Un chat de WhatsApp entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, acreditado con fuentes cercanas a la senadora porteña. Voceros de la Vicepresidencia, también fueron consultados por NOTICIAS para esta nota, pero no respondieron. El intercambio, ocurrido la noche del martes tras la clasificación de la Selección a la final del Mundial, terminó en un cruce de acusaciones personales que confirma lo que en los pasillos del Congreso ya nadie discute: entre Villarruel y el núcleo duro libertario no queda margen de reconstrucción.
El chat, tal como lo reconstruyó NOTICIAS:
Villarruel: ¿Cómo vamos a tener sesión después de haber casi ganado el Mundial?
Bullrich: ¡Para festejarlo!
Villarruel: ¿Para vender el país? Nadie quiere festejar en el Senado. Que cada senador vuelva a su provincia. No votando una ley indignante por el capítulo de tierras.
Bullrich: Para vos. Para nosotros cambiar el país es el desafío.
Villarruel: ¿Y lo cambian vendiendo tierras? Se nota que la integridad territorial no les importa nada.
Bullrich: No se venden tierras. Se desarrolla el país.
Villarruel: No se desarrolla nada. Cierran pymes todos los días y ustedes viven en Narnia. La gente no tiene para comer.
Bullrich: Yo vivo en la realidad. Los argentinos quieren progresar, dejar de ser subdesarrollados, populistas y pobres. ¿Cuántos kirchneristas habrán ido al Mundial?
Villarruel: Ustedes nos quieren rifar. No seas hipócrita. Yo tomo partido por Argentina. Preguntale a Viola, que se encontró con ellos allá.
Bullrich: Si no te gusta, ¡renunciá!
Villarruel: A mí también me votaron. Y no te votaron a vos. Así que agua y ajo.
Bullrich: A mí me votaron 6,6 millones y después el 51% de la Ciudad.
Villarruel: Llegaste tarde y te querés hacer la viva. Andá a chuparle las medias a Karina.
Bullrich: Chau. Comienzo y fin de una corta vida política.
Villarruel: Ser un parásito y casta como vos no es mi ejemplo de vida. Chau.
Bullrich (minutos después): Perdón, estaba festejando. Pero los buenos, como Messi, somos capaces de jugar muchos mundiales. Y nunca pensé que eras tan mal educada.
Lo llamativo no es el cruce en sí, sino lo que confirma: una relación que lleva más de dos años en caída libre, con episodios que se acumulan sin solución de continuidad, desde las diferencias por el manejo de invitados en la jura de senadores hasta las últimas semanas, marcadas por la decisión de Villarruel de demorar la convocatoria a Labor Parlamentaria y postergar así el debate de los proyectos más sensibles del Gobierno. Esa demora, que irritó particularmente a Bullrich, retrasó también el tratamiento de la Ley Hojarasca y de pliegos judiciales clave.
El proyecto que finalmente llegó al recinto este jueves, y que motivó el cruce, es la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que va mucho más allá del título. El texto modifica el régimen de compra de tierras rurales por parte de extranjeros, flexibilizando restricciones vigentes desde 2011, aunque mantiene la prohibición para que Estados extranjeros o empresas con participación estatal foránea adquieran suelo argentino. A eso se suman cambios en los procedimientos de desalojo, en el régimen de expropiaciones y modificaciones a la Ley de Manejo del Fuego, un combo que generó resistencia no solo en la oposición, sino también entre sectores del propio agro, que advierten sobre el riesgo de una nueva ola de concentración de tierras en manos extranjeras, en un país donde el antecedente de Lago Escondido todavía funciona como advertencia política.
Ese es, precisamente, el núcleo del desacuerdo de fondo entre Villarruel y Bullrich, más allá del enojo circunstancial por el fútbol. La vicepresidenta viene cuestionando en público la oportunidad y el contenido de la reforma, a la que calificó como una decisión que compromete la integridad territorial en un momento de dificultades económicas para las pymes. Bullrich, en cambio, la defiende como una actualización necesaria para atraer inversión, en línea con la agenda económica que el Gobierno.
El resultado es una interna que ya no distingue entre lo institucional y lo personal. Villarruel preside el Senado, cada vez más a contramatrcha con los deseos y agenda de Milei. Bullrich conduce la bancada libertaria, pero necesita sortear en cada sesión la resistencia de una vicepresidenta, que busca el versus para definirse de cara al 2027.














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