Saturday 18 de July, 2026

POLíTICA | Hoy 06:54

El peronismo en su laberinto, radiografía del estancamiento: adelanto de tapa de NOTICIAS

CFK y Kicillof no hablan. Pero la interna tapa problemas más de fondo. Massa espera y teje.

La última vez que Cristina Kirchner y Axel Kicillof hablaron entre ellos fue luego de la victoria del Gobierno en las elecciones legislativas del año pasado. Los que fueron testigos de esa conversación aseguran que fue más que aspera, y que cerró con una premonición lapidaria de la ex presidenta: “Sos el Larreta de este lado”. Era una frase que más que chicana tenía, en la lógica de CFK, un destino de premonoción: Kicillof aparece, ante el mundo San José 1111, como un candidato forzado, sin aura y con un final de derrota ya escrito.

La relación desde entonces sólo empeóró. Hasta los que intentan llevar calma a esa tormenta se sinceran y admiten que es “como esas peleas duras de familia”. El vínculo entre ambos es nulo y la posibilidad de una charla más incierta aún. Los que hacen de vehículos entre ambos sólo le tiran más leña al fuego. Facundo Tignanelli, diputado bonaerense y mano derecha de Máximo Kirchner, lo comparó en una reciente entrevista en Futurock con Timoteo Vandor. El líder de La Cámpora también habló de los “hombrecitos enojados”, lo que se interpretó como un dardo al gobernador. Del otro lado también vuela munición gruesa: en la previa al acto en el Parque Lezama por el aniversario de la detención de CFK, la legisladora Berenice Yáñez aseguró que Cristina “jodía”. La lista de agravios sigue, pero el fondo siempre es el mismo. La relación entre los dos popes del peronismo parece haber entrado en un terreno irreversible.

Sin embargo, aun con lo profunda que es esa herida, sigue sin ser el tema más apremiante. “Se fue Adorni y nos quedamos sin agenda. Estamos sin norte”, se sincera un diputado del peronismo. La interna, en ese sentido, no sólo sería un problema sino todo lo contrario: es el árbol que sirve para tapar el bosque, el tema del cual tanto medios como militantes pueden machacar para ocultar un problema más profundo aún. “¿Cuál es nuestra mirada programática de este presente? ¿La misma que teníamos cuando gobernaba Néstor? Pasaron veinte años. Ni Cristina ni Axel garantizan algo nuevo, ni sobre lo que piensan de la economía, del rol del Estado, de la emisión monetaria, del lugar frente a Estados Unidos o China”, asegura un ex ministro peronista. Acá el espacio se debe una revisión profunda: Milei ganó las últimas dos elecciones nacionales con un discurso que, guste o no, es novedoso, tanto en su fondo como en sus formas como en el personaje que lo interpreta.

Kicillof, o también Sergio Massa, tendrían acá un pero para agregar. En estos dos mundos parecería convivir la misma idea: que el Gobierno tiene tan malos resultados económicos que la fuerza misma de los acontecimientos los va a hacer volver al poder. El gobernador y su círculo son quienes más se apoyan en esta idea, que a su vez contiene una subtrama, la convicción de que no sólo es inevitable una ruina electoral del oficialismo el año que viene sino que igual de imparable es la entronación del ex ministro de Economía como el elegido para encabezar la boleta. “Es el candidato natural, el que más mide”, es un mantra que se repite en el kicillofismo. Milei (y también Larreta) podrían atestiguar que la política en Argentina no tiene una certeza matemática y que los cálculos suelen fallar.

Massa, fiel a su estilo, va tejiendo de a varias redes a la vez. Salió de su ostracismo autoimpuesto luego de la derrota en el 2023, y ahora se muestra más en público, en actividades políticas o viendo el partido de la Selección en la universidad de San Martín junto a su hija y los compañeros, mientras hace trascender que él no se embandera con ninguno de los dos bandos en pugna. Sus laderos, como Guillermo Michel, dieron un paso más y empezaron a declarar en entrevistas que “debería liderar a todo el peronismo”. La remake con el 2023 no es casualidad: en aquel momento también supo construir su figura como “arquitecto de la unidad”, y en pleno tembladeral apareció sobre la hora como el candidato presidencial. “Sergio tiene todas las ganas, solamente le faltan los votos”, chicanea un dirigente del peronismo. Pero no todos se ríen: con una parte del peronismo buscando una opción más de “centro” -en donde revisten desde el dirigente porteño Juan Manuel Olmos o Victoria Tolosa Paz hasta la cordobesa Natalia de la Sota-, el kirchnerismo duro en armas y el kicillofismo por la suya, el riesgo de que todo el movimiento se fragmente en opciones electorales distintas es bien real. Y en río revuelto se sabe quiénes ganan.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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