En un escenario de máxima tensión política dentro del Gabinete Nacional, la geopolítica de la inteligencia parece haber tomado una posición determinante. Cristian Auguadra, el hombre de confianza de Santiago Caputo que hoy timonea la SIDE, recibió un espaldarazo estratégico desde los Estados Unidos: fue recibido en el cuartel general de Langley por el mismísimo director de la CIA, John Ratcliffe.
El encuentro, cargado de simbolismo y oportunidad política, tuvo como eje central el reconocimiento a los esfuerzos argentinos en la lucha contra el terrorismo internacional. Según trascendió tras la reunión, Ratcliffe valoró positivamente la creación del Centro Nacional Antiterrorismo, calificándolo como una "iniciativa única en la región". El gesto no es una mera formalidad diplomática; la agencia norteamericana ya adelantó que en el mes de abril entregará a sus pares argentinos un "reconocimiento institucional", lo que funciona como un blindaje externo para Auguadra justo cuando su estabilidad en el cargo está bajo fuego amigo.
Tal como reveló La Política Online (LPO), la pulseada por el control del organismo de inteligencia es total y divide aguas en la Casa Rosada. Mientras el sector que responde a Lule Menem y el flamante ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, ya sondean reemplazos —con nombres que van desde el abogado Jorge "Corcho" Anzorreguy hasta perfiles técnicos del Poder Judicial—, el respaldo de la administración Trump a través de la cúpula de la CIA le otorga al equipo de Caputo un aire vital para resistir la embestida.
Para el asesor estrella del Presidente, retener la conducción de la SIDE es una prioridad de primer orden en su esquema de poder. En un contexto global convulsionado por la guerra en Irán, el hecho de que el jefe de la CIA haya hecho un lugar en su agenda para recibir al funcionario argentino envía un mensaje nítido hacia el interior de la Libertad Avanza: para Washington, el interlocutor validado y confiable sigue siendo el ala de Caputo.
Sin embargo, la batalla por los espías y el presupuesto de la inteligencia está lejos de terminar. Los Menem pretenden concretar el recambio antes de que finalice esta semana, en una carrera contra el reloj que ahora choca de frente con el sello de aprobación de Langley. La interna libertaria ha dejado de ser una disputa de despachos para transformarse en un tablero de ajedrez donde las potencias extranjeras también mueven sus piezas.














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