Mientras presentaba a la Argentina ante inversores globales en Nueva York, el canciller Pablo Quirno subió a sus redes un video propio hablando en inglés fluido. El gesto, aparentemente menor, carga con un peso simbólico que la historia reciente de la Cancillería no puede ignorar.
La Argentina Week se desarrolló entre el 9 y el 12 de marzo en Manhattan, con la presencia de empresarios, banqueros e inversores internacionales. El evento fue organizado por JP Morgan, Bank of America y Kaszek, junto con la embajada argentina en Estados Unidos, con el objetivo de reunir a más de 400 líderes del sector privado, funcionarios estadounidenses y referentes de la política internacional. El embajador Alec Oxenford lo definió como "el mayor road show de inversiones de la Argentina del que se tenga registro reciente".
En ese contexto, Quirno tomó la palabra ante los inversores y, sin intérprete, desgranó el plan de gobierno: "Lo que hemos hecho durante los primeros dos años fue crear las condiciones desde el Poder Ejecutivo para establecer las bases para el crecimiento durante muchas décadas", dijo en un inglés que no requirió traducción ni corrección posterior.
El contraste con sus antecesores inmediatos en el Palacio San Martín es difícil de pasar por alto.
Felipe Solá, canciller entre diciembre de 2019 y septiembre de 2021, llegó al cargo con un manejo del idioma que sus propios colaboradores describían sin eufemismos. "Tiene un manejo del inglés limitado, quiere perfeccionarlo", contaron en su entorno cuando aún no había asumido. Se preparaba para el cargo con clases de inglés incluidas. Al canciller Jorge Faurie, que lo precedió, no se le escapó el detalle: antes de que Solá asumiera, dijo públicamente que para ocupar ese rol "hay que aprender a hablar primero", en una chicana que quedó registrada.
El sucesor de Solá, Santiago Cafiero, elevó la apuesta —en el peor sentido. En marzo de 2022, durante la Expo Dubai, las dificultades que tuvo el canciller para leer un discurso en inglés se hicieron virales en redes y se convirtieron en tendencia. En la propia Cancillería sostuvieron que Cafiero había cometido además un error protocolar grave, ya que no estaba obligado a hablar en inglés en un evento que se denominaba "Día Nacional de la Argentina", y que lo correcto hubiera sido expresarse en castellano con traducción simultánea. El episodio derivó en un cruce con el periodista Jorge Lanata, que terminó con Cafiero insultándolo en inglés —probablemente el fragmento más fluido de toda su actuación en ese idioma.
El historial de tropiezos idiomáticos de la diplomacia argentina es, en realidad, más largo. Carlos Menem le dijo a George Bush "Mister President, gud blis iu" en los jardines de la Casa Blanca, y Domingo Cavallo llegó a Washington a explicar la situación económica del país, pero no entendió casi nadie.
Licenciado en Ciencias Económicas en The Wharton School de la Universidad de Pensilvania, Quirno construyó su carrera en JP Morgan, donde trabajó como director para América Latina con base en Nueva York. El inglés, para él, es el idioma en el que trabajó durante décadas negociando fusiones, reestructuraciones y deuda soberana frente a los mismos inversores que ahora escuchan su pitch sobre la Argentina.
Su llegada a la Cancillería fue interpretada como una señal hacia los mercados: el Gobierno busca consolidar la alineación entre la política exterior y la estrategia financiera. En ese marco, hablar inglés sin tropiezos no es un mérito. Es, simplemente, el piso mínimo que el cargo exige —y que, por primera vez en años, quien lo ocupa cumple sin necesidad de traductores ni de editar el video antes de subirlo.














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