La previa de la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra se transformó en un complejo escenario donde las pasiones deportivas, las heridas históricas y las tensiones del propio oficialismo argentino convergieron de manera dramática. La encargada de encender la mecha política fue la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel , quien utilizó sus redes sociales para rechazar de cuajo la idea de que el enfrentamiento fuera un simple espectáculo de fútbol, vinculándolo de forma directa con la causa Malvinas y la identidad nacional.
"Mañana jugamos contra los piratas usurpadores. No es un partido más. No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío, contra los ingleses siempre es algo más. Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararle el carro a los invasores. ¡Aguante Argentina! Porque hasta el último suspiro vamos a reclamar lo nuestro!", destacó en el posteo la segunda en la línea de sucesión del Poder Ejecutivo.
Ademas, en interacciones posteriores, apeló a su historia personal como hija de un militar, describiendo a los británicos como enemigos y cuestionando la "tibieza" de ver el partido como solo deporte. Estas declaraciones contrastaron marcadamente con la postura del entrenador Lionel Scaloni, quien, en la previa, buscó despolitizar el encuentro al afirmar que se trataba únicamente de un partido de fútbol.

En lo deportivo, Argentina revirtió un marcador adverso en el Mercedes-Benz Stadium gracias a ajustes tácticos y el liderazgo de Lionel Messi, logrando un 2 a 1 con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. Tras el triunfo, la selección argentina desplego una bandera con la leyenda "Las Malvinas son argentinas" —acción que esquivó las restricciones de la FIFA— y generó repercusiones internacionales.
Medios británicos como The Guardian y Daily Mail expresaron indignación, mientras fuentes oficiales de Londres exigieron investigar el hecho. Sin embargo, la vicepresidenta elogióel acto y tuiteó lo siguiente: ¡Las Malvinas son Argentinas! Prohibieron llevarlas a la cancha y se olvidaron que las llevamos en la sangre y el corazón".

Por su parte, el presidente Javier Milei celebró la victoria del conjunto albiceleste, pero se desmarcó de la vicepresidenta declarando en una entrevista radial que no había que caer en "eslóganes berretas, populistas y nacionalistas rancios" y fijo su postura apostando por la diplomacia internacional. Sobre la bandera en la cancha, el mandatario minimizó el impacto, considerándolo un sentimiento genuino que, a lo sumo, derivaría en una multa económica.
















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