Friday 17 de July, 2026

SOCIEDAD | Hoy 03:25

Copa 2026: el Mundial de los inmigrantes

La competencia marcó un récord de jugadores nacidos en países que no son los de su selección. El "español" y el "italiano" de Argentina.

El Mundial 2026 deja un récord que redefine el concepto mismo de selección nacional. Por primera vez en la historia de la Copa, 289 futbolistas representaron a un país distinto del que los vio nacer. La cifra equivale al 23,2% de los 1.248 jugadores inscriptos por las 48 selecciones participantes y refleja una transformación que ya no responde a una excepción, sino a una nueva lógica del fútbol globalizado. Apenas ocho seleccionados presentaron planteles compuestos por futbolistas nativos. 

Durante décadas, la camiseta de una selección simbolizó una identidad nacional casi inalterable. Hoy, las fronteras deportivas se volvieron mucho más permeables. Las migraciones, las dobles ciudadanías y las reglas de elegibilidad de la FIFA modificaron un mapa futbolístico que cada vez se parece más al de los clubes europeos, donde conviven futbolistas de múltiples nacionalidades.

Referentes

Erling Haaland nació en Inglaterra, pero lideró a Noruega por la nacionalidad de sus padres. Aymeric Laporte dejó atrás la imposibilidad de llegar a la selección francesa y terminó convirtiéndose en una pieza clave de España tras obtener la ciudadanía. Breel Embolo nació en Camerún y eligió representar a Suiza, país donde se radicó siendo niño. Diogo Costa llegó al mundo en Suiza antes de convertirse en el arquero de Portugal, mientras Michael Olise, nacido en Inglaterra, defendió a Francia. 

Los hermanos Williams representan otro símbolo de este fenómeno. Iñaki nació en Bilbao, pero eligió vestir la camiseta de Ghana, tierra de origen de sus padres. Nico, en cambio, permaneció en España y se transformó en una de las grandes figuras de la Roja. En un mismo hogar convivieron dos selecciones diferentes sin que existiera contradicción familiar, apenas decisiones deportivas y personales.

La lista continúa con Luca Zidane, nacido en Francia e integrante del seleccionado argelino por la ascendencia de su familia, Mateo Kovacic, nacido en Austria y convocado por la selección croata, y decenas de futbolistas distribuidos entre Marruecos, Argelia, Congo o Australia, países que encontraron en las diásporas una fuente inagotable de talento internacional. Por su parte, Estados Unidos contó con cinco foráneos, Haití con 16, Marruecos con 19 y Curazao con 25. estos últimos de la ex Holanda.

En medio del récord de futbolistas que representaron a un país distinto al de su nacimiento en el Mundial 2026, la Selección argentina presenta dos casos particulares, Nico Paz y Giuliano Simeone. El primero nació en España y el segundo en Italia, pero ambos eligieron la camiseta albiceleste por la herencia familiar. Es que ambos comparten el rasgo singular de ser hijos de dos mundialistas argentinos. Nico es hijo de Pablo Paz, defensor que disputó Francia 1998; mientras que Giuliano continúa el legado de Diego Pablo Simeone, integrante de los Mundiales de 1994, 1998 y 2002. En ambos casos, la identidad futbolística terminó pesando más que el lugar de nacimiento.

Sobran los motivos

Las razones detrás del fenómeno son múltiples. En algunos casos, las federaciones emprendieron verdaderas campañas de búsqueda para incorporar futbolistas formados en las grandes ligas europeas porque no encontraban dentro de sus fronteras jugadores de nivel internacional capaces de competir en una Copa del Mundo. En otros, fueron los propios futbolistas quienes aceptaron representar a la nación de sus padres o abuelos al comprender que difícilmente encontrarían un lugar en las potencias donde habían nacido. La selección nacional dejó de ser exclusivamente una cuestión de nacimiento para transformarse también en una oportunidad deportiva.

Intercultural. El cambio alcanzó incluso a los directores técnicos. El italiano Carlo Ancelotti condujo a Brasil, mientras los argentinos Mauricio Pochettino, Gustavo Alfaro, Sebastián Beccacece, Marcelo Bielsa y Néstor Lorenzo hicieron lo propio con Estados Unidos, Paraguay, Ecuador, Uruguay y Colombia, respectivamente

La presencia de esos entrenadores abrió otro debate, el de la identidad futbolística. Tras las eliminaciones comenzaron las críticas de quienes consideraban que un extranjero difícilmente podía representar la esencia cultural de un seleccionado. Ancelotti recibió elogios cuando cantó con emoción el himno brasileño, pero tras la eliminación lo acusaron de no darle libertad al “jogo bonito”. Pochettino, en cambio, quedó bajo la lupa por su relación con el himno estadounidense y por mantener públicamente su identidad argentina. 

La globalización ya transformó a los clubes y ahora el Mundial 2026 muestra que ese mismo proceso llega a las selecciones nacionales. El fútbol de selecciones, históricamente asociado al sentimiento de pertenencia, comienza a parecerse cada vez más al mercado internacional de los clubes: un escenario donde el talento circula sin fronteras y donde la identidad ya no depende únicamente del lugar de nacimiento, sino también de la oportunidad, la historia familiar y la conveniencia deportiva.

Galería de imágenes

En esta Nota

Mariano Casas Di Nardo

Mariano Casas Di Nardo

Comentarios