Javier Milei (CEDOC)

Milei al Congreso: quiénes son los diputados que lo esperan en modo barrabrava

El oficialismo busca orden, pero un sector opositor ya avisó que responderá a los insultos con confrontación.

El domingo a las 21 el Congreso no será un recinto: será una tribuna. Cuando Javier Milei abra las sesiones ordinarias, el hemiciclo tendrá menos clima de ceremonia republicana que de clásico caliente del fútbol argentino. El Presidente, fiel a su estilo, no ha ahorrado calificativos para referirse a los diputados opositores. Los llamó “degenerados fiscales”, “delincuentes” o simples “casta”. Y en política, como en el fútbol, las ofensas no se archivan: se cobran.

El oficialismo llega con una premisa clara: mostrar autoridad institucional, reivindicar el equilibrio fiscal y capitalizar la narrativa del orden. La oposición dura, en cambio, parece transitar otra lógica. Tras un 2025 en el que el peronismo supo hacer gala de su capacidad de daño parlamentario —con leyes contrarias al superávit y decretos que se lograron anular—, la realidad del inicio de sesiones en este 2026 es diametralmente opuesta. Tras la victoria en octubre, Milei exhibe su mejor momento político desde que asumió en diciembre de 2023. Tiene el control del Legislativo con el acompañamiento de gobernadores aliados, con los que selló la reforma laboral y hasta podría pensar en ampliar la Corte y nombrar a un centenar de jueces.

Por eso, en el peronismo menguante, algunos concluyen que las herramientas reglamentarias se agotaron. “Solo queda pudrirla”, deslizó un legislador la semana pasada, frase que sintetiza una estrategia más emocional que parlamentaria.

La sesión de reforma laboral fue un anticipo. En medio del debate, la diputada Florencia Carignano arrancó los cables de los taquígrafos para interrumpir y demorar la votación. La escena tuvo algo de performance desesperada y algo de mensaje interno: si no hay números, habrá ruido. El gesto, más allá de la anécdota, marcó el tono. Y ese tono podría replicarse el domingo, con cámaras en vivo y rating asegurado.

Martín Menem lo intuyó. El jueves reunió a los presidentes de bloque con la intención de pactar una tregua mínima para la visita presidencial. No hubo acuerdo. Desde Unión por la Patria avisaron que ejercerán “la libertad de expresión” porque, argumentan, Milei los insulta. Un legislador aliado describió el clima con crudeza: “Todos coincidíamos en autocontrolar los ímpetus. Salvo el bloque UP, que estaba quisquilloso e incómodo”. Otra diputada cercana al Gobierno fue más directa: “Van a buscar el quilombo”. Y la advertencia final sonó casi futbolera: “Atento, Menem, porque te la quieren pudrir”.

En esa primera línea de choque aparecen nombres conocidos: Cecilia Moreau, Juan Grabois, Julia Strada, Carignano, Paula Penacca, Agustina Propato, Carlos Castagneto. A ellos podría sumarse Marcela Pagano, que supo integrar el oficialismo bonaerense pero hoy orbita como aliada del kirchnerismo (quedó bajo sospecha por filtrar discusiones internas). El bloque opositor no es homogéneo, pero comparte una intuición: si el Presidente convierte el recinto en escenario de agravios, habrá réplica.

Del lado libertario tampoco sobra mansedumbre. Menem prometió contener a los propios —Lilia Lemoine, Lisandro Almirón, Nicolás Mayoraz—, que suelen desbordarse en el intercambio dialéctico. Pero esa cadena es frágil y se suelta rápido: en la lógica mileísta, la confrontación no es un accidente: es método. El Presidente entiende el conflicto como combustible político y sabe que su base celebra el cuerpo a cuerpo verbal.

El riesgo es que el discurso inaugural, que constitucionalmente debería marcar prioridades de gestión, quede sepultado bajo la espuma del escándalo. El Congreso, en vez de foro deliberativo, puede mutar en tribuna de barrabravas donde cada bancada canta su hit y silba al rival. No sería la primera vez que la política argentina confunde intensidad con eficacia. Pero hay algo distinto esta vez: la sensación de que algunos ya no buscan persuadir ni bloquear, sino simplemente exhibir resistencia.

El domingo no solo hablará Milei. Hablarán los gestos, los murmullos, los carteles, los aplausos y los abucheos. Hablará la Argentina crispada que encuentra en el recinto una metáfora de sí misma. El Presidente tendrá la palabra. ¿La oposición el volumen? Y en ese duelo de decibeles se jugará algo más que un discurso: se pondrá en escena el estado real de la convivencia democrática.

Si prevalece la épica del aguante sobre la lógica institucional, el Congreso será apenas una cancha con micrófonos. Y la política, otra vez, un clásico donde nadie quiere empatar.

En esta Nota