Patricia Bullrich. (Cedoc.)
Las provocaciones de Patricia Bullrich
Orgánica en el Senado, anárquica frente a los micrófonos. Qué busca Patricia Bullrich cada vez que tensa la cuerda con los Milei.
Cuando Patricia Bullrich fue a presentarse ante Victoria Villarruel, la conversación fue tensa. No era para menos: en los días previos se había filtrado que la ex ministra llegaba al Senado para dar la batalla legislativa contra el kirchnerismo, pero también para enfrentar a una vicepresidenta que los hermanos Milei habían borrado hacía tiempo de su lista de aliados. Villarruel, que conoce bien a los dos, le dejó un consejo: "Patricia, no te pelees conmigo, porque más temprano que tarde vas a estar de este lado". Se refería a la pelea que, según ella, tarde o temprano iba a tener Bullrich con los Milei, sobre todo con Karina, con quien Villarruel nunca congenió, ni siquiera cuando se llevaba bien con Javier.
Esos días de tensión llegaron rápido y, cada vez que puede, Bullrich tensa la conversación. El último episodio sucedió a mediados de septiembre cuando se enteró por los diarios que el Presupuesto 2027 recortaba la emergencia en Discapacidad, un tema que ella negociaba con la oposición. Ella se diferenció y tildó el tema como una "provocación". Incluso, en una entrevista con el canal La Nación +, cuando le dijeron que Diego Santilli sostenía que el tema se había conversado en la mesa política, respondió: "Eso es mentira. Cuando se habló del presupuesto, yo estaba". Y sumó un testigo: "Martín Menem tampoco sabía nada, y él se quedó tres minutos más que yo".
Para seguir tensando la conversación, publicó un video con una canción de Lali Espósito, la cantante con la que Milei está enfrentado desde hace años, cuya letra habla de no dejarse controlar. Sin sutilezas.
El martes 22 de septiembre, la mesa política que encabeza Karina Milei le pidió que las diferencias se plantearan puertas adentro. Ella contestó ese mismo día, en América 24: "Yo voy a seguir yendo a los medios. Si a mí me ocultan la información, yo voy y lo digo". Al día siguiente, Karina reunió a los senadores libertarios en un restaurante de sushi de Villa Urquiza y la sentó cerca. A la salida, Bullrich, sonriente, habló de "una charla de amistad, de compañerismo y de buena onda". El jueves ya estaba en el Senado negociando la Carta Orgánica del Banco Central y la ley de zonas frías.
Dos caras. En sus intervenciones en el Senado, Bullrich no critica nunca a Javier Milei y tampoco a Karina. Es la oradora que cierra los debates que más le importan al Gobierno: el Presupuesto, la reforma laboral, el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Es una persona clave para el oficialismo, pero cada vez que envía señales de autonomía, todo cruje. En junio se abstuvo de votar en contra del pliego de la jueza Verónica Micheli cuyo retiro Milei había pedido por escrito. En agosto sacó el capítulo de tierras rurales de la ley de propiedad privada y lo justificó así: "Este Senado no es una escribanía". A fin de mes se ufanó de haber sacado a las fintech de la reforma laboral: "Lo sacamos del proyecto que había mandado el mismo Ejecutivo".
Las tensiones ya venían de antes. En mayo le exigió a Manuel Adorni que presentara "de inmediato" su declaración jurada; el jefe de Gabinete esquivó el choque con un "Pato es una fenómena". En junio le ofreció a Milei dejar la jefatura del bloque. En enero decía "si Milei me lo pide, seré candidata"; en julio ya se tenía "una fe bárbara" para la Ciudad. Es cierto también que Bullrich, a la hora de sostener el poder, es camaleónica.
El contraste con Martín Menem es todavía más claro. El presidente de Diputados tampoco sabía del recorte en discapacidad y, según la reconstrucción de varios medios, también se quejó, pero nunca frente a un micrófono. Bullrich lo nombró como testigo en televisión. Menem es el modelo de lo que Karina espera de cualquier afiliado a La Libertad Avanza.
Las respuestas públicas fueron pocas. Santilli defendió que los temas se hablan en la mesa política y elogió el video de Lali. "Estuvo muy bien, divertido", dijo y después bajó el tono. El diputado libertario Santiago Santurio dijo que "no es lo mejor salir y decirlo en los medios", pero le quitó gravedad. Milei respondió por WhatsApp a una periodista de espectáculos sobre el video de Bullrich: "Me parece una tontería mayúscula politizar el arte". Lo interesante del vínculo entre Bullrich y los hermanos Milei es que la tensión nunca escala a niveles de no retorno. Es como si Bullrich y los hermanos supieran hasta dónde se puede tensar.
Motivos. Según la consultora Tres Punto Cero de Shila Vilker, la imagen positiva de Bullrich ronda el 39 por ciento, igual que la de Milei en algunos relevamientos, y la diferencia entre imagen positiva y negativa le da mejor que al Presidente. Se ve a sí misma como un complemento en lugar de aliada. Es una sutil diferencia. Cerca de ella, además, se ilusionan con verla en la boleta del año que viene. La aspiración máxima, si la convivencia se sostiene, sería la vicepresidencia. Milei tiene otros candidatos antes, uno sería Guillermo Francos.
Mientras tanto, Patricia sabe que por ahora es imprescindible: nadie en el Gobierno puede darse el lujo de perder a quien junta los votos. Afuera, la autonomía la protege de los costos del ajuste. Cada provocación le cuesta poco, porque del otro lado está la sesión que ella misma garantiza. Es su seguro de supervivencia.
Lealtad. Su trayectoria suele contarse como una sucesión de lealtades: la Juventud Peronista en los setenta; el peronismo de los noventa; la Nueva Dirigencia de Gustavo Béliz, la Alianza y el Ministerio de Trabajo de De la Rúa; un partido propio que pocos recuerdan llamado Unión Por Todos; la Coalición Cívica de Elisa Carrió; el PRO de Mauricio Macri (del que fue ministra, presidenta y candidata presidencial) y, finalmente, La Libertad Avanza. Jaime Durán Barba la resumió con una metáfora: "Pato" es un ave migratoria.
Dicen que en el último tiempo dejó de cambiar de partido y pasó a ser leal solo a sí misma. Pero hay una lectura más incómoda: que siempre fue así. Es decir que su agudeza política podría ser tan fina que le permitió dar el paso justo en el instante en el que había que saltar para sostenerse en un lugar competitivo dentro de la política. Esta lectura fue la que hizo que Mauricio Macri se convenciera, en 2023, de que había que apoyar a Javier Milei en el balotaje contra Sergio Massa. Luego terminó ella como ministra y Macri apenas comiendo unas milanesas cada tanto en Olivos.
Esta capacidad de Bullrich para mudarse de un partido al otro podría interpretarse como una traición constante a aquellos que confiaron en ella. Pero Bullrich lo ve exactamente al revés: las personas en las que ella confió y creyó, traicionaron sus ideas. Son miradas.
En su entorno la justifican con el argumento de que los cambios de camiseta no fueron traiciones sino la única lealtad que tuvo siempre: la propia. Y además sumó un valor clave para cualquier político: ahora tiene votos para no necesitar un partido que la cobije.
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