En la política, las casualidades suelen ser construcciones de laboratorio. Lo que el periodista Jonatan Viale puso bajo la lupa recientemente no es solo una similitud retórica, sino un fenómeno que en los pasillos de Balcarce 50 empieza a oler a manual de crisis: las defensas de Manuel Adorni y el ex diputado José Luis Espert ante sus respectivos escándalos son, palabra por palabra, un calco.
El mantra de los "25 años"
El patrón es estético y discursivo. Ante la adversidad, ambos recurren a la misma balsa de salvación: el pasado exitoso en la actividad privada.
- La frase: "Trabajé 25 años en el sector privado" se convirtió en el escudo universal.
- El argumento: Lo usó Espert cuando estalló la denuncia por sus oscuros vínculos con el narcotráfico y el financiamiento de su campaña; y lo repitió Adorni, casi con la misma entonación, cuando estalló el escándalo por el uso de fondos públicos para viajes y presuntas dádivas.
La estrategia es clara: instalar que el patrimonio personal es fruto de un esfuerzo previo, una suerte de "ahorro sagrado" que los exime de dar explicaciones sobre el presente. Sin embargo, las contradicciones no tardaron en aparecer. Adorni aseguró primero que sus pasajes los pagó "con sus ahorros", una línea argumental idéntica a la que esbozó Espert sobre los pagos en dólares por sus trabajos como economista.
Las mismas mentiras
La gravedad del asunto radica en que el discurso del "no somos lo mismo que los de antes" empieza a chocar de frente con la realidad de los expedientes. Las pruebas acumuladas sobre el hilo de los hechos —especialmente en el caso de los viajes del Vocero— muestran grietas que el relato no alcanza a tapar.
No se trata solo de una defensa corporativa, sino de una forma de evadir la responsabilidad ante la Justicia. El oficialismo parece manejar un "Manual de Excusas Libertarias" donde la palabra "sector privado" funciona como un pase de inmunidad diplomática.
¿El próximo en la fila?
Tras el escándalo que terminó con la salida de Espert de la escena principal, la duda sobre el futuro de Manuel Adorni crece en la misma proporción que su exposición mediática. Si el guion es el mismo, el final de la película podría no ser diferente.
En un Gobierno que hizo de la transparencia su bandera de guerra contra "la casta", el uso de defensas calcadas para justificar patrimonios vidriosos y favores estatales empieza a generar un ruido interno insoportable. Al final del día, las mismas palabras suelen esconder las mismas verdades: la Justicia no se conforma con currículums, sino con facturas. Y en este juego de espejos, las cuentas siguen sin cerrar.
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