La noche de la clasificación argentina a la final del Mundial 2026 también tuvo su capítulo en San José 1111. Cristina Kirchner salió al balcón del edificio de Constitución donde cumple prisión domiciliaria para festejar junto a la militancia el triunfo 2 a 1 ante Inglaterra, en una escena que combinó el fervor futbolero con un guiño directo a la causa Malvinas.
Sobre la fachada del edificio se proyectó una imagen con la leyenda "SON ARGENTINAS" y la silueta de las islas del Atlántico Sur, en sintonía con el mensaje que horas antes habían mostrado los propios jugadores de la Selección en el campo de juego del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Allí, apenas terminado el partido, Lisandro Martínez, Giovani Lo Celso y Cristian Romero desplegaron una bandera blanca con la inscripción "Las Malvinas son argentinas", en un gesto que la prensa internacional replicó de inmediato y que reavivó la carga simbólica de un cruce que excedió lo estrictamente deportivo.
La polémica previa por la prohibición
El gesto de los futbolistas cobró una dimensión política adicional porque desafió abiertamente una restricción avalada por el propio Gobierno nacional. En la previa del partido, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había confirmado que el operativo acordado con la FIFA, el FBI y las policías de Estados Unidos e Inglaterra prohibía el ingreso al estadio de banderas, remeras o cualquier elemento con la leyenda "Las Malvinas son argentinas", al encuadrarlas como "contenido político". La definición generó un fuerte rechazo en la oposición: desde La Cámpora hasta sectores del radicalismo cuestionaron que el reclamo de soberanía fuera equiparado a una provocación, mientras el kirchnerismo remarcó que el propio Gobierno nacional no cuestionó públicamente a la FIFA por la medida, algo que sí había hecho la gestión anterior ante una restricción similar de la Conmebol.

Ese contraste alimentó el relato que el kirchnerismo construyó horas más tarde en San José 1111: la de un oficialismo que convalidó la censura de un símbolo histórico y una militancia, encarnada en los propios jugadores y en la escena del balcón, que decidió igual sostenerlo.
La expresidenta, que asoma a ese balcón desde hace más de un año en distintos contextos políticos y también personales, sumó así el festejo futbolero a la larga lista de postales que convirtieron a San José y Humberto Primo en un punto de referencia de la escena pública. Esta vez, sin embargo, la consigna no fue partidaria sino nacional: el cruce histórico con Inglaterra, cargado de memoria por la guerra de 1982, encontró en la remontada de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, tras la asistencia de Lionel Messi, el condimento perfecto para una celebración que combinó fútbol y patria.

La escena se replicó de manera espontánea en distintos puntos del país, con caravanas, bocinazos y banderazos que se extendieron hasta pasada la medianoche. En la Ciudad, el operativo especial desplegado en el Obelisco, con 800 efectivos de seguridad, contuvo a miles de hinchas que llegaron a festejar el pase a la final del domingo frente a España. En ese contexto, la imagen del balcón de Constitución iluminado con el mapa de las Malvinas terminó de sintetizar una jornada en la que la efeméride futbolera y el reclamo de soberanía se entrelazaron en el humor colectivo.
Con la Selección ya instalada en la definición del domingo, en la que buscará el bicampeonato ante España, el país entero se prepara para una nueva jornada de festejos populares, con la ilusión de la cuarta estrella como horizonte y, otra vez, la referencia a las islas como parte del relato emotivo que atraviesa este Mundial. Para buena parte de la militancia que se acercó a San José 1111, la imagen de Cristina Kirchner celebrando bajo la proyección de las islas resumió, en una sola escena, la mezcla de orgullo futbolero y reivindicación histórica que atravesó a la Argentina en esta jornada, con la polémica por la prohibición todavía fresca como telón de fondo.
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por R.N.


















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