Giovanni Guidi (Juan Manuel Varela/Gentileza Instituto Italiano de Cultura)
Evocación de un artista único
Giovanni Guidi actuó en el Coliseo auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura para recordar al Gato Barbieri.
En alguna conversación previa con la prensa, el pianista y compositor italiano Giovanni Guidi había dicho que más que como un homenaje había pensado este concierto titulado “Ojos de Gato” como un intercambio de sonidos, de experiencias, de músicas de dos continentes pasadas por el tamiz de las propias búsquedas del inolvidable Leandro “Gato” Barbieri. Y tiene sentido. Formado junto al trompetista Enrico Rava, fue él quien le acercó ese mundo fascinante del inefable saxofonista rosarino -al que luego conoció- que alcanzó la cúspide de su fama mundial cuando puso música a la película “Último tango en París” de Bertolucci. Pero Guidi se interesó más allá de eso y fue conociendo ese territorio muy difícil de explicar, en el que se unen el jazz tradicional, el free jazz, el latin jazz, su asociación con Don Cherry, sus referencias políticas de los ’70, las formas libres, las tradiciones folklóricas y el saxo como generador, de igual modo, de bellas melodías y de sonidos salvajes.
Guidi (Foligno, 1985) con varios proyectos y discos editados por el prestigioso sello ECM en su haber, llegó a Buenos Aires para presentar un proyecto extraño. Hacer un tributo a Barbieri con el piano como conductor al frente de un sexteto y con algunos invitados argentinos para el cierre. Su banda estuvo integrada por Alessandro Presti en trompeta, Francesco Bearzatti en saxo tenor, Joe Rehmer en contrabajo, Enrico Morello en batería y Simone Padovani en percusión. Con ellos pasó por ese mundo “Gato” donde sonaron músicas de Barbieri mezcladas con otras creadas especialmente. Así, convivieron con naturalidad el free, el bebop, el latin, las baladas, el lirismo, el pop, los pasajes improvisados de varios de sus compañeros (con espacio de lucimiento para todos), la música clásica rupturista del siglo XX, los ritmos marcados binarios y ternarios o los momentos más libres, las formas tripartitas tradicionales o las exposiciones abiertas que parecen poder empezar o terminar en cualquier parte, lo local de “tierra adentro” y un internacionalismo de lugar indefinido. Y ese menjunje multicolor, hasta entró una versión evocativa de la cantante Ornella Vanonni de “Sant’ allegria” para dar cierre a la primera parte.
Más brevemente, la segunda sección dio paso a los invitados locales. Primero, el bandoneonista Néstor Marconi, recordó de un modo muy libre a Aníbal Troilo y a Astor Piazzolla con sendos popurrís. Después se sumaron Ricardo Lew en guitarra y Jorge Retamoza en saxo barítono para “Años de Soledad”, también de Piazzolla. Y finalmente, se completó el grupo y se convirtió en un octeto para “Ernesto”, “The house behind this one” y “Ojos de gato”. * * * *
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