Monday 2 de November, 2026

SOCIEDAD | Hoy 04:58

Mal de época: la baja autoestima, el desafío de aprender a quererse

Frente al avance de las redes sociales y ese mecanismo comparativo y autodestructivo, la psicóloga Sol Buscio explora la dependencia de la aprobación ajena.

La autoestima constituye una de las grandes paradojas de la condición humana. Mientras las personas buscan reconocimiento, afecto y aceptación en los demás, suelen convertirse en sus jueces más severos. La necesidad de agradar, el temor al rechazo y las comparaciones permanentes construyen una dependencia emocional que termina debilitando la propia identidad. Sobre esa contradicción reflexiona la psicóloga Sol Buscio en “Autoestima” (El Ateneo), un libro que propone revisar las heridas personales, comprender los mecanismos de la inseguridad y recuperar la confianza en uno mismo.

“Nunca es suficiente. Te comparás con otros. Buscás aprobación, dudás de cada decisión y sentís que los demás lo hacen mejor”, plantea la autora en la presentación de su obra. La afirmación sintetiza una problemática contemporánea, vivir condicionado por la mirada ajena, perseguir ideales inalcanzables y confundir el valor personal con el reconocimiento externo. Para Buscio, la autoestima no constituye una cualidad inmutable, sino una construcción psicológica que puede aprenderse, ejercitarse y fortalecerse.

El recorrido comienza con una confesión significativa: “Yo, mi peor juez”. Desde allí, la especialista examina cómo las experiencias infantiles, los mandatos familiares, las exigencias sociales y las relaciones afectivas intervienen en la construcción de la imagen personal. Las heridas del pasado, incluso aquellas aparentemente superadas, pueden manifestarse posteriormente como miedo al abandono, dificultad para establecer límites o necesidad constante de demostrar capacidades.

Uno de los núcleos del libro es la autocrítica excesiva. Esa voz interior que descalifica los logros, magnifica los errores y transforma cualquier equivocación en una prueba de insuficiencia. Buscio propone reconocer esos pensamientos, cuestionar su legitimidad y reemplazar el castigo permanente por una relación más comprensiva con las propias limitaciones. No se trata de eliminar las inseguridades, sino de impedir que gobiernen las decisiones cotidianas.

Nacida en Buenos Aires en 1995, Buscio estudió Psicología en la Universidad Abierta Interamericana. Es escritora, divulgadora y fundadora de Centro PsicoSol, un espacio interdisciplinario dedicado a la salud mental. Conocida en las redes sociales como @psico.solb, desarrolla contenidos sobre ansiedad, vínculos y bienestar emocional. Durante la pandemia impulsó una red de más de 150 psicólogos voluntarios para brindar asistencia psicológica. Después de publicar “Ansiedad”, profundiza ahora en los conflictos que atraviesan la percepción de la propia identidad.

La ansiedad y el autoabandono ocupan otro lugar central. Vivir pendiente de satisfacer expectativas ajenas puede conducir a relegar necesidades, deseos y proyectos personales. La búsqueda de aprobación se convierte entonces en una forma de dependencia: el bienestar queda subordinado a una respuesta, un elogio o una demostración de afecto. Frente a ese mecanismo, la autora plantea recuperar la autonomía emocional, aprender a decir que no y reconocer que establecer límites no equivale a dejar de querer a los demás.

Los celos y la pérdida de identidad dentro de las relaciones también forman parte del análisis. Buscio explora cómo el temor a ser reemplazado puede alimentar conductas de control, dependencia e inseguridad. El desafío consiste en construir vínculos donde el afecto no implique renunciar a la individualidad. Amar sin desaparecer en el otro supone conservar espacios propios, respetar diferencias y comprender que ninguna relación puede sustituir el reconocimiento personal.

A lo largo de sus once capítulos, la psicóloga combina reflexiones, experiencias inspiradas en el consultorio y ejercicios prácticos destinados a identificar patrones emocionales. Su propuesta encuentra respaldo en investigaciones sobre salud mental que destacan la influencia de la infancia, el entorno social y las experiencias afectivas en la autoestima. También advierte sobre las consecuencias de una cultura digital que convierte la comparación en un ejercicio permanente.

“Vivir así agota”, señala Buscio. La salida que propone no consiste en alcanzar una versión perfecta de uno mismo, sino en abandonar la exigencia de perfección. El tramo final del libro, dedicado a dejar de abandonarse y empezar a estar del propio lado, resume esa transformación. Aprender a valorarse, reconocer las necesidades personales y construir relaciones saludables constituye, en definitiva, una forma de recuperar la libertad interior. Porque la autoestima no significa sentirse superior a los demás, sino dejar de considerarse inferior.

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