Thursday 24 de September, 2026

POLíTICA | Hoy 15:05

Kicillof y Mamdani: los entretelones de la foto que buscada

Kicillof logró la foto con Mamdani que parecía imposible. Por qué se mostró con Manzano ante Wall Street. La que faltó: Lula, a días de votar en Brasil.

Hace un mes, la foto no existía. Ni siquiera figuraba en los planes. Ante los primeros sondeos bonaerenses, el entorno de Zohran Mamdani había contestado con cortesía y sin margen: el alcalde no hacía fotos ni encuentros con presidentes ni mandatarios extranjeros, solo con sus pares, los alcaldes. La regla tenía lógica. Un socialista con nueve meses en Gracie Mansion, bajo la lupa permanente de Donald Trump, no necesitaba abrir frentes de política exterior.

Pero Nueva York cambió de rol y el neoyorquino cambió de posición. Con la ciudad como anfitriona de la 81ª Asamblea General de la ONU, Mamdani entendió que la vidriera también era suya. Recibió a Lula, volvió a verse con Trump y presidió un desayuno bautizado "Construyendo una economía para la mayoría" que sentó en la misma mesa al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, al titular del Consejo Europeo, António Costa, a la premier de Barbados, Mia Mottley, y al gobernador bonaerense. La rendija fue el formato: no era el alcalde recibiendo a un aspirante presidencial, era el anfitrión de una mesa multilateral. Para La Plata, alcanzaba y sobraba.

Axel Kicillof habló último. Y eligió el momento con precisión de relojero: mientras Javier Milei subía al estrado de Naciones Unidas, el gobernador negaba el "milagro económico" y hablaba de una "verdadera catástrofe", con empleos perdidos, empresas que cierran y salarios en caída. Contraprogramación pura. Después llegó lo que el candidato del peronismo ansiaba: la foto con el progresista más exitoso del momento, el hombre que conquistó la ciudad más emblemática del capitalismo contra el establishment demócrata y contra el trumpismo a la vez.

Kicillof con Mamdani

La mesa tuvo además otro valor. Sánchez es hoy el líder socialdemócrata con más peso en Europa y uno de los blancos predilectos de Milei, que lo eligió como enemigo desde el primer día. Compartir el desayuno con él, en la casa del alcalde que Trump amenazó con asfixiar, le permitió a Kicillof armar en una sola mañana el elenco completo de lo que el Gobierno detesta. El resto de la agenda completó el dibujo: una charla sobre el futuro de América Latina en The New School, otra en la Universidad de Columbia y entrevistas con medios estadounidenses. Dos viajes en la misma ciudad y en la misma semana, con agendas que no se tocaron en ningún punto.

La búsqueda tiene explicación en el mapa. El progresismo latinoamericano se quedó sin vidrieras. La debacle de Boric dejó a José Antonio Kast en La Moneda. Gustavo Petro entregó el poder en agosto a Abelardo de la Espriella, un outsider de derecha que asumió con Milei entre los invitados. Petro, de todos modos, sigue a disposición: se ofreció a ayudar a Kicillof en lo que haga falta, un gesto que vale más como afecto que como capital. 

Quedan dos referentes en pie de todos modos en Latinoamérica para que Kicillof pueda trazar lazos que lo impulsen en su rol de presidenciable. Con Claudia Sheinbaum el vínculo es bueno y fluido. Y está Lula, el gran elector simbólico de la región, que estuvo en Manhattan pero no se cruzó con Kicillof. No hubo foto, y no fue un olvido. Brasil vota el 4 de octubre y las encuestas muestran un escenario de nervios: Lula lidera la primera vuelta, pero Flávio Bolsonaro aparece en empate técnico para el balotaje del 25, e incluso por delante en alguna medición. Atarse hoy a una figura que puede recibir un revés en las urnas en pocas semanas es un riesgo que el axelismo prefirió no correr.

El cálculo tiene su contracara. Si Lula se impone al heredero de Bolsonaro, la foto se buscará, y rápido. Sería la oportunidad de subirse a una ola de resistencia frente a la seguidilla de victorias de la derecha en la región, con Brasil como dique de contención. Y si a eso se suma una derrota republicana en las elecciones de medio término del 3 de noviembre, atribuible a Trump, el menú para el gobernador se amplía: el socio más ruidoso de Milei debilitado en casa, un progresismo global con Mamdani como cara joven y Lula como veterano victorioso. Material de campaña para quien busca mostrarse presidenciable antes de que el peronismo termine de ordenar su interna.

Kicillof con Mamdani

Porque la gira no fue solo de izquierda. El otro Kicillof, el que busca un giro al centro, se mostró en Nueva York con fondos que tienen bonos bonaerenses como Vanguard, Eaton Vance y GoldenTree, con BlackRock en la sala aunque no tiene deuda provincial, y con ejecutivos de Google y Microsoft. El mensaje fue de previsibilidad: la Provincia paga, cumple y dialoga. El objetivo, despejar la pregunta que Wall Street se hace en voz baja sobre qué pasaría con un Kicillof en la Casa Rosada.

Pero la imagen que más ruido hizo en el peronismo fue otra. En la mesa de empresarios apareció José Luis Manzano, el mendocino que controla Edenor junto a Daniel Vila y Mauricio Filiberti y que acaba de quedarse con Metrogas por 780 millones de dólares. Manzano es un termómetro: sus movimientos se leen como apuestas. Y su cercanía histórica estuvo del lado de Sergio Massa, no del axelismo. Verlo sonriente junto al gobernador, con Carlos Bianco y Pablo López en la foto, es una señal para adentro tanto como para afuera.

Kicillof volvió con dos fotos que dicen cosas distintas y se complementan. Una le habla al electorado progresista y a la interna: el gobernador juega en la liga de Mamdani y Sánchez. La otra le habla al poder económico: no hay que temerle. Falta la tercera, la de Lula. Esa depende de Brasil, y se revela en octubre.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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