Villa 31 (CEDOC)
De “Barrio 31” a “Villa 31”: el giro político de Jorge Macri
El cambio de enfoque marca una nueva etapa: más control territorial, combate al delito y una narrativa centrada en el orden.
En la Ciudad de Buenos Aires, el gobierno de Jorge Macri parece haber encontrado un eje claro para recomponer iniciativa política: el orden. No se trata de una consigna nueva en el ADN del PRO, pero sí de una resignificación frente al desgaste de los últimos años y a una gestión anterior que había priorizado, al menos en su narrativa, la integración por sobre el control.
La decisión de volver a hablar de “Villa 31” —y ya no de “Barrio 31”, como durante la etapa de Horacio Rodríguez Larreta— no es semántica sino política. Marca un cambio de enfoque. Donde antes se buscaba enfatizar la urbanización y la integración simbólica, hoy se pone el acento en la necesidad de restablecer reglas claras. El mensaje es directo: la ley no es optativa.
En ese marco, las medidas recientes muestran una estrategia de saturación y control territorial. El despliegue de 300 policías fijos —y un total de 1000 efectivos—, el cierre de corralones ilegales, la peatonalización de accesos y la demolición de un búnker narco formaron parte en la última semana de una política que apunta a desarticular tanto la expansión desordenada como las economías ilegales. “Orden en la Villa 31. Acá no hay zonas liberadas. No hay excepciones. No hay lugares donde la ley es opcional”, sostuvo el jefe de Gobierno, reforzando una narrativa sin matices.
La legisladora porteña Silvia Lospennato se ha convertido en una de las principales voceras de este giro. En diálogo con Delta 90.3, fue tajante: “La 31 tiene una ley de urbanización que prohíbe la existencia de corralones”. Su intervención no es casual. Tras la derrota frente a Adorni en 2025, Lospennato busca reposicionarse frente al electorado, y lo hace abrazando con claridad la agenda del orden.
Sus declaraciones apuntan a un diagnóstico crítico de la etapa anterior: crecimiento en altura sin control, falta de fiscalización y expansión de actividades informales. “Nadie estaba controlando si esto sucedía o no”, sostuvo, marcando implícitamente una ruptura con el "larretismo". Hoy, asegura, “hay decisión de control”, que empezó “cerrando los corralones al interior del barrio” y avanzó con un esquema más amplio de ordenamiento.
Pero el giro no se limita a la Villa 31. La política de desalojos de propiedades tomadas y la saturación policial en el subte forman parte de un mismo esquema: recuperar presencia estatal donde se percibía ausencia. En paralelo, el gobierno porteño intenta equilibrar el mensaje con políticas dirigidas a la clase media, como los créditos de vivienda, en contraste con una narrativa que endurece su postura frente a las usurpaciones.
El propio Jorge Macri refuerza ese contraste al afirmar que “la Ciudad es una sola y eso implica los mismos derechos, pero también las mismas obligaciones para todos”. En esa línea, justificó las medidas al señalar que “se terminó el ingreso de material para seguir agrandando esto”, en referencia al crecimiento descontrolado de la villa, y remató: “La ley y el orden rigen en cada metro cuadrado de la Ciudad”.
El trasfondo político también juega su parte. La caída en desgracia del jefe de Gabinete Manuel Adorni—hoy bajo la lupa judicial y con un rechazo creciente en sectores de la sociedad— abre una ventana de oportunidad para reordenar el escenario. En ese contexto, el énfasis en el orden funciona como un reanclaje discursivo y como una forma de recuperar legitimidad tras un 2025 complejo.
Sin embargo, la apuesta no está exenta de riesgos. El endurecimiento puede consolidar apoyo en sectores que demandan mayor seguridad, pero también reabre debates sobre inclusión, derechos y el rol del Estado en los sectores más vulnerables: el giro a Jorge Macri le vuelve a dar peso en la puja con los libertarios y en la aprobación de la clase media (aun en la progresiata que prioriza la seguridad y el orden cuando vota).
La pregunta de fondo es si este nuevo equilibrio entre orden y desarrollo logrará sostenerse como espada comunicacional y política. Por ahora, lo cierto es que la Ciudad vuelve a hablar el lenguaje que históricamente le resultó más cómodo al PRO. Y en ese idioma, Jorge Macri logró reconstruir narrativa propia, el punto de partida para buscar la reelección.
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