Manuel Adorni (CEDOC)

Adorni, el salvavidas de plomo: la tapa de NOTICIAS

Los hermanos Milei atan su suerte a la del jefe de Gabinete. La corrupción como causa común. Por qué lo sostienen.

"Anatomía de un instante" es un libro Javier Cercas, publicado en 2009. Ahí el escritor español -muy famoso en Argentina por, entre otras cosas, el último trabajo que hizo sobre el viaje de Francisco a Mongolia- desarma hasta el detalle lo sucedido en el Congreso español el 23 de febrero de 1981, cuando grupos militares intentaron hacer un golpe de Estado al gobierno de transición de Adolfo Suárez. Todo el libro está escrito literalmente alrededor de ese hecho: Cercas logra explicar toda esa turbulenta época, el reciente pasado de la dictadura franquista y los desafíos de la recién nacida democracia partiendo de lo que sucede en ese “instante” en el que las tropas entran al recinto.
Salvando las distancias se podría aplicar esa misma lógica a lo que sucedió en otro Congreso, el argentino. El momento del Gobierno, del fenómeno meteórico que llevó a Milei al poder y del desconcierto que aún atraviesa la oposición, se podría empezar a entender a partir del desembarco del jefe de Gabinete al recinto. El show de Manuel Adorni en el Parlamento muestra mucho más de lo que parece a simple vista. No es sólo un pataleo desesperado por cambiar la agenda de la crisis económica y de los escándalos por posible enriquecimiento ilícito del otrora vocero estrella -que se suman a ya varios casos de corrupción en este Gobierno- sino que desnuda hasta la médula las fragilidades del Gobierno y junto a él las de toda una época.

Examen

Todos los ministros estuvieron obligados por Karina Milei a asistir al recinto el miércoles 29 de abril. Fue la última de una ya larga historia de apoyos públicos al jefe de Gabinete, desde que el 8 de marzo estalló el escándalo luego de que su esposa se sumara a la comitiva oficial a Estados Unidos. La presencia de todos los funcionarios en los palcos del Congreso -salvo el canciller Pablo Quirno, ausente con aviso por un viaje- alentando y festejando cada monería del ex vocero se explica por una sola razón: el temor que genera la figura de Karina Milei, que ya desplazó a Santiago Caputo  -a quien sigue señalando como el culpable de las “operaciones” para “ensuciar a Manuel”- del timón de la administración y espera dar por finalizada esta crisis para terminar el copamiento. Es toda una postal de época: estrategas que se autopercibían como los reinventores de la pólvora, mesadineristas que se jugaban millones de dólares por día y montoneras reinventadas como la Bolsonaro porteña tienen que bailar al compás de la música que indica alguien que hasta hace poco peleaba por llegar a fin de mes entre lo que hacía como tarotista y vendedora online de tortas caseras.

En esa tesitura entra también el que conduce los destinos del país. La postal del Presidente gritando desde el balcón del recinto a cualquier diputado, hasta a algunos que son desconocidos para la opinión pública, evidencia hasta dónde la decisión de Karina Milei de sostener contra viento y marea a Adorni metió en un lodo a toda la administración libertaria. Esa imposición de la secretaria general trae consecuencias inesperadas: durante uno de los intervalos el mandatario insultó a toda la prensa -“son chorros, corruptos”- mientras se retiraba caminando apurado, escena que dejó expuesto el mal momento personal del mandatario.

Como contó este medio en su última edición, el libertario pasa cada vez más tiempo encerrado en la Quinta de Olivos, recibe a pocas personas, tiene poco contacto incluso con sus funcionarios más cercanos y está aumentando el tiempo diario que le dedica a las redes sociales, arriba de tres horas por día en promedio, a la par que su impacto en el mundo virtual viene en franca merma. Es el mundo del revés: el Presidente funge como el defensor público del jefe de Gabinete, y en ese apoyo público va dejando girones de su propia imagen. Tal vez es por esto que la soledad presidencial y su turbulenta personalidad están alcanzando niveles históricos. La paranoia del mandatario llegó al nivel que asusta incluso a dirigentes libertarios. Una frase que repite tanto en privado como en público y que causa estupor es la de “no hay crisis económica, ese es un invento del periodismo corrupto”.

La implosión del Gobierno, empujada por la parálisis en la que entró la gestión por el caso Adorni, el temor que genera Karina luego de la disminución de poder de Caputo y los molinos de viento contra los que pelea Milei, está acelerada. Todo este combo se traduce en que la propia base libertaria está golpeada: no sólo se evidencia esa merma en todas las encuestas, sino que una de las últimas apariciones públicas del mandatario dejaron una postal inédita. En la noche previa al show del jefe de gabinete en el Congreso, Milei dio una charla sobre Keynes en el Palacio Libertad junto al economista Juan Carlos de Pablo. En pleno discurso un joven seguidor suyo se acercó y sin mediar aviso le empezó a pedir que “escuchara a la militancia”, un pedido que nació en las redes sociales y que hace alusión al continuo desplazamiento del ala libertaria frente a los viejos reciclados políticos que habitan el espacio de Karina. Milei se limitó a decirle al joven que “no era el momento” para esa conversación.

En ese sentido, el escándalo Adorni sirve como un tapón, ya que la centralidad de la atención pública e interna hacia las desventuras del jefe de Gabinete se llevan toda la marca. En este punto se da una de las pocas coincidencias entre los dos bandos en guerra del Gobierno: si el funcionario fuera obligado a dejar su cargo provocaría un tembladeral interno tal que vendría aparejado con más cambios, en particular con el lugar que ocupa el por ahora estratega, en un momento donde el Gobierno está quebrado y en que incluso empiezan a aflorar diferencias y tensiones entre “Toto” Caputo y la hermanísima (ver recuadro). “Si se va uno, se va el otro”, es una frase que repiten desde los dos costados del río Bravo, en referencia a Adorni y al estratega. Atrás de la defensa cerrada al funcionario en el Congreso está la lógica de todos los involucrados: saben que se está jugando mucho más que la suerte personal del ex tuitero.

Expuesto

Con el caso de Adorni bien se podría usar la frase “dime de lo que te jactas y te diré de lo que careces”. Es que en el apoyo exagerado al jefe de Gabinete se esconden varias tramas. La más contundente es que el escándalo del funcionario está lejos de ser el único caso sospechado de corrupción en este Gobierno: a los préstamos para funcionarios del Banco Nación, los presuntos sobreprecios en el área de discapacidad, $Libra y los presuntos retornos en el PAMI y la ANSES se le van sumando los de funcionarios no tan conocidos, como lo de Andrés Vázquez de ARCA y el de Carlos Frugoni, funcionario de Luis Caputo (ver recuadro). Hay en el círculo rojo quienes piensan que detrás de la decisión de no soltar a Adorni está la lógica de evitar que, sin él en la palestra, la atención pública vaya a temas más espinosos como el posible enriquecimiento ilícito de la secretaria general o el penoso rumbo de la economía argentina. “No voy a renunciar, vine acá a dar la cara”, lanzó, provocativo, Adorni en el Congreso.

Entonces, el Gobierno que venía a terminar con los vicios de la casta se abraza a Adorni para exagerar una pureza que en ningún caso parece tener. Mientras, las sospechas sobre el jefe de Gabinete y los números que no le cierran se siguen acumulando. Desde hace dos meses que cada día se descubren más operaciones que parecen difíciles de justificar con un salario que, hasta enero de este año, era de menos de tres millones de pesos: vacaciones en Aruba, en el Llao Llao en Bariloche, en Punta del Este y en Rio de Janeiro con su familia (además de un viaje de la esposa a España en septiembre de 2025 en el que se registraron gastos en efectivo de US$ 6000), la compra de un coqueto departamento en Caballito -más su refacción con muebles nuevos- y de una casa country en Indio Cúa, y mensuales gastos millonarios en tarjeta. Como si fuera poco, no sólo la política olfatea que la fortaleza del Gobierno ya no es la que era: la Justicia se mueve a un ritmo frenético, como nunca tuvo durante esta administración, y las continuas noticias sobre el caso que se filtran desde el despacho del juez Ariel Lijo alimentan todos los fantasmas. Parte de las sospechas de Karina Milei de que atrás de la supervivencia del escándalo en los medios está su archienemigo interno y tienen que ver con que el juzgado del que salen es el del mismo a quien Santiago Caputo quiso para la Corte

Suprema

Poco importa si esto es cierto: con que lo crean los actores involucrados es más que suficiente para seguir fomentando el clima de destrucción interna.
En esta encrucijada el Gobierno quedó atrapado, y se quedó sin su principal espada mediática. Desde que estalló el caso Adorni sólo dio dos notas -en A24 y con Majul -en las que además de dejar para la historia su frase sobre “deslomarse” quedó como un mentiroso al asegurar que el viaje a Nueva York era la primer escapada desde que había llegado a la gestión- y una fallida conferencia de prensa, la antesala al cierre de esa sala de periodistas en la Casa Rosada. Ninguna de todas estas esquirlas parecen afectar a Karina Milei. Quienes hablan con ella entienden que la secretaria general tomó casi como una afrenta personal el hecho de que quieran desplazar a su protegido, y se niega rotundamente a dar el brazo a torcer. “No me van a decir a mí lo que tengo que hacer, ni el periodismo ni la oposición”, se la escuchó decir. Puede ser una manera de ver el vaso medio lleno, ya que si no debería reparar en que no tiene demasiadas opciones para reemplazarlos y que quien sí avanzó a pasos considerables en medio de esta tormenta es Patricia Bullrich (ver recuadro) a quien le desconfía. Adorni se convirtió en un salvavida de plomo de esta gestión.

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