Feinmann (CEDOC)

La dura pelea entre Eduardo Feinmann y Ari Lijalad por la jueza Laura de Marinis

El cruce estalló por el fallo que sobreseyó a un adolescente de 14 años y escaló con acusaciones, chicanas y agravios cruzados en redes sociales.

La polémica por el fallo de Laura De Marinis salió de los tribunales y terminó convertida en una feroz pelea entre Eduardo Feinmann y Ari Lijalad. El detonante fue la decisión de la jueza porteña de declarar inconstitucional, para un caso concreto, la aplicación del nuevo Régimen Penal Juvenil y sobreseer a un adolescente de 14 años acusado de tentativa de robo.

Feinmann cuestionó con dureza la resolución en su programa y pidió mostrar el teléfono y la dirección del juzgado para que la audiencia expresara rechazo. Lijalad reaccionó en X y calificó al conductor de “mafioso” por impulsar ese escrache.

El periodista de El Destape publicó luego dos fragmentos del fallo. Destacó la situación personal del adolescente —padre ausente, madre con epilepsia, problemas económicos y deseo de regresar a la escuela— y la explicación de De Marinis sobre el sistema de protección integral. “Vale la pena leer el fallo completo”, sostuvo. Señaló que los jueces que liberaron delincuentes, a su criterio, eran otros: Ariel Lijo, Mariano Llorens, Pablo Bertuzzi, Horacio Rosatti y “compañía”. “No esta jueza”, remató.

Feinmann citó ese mensaje con una respuesta tajante: “Siempre del lado de delincuentes y asesinos”. Lijalad agradeció con ironía que difundiera su publicación y redobló el ataque: “Confirmás que no es incompatible ser mafioso y pánfilo”.

Un día después, el conductor retomó el cruce. “Ari, cuando quieras discutimos el fallo y los hechos. Para los insultos no me necesitás: te desenvolvés perfectamente solo”, escribió. Y agregó: “Cuando se terminan los argumentos, empiezan los insultos”. Según Feinmann, había hablado de hechos y su colega había respondido con agravios: “Los lectores sabrán distinguir”.

En el centro de la disputa quedó el expediente que De Marinis resolvió el 21 de septiembre. El caso se originó en Palermo, donde un hombre denunció que un grupo de adolescentes había intentado robarle. No hubo heridos ni bienes sustraídos. La magistrada consideró la vulnerabilidad del chico y dispuso la intervención de organismos de protección. Aclaró que la ley aún seguía vigente para los demás casos y que su decisión no constituía un mensaje de impunidad.

La Fiscalía apeló el sobreseimiento y pidió apartar a la jueza, mientras el Gobierno porteño promovió una denuncia por mal desempeño. Pero en X, la discusión ya transitaba otro terreno: entre “mafioso”, “pánfilo” y acusaciones de estar del lado del delito, Feinmann y Lijalad hicieron del fallo una batalla personal.

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