande, Emma Stone y Lily Collins exhibieron siluetas más angulosas, cuerpos que evocaron una estética que se creía archivada desde la era del “heroin chic”. 

La escena, amplificada por cámaras que no intentan disimular detalles, activó de inmediato la discusión sobre los nuevos estándares de belleza y el uso, cada vez más extendido, de fármacos para bajar de peso sin supervisión médica. En el terreno de las percepciones, la delgadez extrema vuelve a funcionar como un signo de estatus estético. 

Hollywood, experto en reciclar mitologías, alimenta hoy una narrativa que mezcla disciplina, ascetismo y un supuesto bienestar que se refleja en cuerpos que parecen tallados para lucir impecables en fotografías de alta definición. Sin embargo, detrás de esa imagen resurge el viejo problema de la presión sobre las mujeres de entre 30 y 60, para ajustarse a un canon que exige liviandad física, casi un borramiento de la corporalidad en pos de un ideal etéreo. 

El fenómeno se volvió evidente cuando Demi Moore, protagonista de “Propuesta indecente”, apareció, en diversos eventos de la temporada, con brazos y clavículas marcadamente prominentes, lo que generó especulaciones sobre si esa transformación respondía a exigencias laborales, decisiones personales o a la influencia de los medicamentos que hoy circulan en la industria como una solución rápida.

Agentes externos. A este escenario de dudosa salubridad se suma la popularización del Ozempic y otros análogos de GLP-1, fármacos que fueron diseñados para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, pero que se instalaron en la cultura pop como auxiliares para lograr cuerpos cada vez más delgados. Aunque su efectividad en contextos médicos está comprobada, su uso indiscriminado crece impulsado por una estética que premia la delgadez extrema y por la facilidad con la que estos medicamentos se obtienen, incluso sin indicación profesional. 

La industria del entretenimiento, siempre sensible a los gestos de sus figuras, terminó por convertirlos en un secreto a voces. Algunos especialistas advierten que la conversación pública ya no distingue entre salud y apariencia, y que la fascinación por los resultados inmediatos eclipsa los efectos colaterales. La presión sobre celebridades como Nicole Kidman o Emma Stone habla de una tensión persistente. Incluso mujeres consagradas por su trayectoria sienten el peso de un estándar que se renueva constantemente. 

En los últimos meses, la propia Stone enfrentó comentarios por su silueta más delgada durante festivales y premiaciones, mientras que Ariana Grande reapareció en distintos eventos con una figura que disparó análisis en redes, muchas veces teñidos de morbo, por si su aspecto físico no condice con su salud mental y los parámetros de belleza. Por su parte, Lily Collins, la protagonista de la estética serie "Emily en París", en muchas ocasiones habló sobre la compleja relación que tiene con su imagen corporal, quedando también atrapada en el escrutinio de un público que asocia éxito, disciplina y belleza con la misma delgadez casi intangible que definió a las modelos de fines de los noventa y que delineó las carreras de Kate Moss, Naomi Campbell, Linda Evangelista y Eva Herzigová, entre muchas otras, siempre oscilando entre lo estético y lo perjudicial.

Graves consecuencias. En paralelo, profesionales de la salud alertan que la pérdida de peso acelerada y sin supervisión, además de trastornos alimenticios graves, puede provocar deshidratación, alteraciones metabólicas, pérdida de masa muscular, caída de cabello e incluso complicaciones graves como pancreatitis. La paradoja es que, mientras la conversación pública vuelve a celebrar, equivocadamente, la delgadez como un triunfo estético, la medicina insiste en que estos fármacos deben utilizarse únicamente cuando existe una necesidad clínica, acompañados por controles estrictos. El contraste entre ambas narrativas expone la trampa cultural en la que se mueven las estrellas, sostener una imagen que el sistema exige, aun cuando implique riesgos para la salud.

Detrás del resurgimiento de esta estética del “menos es más” aparece un mensaje que se proyecta mucho más allá de Hollywood. Las celebridades funcionan como espejos simbólicos y sus apariciones en alfombras rojas moldean imaginarios sociales. La delgadez extrema, presentada como un ideal aspiracional, alimenta decisiones individuales que pueden derivar en prácticas peligrosas, especialmente cuando se instala la idea de que los medicamentos pueden reemplazar hábitos saludables o procesos supervisados. 

La expansión global de versiones genéricas de estos fármacos, cada vez más accesibles en distintos mercados, podría profundizar un fenómeno que combina deseo, presión y desinformación. Pese a que se creía superado, el regreso de esta estética plantea una pregunta que recorre la industria con insistencia: ¿qué significa hoy un cuerpo “aceptable” para Hollywood? 

Lo que parecía una conquista con la valorización de cuerpos reales, diversos y saludables, se diluyó ante el retorno de un ideal que exige fragilidad como sinónimo de elegancia y belleza hegemónica. Las figuras que desfilaron en la entrega de los Oscar y los Globo de Oro no solo llevaron vestidos memorables, también exhibieron una tensión que vuelve a instalarse en el centro de la escena con la delgadez como mandato, el riesgo como costo y la salud como un territorio que se disputa entre expectativas sociales y decisiones íntimas. 
El cuerpo vuelve a convertirse en un campo de batalla silencioso.

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