El Papa León XIV saluda a la multitud durante la audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. (Tiziana Fabi / AFP)
León XIV, el Papa antilibertario
Una semblanza del Sumo Pontífice que está en las antípodas ideológicas de Milei y su socio Trump. El concepto de justicia social.
Soren Kierkegaard explicó que vivir cristianamente, o sea de manera verdaderamente cristiana, es a la vez irrenunciable e imposible de cumplir. No obstante, aún aceptando ese carácter de imposible, igual se indignaba con el cristianismo burgués acusándolo de cometer la peor de las herejías: “Jugar a ser cristianos”.
Muchos Papas vivieron rodeados de los que juegan a ser cristianos. Pero otros muchos no. Igual que su inmediato antecesor, León XIV es uno de esos Papas que entienden la paradoja planteada por Kierkegaard y la hipocresía que consideró herética, porque pusieron los pies en el barro y caminaron junto a la gente que vive como puede.
En el caso de Robert Francis Prevost está también una formación que incluyó licenciarse en matemática y filosofía en una universidad católica de Pensilvania, antes de doctorarse en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Roma.
León XIV sabe lo que es enseñar porque dirigió el Seminario Agustino de la ciudad peruana de Trujillo, y sabe lo que es conducir burocracias porque fue Prior General de la Orden Agustina en Roma. Pero sobre todo, sabe lo que es vivir en la pobreza porque convivió con los pobres desde que el Papa argentino lo nombró obispo de la Diócesis de Chiclayo.
Allí, una vida que comenzó en Chicago, se enriqueció en la experiencia de organizar comedores populares y llevar asistencia médica donde no llega el Estado y sólo hay desolación.
En el trato solidario con la gente más humilde se fue moldeando una personalidad cuyo rasgo más visible es, precisamente, la humildad. Una humildad natural, verdadera, que se irradia desde una sonrisa permanente. Igual que Albino Luciani, el efímero Papa que sonreía.
Sólo 33 días estuvo Juan Pablo I en el trono de Pedro, de donde lo sacó una misteriosa muerte. Pero quedó en la historia como “il sorriso di Dio” (la sonrisa de Dios).
Hay algo en común entre quien fue el último Papa italiano en los cuatro siglos que comenzaron con Clemente VII, y éste, que es el primer Papa norteamericano y también el primer agustino que llega a la cúspide de la Iglesia Católica. Lo que tienen en común se expresa a través de la sonrisa, pero es mucho más profundo que esa mera expresión facial que genera la contracción de los músculos cigomáticos tirando las comisuras de los labios hacia arriba y hacia atrás.
La sonrisa permanente de Luciana mostraba sus dientes, mientras que Prevost sonríe con sin separar el labio superior del inferior, o sea sin mostrar dientes. Pero ambas exhiben amabilidad humana. En León XIV y en aquel Papa que cuando era obispo en Vittorio Veneto recorría en bicicleta los hospitales para acompañar a los enfermos solitarios y visitaba los centros de discapacitados, hay una misma materia: una visión amable de lo humano, una naturaleza amable.
La sonrisa expresa en ambos la bondad natural. Algo genético, que caracterizó también a Juan XXIII, y aflora a la superficie a través de la sonrisa.
Más que los músculos cigomáticos del rostro, son esos dos rasgos que se dan inexorablemente juntos, la bondad y la humildad, lo que tienen en común los tres Papas señalados: el actual y sus antecesores lombardo, Angelo Giuseppe Roncalli, y véneto, Luciani.
Contracara. Por su propia naturaleza, el Papa amable de este tiempo se convirtió a poco de asumir sus tareas pontificias en la contracara de quien expresa absolutamente lo contrario: Donald Trump. El jefe de la Casa Blanca y sus émulos en Latinoamérica -entre ellos, Javier Milei- y en Europa irradian arrogancia, desprecio por los débiles, exaltación del poder y la riqueza, mediocridad intelectual y cultural, y un desprecio muy oscuro y viscoso por las diversidades.
León XIV, igual que su antecesor argentino, es lo que normalmente se define como conservador en el terreno teológico y de las posiciones tradicionales de la Iglesia. Nunca aceptará el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, ni aceptará el matrimonio entre personas del mismo sexo, por ejemplo. Pero igual que Francisco, fue un sacerdote con los pies en el barro, que acompañó las desventuras sociales y vivenciales de los más débiles.
Eso les dio una mirada piadosa del mensaje evangélico. Ven a Jesús. no como un severo acusador y castigador de las debilidades humanas, sino como alguien que acompañó siempre a los vulnerables en todos los sentidos. Acompañó a los diferentes y a los pecadores. No predicaba exclusiones y castigos. No juzgaba la vida de los otros, sino que las acompañaba, intentando guiarlas en la dirección que consideraba en concordancia con el deseo de su Dios.
La impronta bergogliana de recorrer los espacios donde campea el hambre y la desesperación social está presente en el actual jefe de la Iglesia. Pero a diferencia de su antecesor, Prevost tiene una inteligencia poderosa y moldeada por la matemática, la filosofía y las calles de Chiclayo. O sea, un músculo académico al servicio de aquellos a los que Trump y sus émulos como Milei quieren alejar de las urnas y de los derechos adquiridos.
Que eligiera como nombre pontificio León XIV dejó en claro que se sitúa en la vereda enfrentada a los líderes que, como Trump, los Bolsonaro, Javier Milei, Abelardo de la Espriella, los neonazis alemanes de AfD y el neofalangista Vox, entre otros, están al servicio de los tecnomagnates abocados a destruir desde adentro la democracia liberal para crear plutocracias: el gobierno de los que poseen las mayores riquezas, que hoy son los megamillonarios como Elon Musk y Peter Thiel, entre otros.
Actuando como vocero menor de ese proyecto plutocrático, Milei manifestó de manera explícita el aborrecimiento del movimiento ultraconservador global por el concepto “justicia social”, que es central en la Doctrina Social de la Iglesia, encíclica decimonónica que sobresalió entre las más de ochenta encíclicas promulgadas por el Papa León XIII.
El Papa está en las antípodas de estos líderes que llegaron al paroxismo de reivindicar la crueldad y la violencia retórica, iniciando guerras civiles en la dimensión verbal.
León XIV es agustino. En su obra máxima, “La Ciudad de Dios”, Agustín de Ipona expresa un platonismo con un soplo de Manes, o Maní, el monje persa que moldeó una visión religiosa en base al cristianismo, el zoroastrismo y el budismo. Se trata de una cosmología dualista en la que un mundo de luz y bondad existe en permanente tensión con otro oscuro y malévolo. Está claro en cuál de esos mundos está la sonrisa humilde y amable del Papa norteamericano, y en cuál la arrogancia grosera de Trump y la violencia verbal de sus grotesco émulos.
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