Encuesta (CEDOC)
Encuesta: el 41,9 por ciento no puede seguir resistiendo la actual situación económica
El relevamiento de Giacobbe & Asociados sobre 2.500 casos expone un país fracturado ideológicamente y al límite de su tolerancia social.
El dato es contundente y tiene nombre propio: "frontera de dolor tolerable". Así denomina la consultora Giacobbe & Asociados al índice que mide cuánto tiempo creen los argentinos poder aguantar el actual contexto económico. Y la respuesta mayoritaria es categórica: el 41,9% declaró que no puede resistir nada más.
El relevamiento fue realizado entre el 4 y el 9 de mayo sobre 2.500 casos en todo el país, con un margen de error del 2%. El 15,1% estimó poder aguantar hasta seis meses; el 8,2%, un año; el 3,5%, dos años; y el 2,8%, tres. Solo el 27,5% dijo poder sostener la situación durante cuatro años, lo que coincide exactamente con el tiempo que resta del mandato de Javier Milei.
El número tiene una dimensión política precisa: el oficialismo sostiene que lo peor ya pasó y que la economía comenzó a estabilizarse. Pero la percepción social va en dirección contraria. La combinación de inflación acumulada, caída del consumo y pérdida de poder adquisitivo erosionó la paciencia de una porción mayoritaria de la sociedad, y esa erosión no respeta el relato oficial.
El mismo informe midió la imagen de los principales dirigentes, y el cuadro es igualmente adverso para casi todos. Milei registró 35,9% de imagen positiva y 53,9% negativa. Patricia Bullrich es la figura oficialista mejor posicionada, con 39,7% positivo, pero aun así carga con 49,7% negativo. Victoria Villarruel obtuvo el mayor rechazo entre los evaluados: 59,3%. En la oposición, Cristina Fernández de Kirchner marcó 35,9% positivo y 53,9% negativo; Axel Kicillof, 34,1% positivo con 53,2% negativo. Mauricio Macri quedó al fondo con 16,5% de aprobación y 57,3% de rechazo.
La encuesta incluyó además preguntas abiertas: definir en una sola palabra el liberalismo y el progresismo. Las nubes de respuestas son un espejo del estado de ánimo nacional. Para el liberalismo conviven "libertad", "pobreza", "corrupción" y "delincuentes". Para el progresismo, "avance" y "decadencia" aparecen en pie de igualdad. Un país que no se pone de acuerdo ni en el vocabulario.
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