Axel Kicillof en Mar de Ajó (Cedoc)
El peronismo gira al centro mientras Kicillof avanza
El gobernador prepara su salto nacional, La Cámpora debate su rumbo y las internas del PJ sacuden distritos clave.
El peronismo bonaerense volvió a entrar en ebullición. Tras la derrota electoral y en medio del reordenamiento opositor frente al gobierno de Javier Milei, el movimiento atraviesa una nueva etapa de internas, reposicionamientos y alianzas inesperadas. En el centro de ese tablero aparece Axel Kicillof, que se prepara para iniciar en abril una etapa abiertamente presidencialista que podría redefinir el liderazgo del espacio.
En el entorno del gobernador hablan de un “segundo tiempo” político que comenzará en las próximas semanas. Ese proceso incluirá un reposicionamiento nacional, mayor autonomía de la provincia y, sobre todo, un distanciamiento cada vez más claro del liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner. No se trata de una ruptura abrupta, pero sí de un cambio de equilibrio: Kicillof busca consolidarse como el dirigente que encarne la renovación del peronismo tras el ciclo kirchnerista.
Ese movimiento ya empezó a provocar efectos internos. La Cámpora, históricamente alineada con la conducción de Cristina Kirchner y Máximo Kirchner, atraviesa su propio debate estratégico. En un sector crece la idea de moderar el discurso y avanzar hacia posiciones más pragmáticas para reconstruir una mayoría electoral. Otro grupo, en cambio, insiste en sostener el relato más confrontativo que marcó al kirchnerismo en los últimos años.
La discusión se refleja incluso en gestos políticos que hasta hace poco hubieran parecido impensables. La intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, una de las figuras emblemáticas del kirchnerismo duro, comenzó a tender puentes con sectores históricamente enfrentados al kirchnerismo, como el campo y parte del empresariado productivo. Su visita a Expoagro fue interpretada como una señal política de apertura.
“El campo es uno de los sectores más importantes de nuestra producción”, dijo Mendoza durante la recorrida por la muestra en San Nicolás, donde planteó la necesidad de articular campo e industria para generar empleo y valor agregado. La escena marca un giro simbólico dentro del kirchnerismo, que durante años mantuvo una relación conflictiva con el sector agropecuario.
La misma lógica aparece en las recorridas por el entramado industrial del conurbano. Mendoza visitó recientemente una fábrica en Hurlingham junto al intendente Damián Selci, donde dialogaron con empresarios y trabajadores sobre la crisis productiva. El mensaje político es claro: reposicionar al peronismo como defensor de la industria nacional frente al ajuste libertario.
En paralelo, otras figuras del oficialismo bonaerense empiezan a moverse pensando en la sucesión provincial. Entre los nombres que circulan aparece Martín Otermín, aliado de Máximo Kirchner, que busca proyectarse como uno de los posibles herederos del poder territorial de Kicillof. En ese mismo lote aparece el intendente de Pilar, Federico Achával, otro dirigente que intenta posicionarse dentro del tablero bonaerense.
Mientras tanto, las internas del peronismo se multiplican en el territorio. En Tigre, uno de los distritos que en las últimas elecciones simbolizó la fragmentación del peronismo, la disputa escaló incluso al plano judicial. Sectores locales denunciaron maniobras para bloquear listas opositoras dentro del propio PJ y presentaron recursos ante la Corte Suprema, denunciando “conducciones puestas a dedo”.
El conflicto tiene nombres propios. Dirigentes del peronismo de Tigre acusan a sectores vinculados a Sergio Massa y La Cámpora de intentar imponer una lista encabezada por Luis Samyn y excluir a la alternativa que representaba Mario Zamora. Un fallo del juez federal Alejo Ramos Padilla había habilitado esa candidatura, pero la Junta Electoral partidaria desconoció la resolución y avanzó con la eliminación de la lista. Para los denunciantes, se trata de una maniobra destinada a evitar una elección interna real en uno de los distritos clave del conurbano norte.
La pelea interna también estalló en San Miguel, donde dirigentes denunciaron el uso de recursos públicos en una elección partidaria. Allí, el candidato de la lista 4, Santiago Fidanza, actual viceministro de Desarrollo Social bonaerense, fue acusado de utilizar estructuras del Estado para movilizar afiliados y captar votos.
Las denuncias incluyen reparto de electrodomésticos en galpones partidarios y hasta ofrecimientos de dinero para trasladar votantes el día de la elección. El episodio alimentó críticas opositoras y volvió a exponer las tensiones entre gestión y aparato político dentro del peronismo provincial.
Todo este cuadro refleja un momento de transición profunda. Con Cristina Kirchner cada vez más lejos del centro del escenario y Axel Kicillof preparando su salto nacional, el peronismo bonaerense atraviesa un proceso de reconfiguración todavía abierto.
La paradoja es que mientras el movimiento intenta reorganizarse para enfrentar al gobierno de Milei, sus disputas internas siguen marcando el ritmo del debate político. Y en ese contexto, el camino presidencial que Kicillof comenzará a recorrer en abril podría terminar redefiniendo no sólo la estrategia electoral del peronismo, sino también su identidad política para los próximos años.
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