Javier Milei (CEDOC)

Milei va por todo

El Presidente montó un show en el Congreso y no encontró resistencia. Las reformas que quiere este año y el laberinto sin final de la oposición. Karina, empoderada.

Argentina quedó envuelta en una paradoja. Como ya contó en numerosas ocasiones este medio, fue la imaginación lo que llevó a Javier Milei a meterse en política. A casi seis años de esa primera conversación entre Dios y el libertario, en la que el Supremo le “ordenó” ser candidato, hoy de nuevo es su imaginación la que aparece en el centro de la escena. Pero ahora ya no es parte sólo de ese mundo esotérico y místico que suele habitar el libertario, sino todo lo contrario: las fuerzas que controla Milei no son sólo las del cielo sino las de toda la política argentina. La luna de miel que atraviesa el Gobierno, envalentonado luego de la victoria electoral del año pasado y de un furioso arranque legislativo en lo que va de este, fue personificado por el propio mandatario en la apertura de sesiones del Congreso. 
Desde el atril en el recinto le gritó con profunda violencia a la oposición -a la que ni siquiera mostraron las cámaras-, fue aplaudido por más de la mitad del recinto -un reflejo de lo cerca que está el oficialismo de los estratégicos dos tercios de los votos- y prometió dedicar este año a una batería de reformas profundas y a “construir una arquitectura jurídica e institucional nueva”, una sugerencia velada sobre lo que podría llegar a ser una nueva reforma constitucional. Milei, hoy, sólo tiene a su imaginación como límite. Y va a ir por todo.
Pan y circo. Una diputada de la oposición amigable seguía desde su banca, con profundo desagrado, el show que ofrecía Milei desde el estrado del Congreso. A pesar de que tiene un rechazo casi visceral con el kirchnerismo, no le gustaba demasiado que el Presidente los insultara con tanta violencia: “manga de delincuentes, cavernícolas, golpistas, asesinos, parásitos”. Gran parte de su bloque, sin embargo, festejaba cada ocurrencia del libertario. Ella se sumó rápidamente a ese clima festivo: una de sus asesoras le empezó a envíar el minuto a minuto del rating, donde se veía cómo Milei -a pesar de que no llegó a los números televisivos de otra época- subía a medida que se iba brotando contra el kirchnerismo. Para cuando terminó, el Congreso entero -salvo la oposición dura- aplaudía a rabiar al mandatario.
Desde que comenzó el año, el Gobierno logró aprobar la reforma laboral más drástica desde que volvió la democracia, la baja de la edad de imputabilidad -algo que, por poner un ejemplo, intentó hacer sin éxito el macrismo en dos ocasiones cuando estuvo en el poder- y avanzó con una ley de Glaciares que pone en la mira a las reservas de agua que garantizan ni más ni menos que el 40 por ciento del agua dulce que alimenta las cuencas hídricas del país. Todo esto, además, lo logró sin transpirar: para la reforma laboral alcanzó los 44 votos en el Senado y luego de esa votación tres senadores del peronismo del interior abandonaron el bloque del PJ. Si esos tres se sumaran, en un futuro, a votar con el oficialismo, Milei quedaría a sólo un voto de los estratégicos dos tercios. Ese es el número que ilusiona al Gobierno de cara a este año: sea para meter jueces de la Corte Suprema, para el Procurador General, para designar a los jueces que quedan vacantes, o para las reformas que el Presidente anunció en el Congreso, como los cambios electorales y también del Código Penal, Civil, y Comercial. Todo esto, además, sería sin la necesidad de acordar con el kirchnerismo. 
Por la potencia en el Congreso y los puestos claves que faltan cubrir en el mundo judicial es que el nombramiento de Juan Bautista Mahiques en ese ministerio adquirió tanta importancia. En especial a lo que hace a la interna: hasta horas antes de ser desplazado, Sebastián Amerio, el segundo de esa cartera, pensaba que seguiría en su lugar. Amerio responde a Santiago Caputo, y de hecho estuvo con él en un palco en la apertura de sesiones. Un detalle que es mucho más que eso: ni él ni el estratega fueron ponchados en ningún momento de la transmisión, una orden de Karina Milei que por segundo año consecutivo dejó a sus rivales afuera de las pantallas. 
La expulsión de Amerio, a pesar de que agita la interna, en un punto despeja las dudas del círculo rojo: el avance de la secretaria general, que antes había nombrado al jefe de Gabinete y al del Interior, ya entró en un punto irrefrenable. “Las fuerzas del cielo”, la agrupación que responde al asesor Caputo, podría dar fe. Sobre el cierre de esta edición el clima derrotista se extendía por todo ese grupo. Y hasta se hacía público: Alejandro Sarubbi Benítez, participante del streaming caputista “Carajo” y abogado personal de Daniel “El Gordo Dan” Parisini, se quejaba en su cuenta de X de que el bando de la hermanísima “ya tiene todo el poder, hace rato” y que la designación del karinista Santiago Viola en reemplazo de Amerio era “incomprensible”. Postales de una pelea con un resultado ya establecido. 
Las dudas en el Gobierno pasaban, luego del recambio en Justicia, por cuál sería la siguiente área que la secretaria general buscaría conquistar. YPF y la SIDE, ambas bajo el control del autodenominado “Mago del Kremlin”, encabezan esa lista de intenciones.
Enfrente. Mientras tanto, la oposición parece a años luz de poder presentarle una seria competencia a Milei. Con Cristina Kirchner condenada y afuera de la cancha, el tiempo que falta para las elecciones nacionales transcurre entre intrigas palaciegas y horizontes cada vez más cortos. “El problema es que el peronismo se municipalizó. Estamos como los radicales hace 15 años: nos preocupamos por ver si podemos conseguir unos pesos para hacer una rotonda, y vamos camino a ser un partido que como mucho va a poder decir 'manejamos tantos municipios'”, se sincera un dirigente peronista. El apoyo clave para aprobar la reforma laboral de Javier Noguera, diputado tucumano que entró a la Cámara en las últimas elecciones dentro de Fuerza Patria, fue una enorme alerta para toda la oposición. El hombre dejó la intendencia de la ciudad de Tafí Viejo en manos de su esposa, Alejandra Rodríguez, y en los pasillos de la Cámara muchos en la oposición veían atrás del hecho de ocupar su banca para dar quórum una necesidad económica para ese municipio.
El kirchnerismo no logra romper esta parálisis. Axel Kicillof recita ante quien lo va a ver una lista de todas las fuerzas que apoyan su candidatura presidencial: la CGT, gran parte de los intendentes del conurbano, y varios movimientos sociales, entre otros. Sin embargo, la época parecería indicar otra cosa: Horacio Rodríguez Larreta perdió en 2023 en primera vuelta con el apoyo de casi todo el entonces aparato opositor, mientras que Milei llegó a Presidente desde un estudio de televisión. CFK -a la que el Presidente le aseguró en el Congreso que “estaría presa toda la vida”- mantiene un perfil bajísimo, cambió de táctica en la Justicia -de darle una lectura política y mediática a sus causas a sólo defenderse técnicamente y en silencio, señal de que es consciente de que su poder está lejos de ser el de otros tiempos-, y empezó un operativo de apertura. Recibió a Carlos Maslatón, a Esmeralda Mitre, y ahora a Miguel Ángel Pichetto, ni más ni menos que el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri -a quien acusa de haber empujado su destino judicial cuando era presidente- y hasta hace unos meses quien se encargó de juntarle los votos a Milei en la Cámara. “Coincidimos con Cristina en que hay que armar un frente como el que hizo Lula contra Bolsonaro”, salió diciendo Pichetto de esa reunión. ¿Se dará? “Le podrían poner la Unión Democrática”, bromeó con maldad un dirigente kirchnerista que mira de reojo estos nuevos rumbos. 
De hecho, quien parece ser el principal sostén del kirchnerismo es el propio Milei. La exagerada atención que le viene poniendo el mandatario a este espacio -protagonista absoluto de sus dardos en el Congreso- es directamente inverso al poder real que hoy tiene. Esto marida con una información que publicó el periodista Carlos Pagni: una encuesta de Casa 3, la consultora de Mora Jozami, reveló que para el 68% de los votantes de La Libertad Avanza “el kirchnerismo está terminado”, idea que comparte el 41% del total de los encuestados. Si la política, como decía el teórico del nazismo Carl Schmitt, consiste ante todo en “identificar al enemigo”, Milei podría entrar en un problema: necesita tener un rival enfrente al menos para hacer de sparring, tal cual sucedió en el Congreso cuando insultó a gente que, sin cámaras y con los micrófonos apagados, no se podía defender. 
El oficialismo, de cualquier manera, viene trabajando en la construcción de un nuevo oponente: el “extranjero”, figura apuntada por la cual cambiaron vía decreto la Ley de Migraciones y alcanzaron en enero un “récord” -tal cual festejó en las redes la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva- de más de 5.000 extranjeros expulsados en dos meses. Esto sucede mientras que una parte del Gobierno insiste con la idea de crear una “Policía Migratoria”, como el ICE trumpista.
Es que Milei, por ahora, avanza en todos los frentes sin encontrar ningún freno. En el círculo rojo, mientras tanto, sólo aparece algo parecido al miedo. La cruzada del Presidente contra Paolo Rocca, Javier Madanes Quintanilla, de Fate, y Roberto Méndez, el CEO de Neumen, apenas fue contestada, un mes después, por un tibio comunicado de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Luego del discurso del domingo, en donde Milei apuntó a “empresarios corruptos” y nombró apenas elípticamente a los tres recién mencionados, uno de ellos empezó a llamar a economistas mediáticos y a ex funcionarios amigos. El pedido era que salieran a respaldarlo en notas y medios ante los embates presidenciales. La respuesta fue invariable: un no rotundo, y alguno hasta se animó a sugerirle que en todo caso saliera él mismo a defenderse. El pánico corre cómo pólvora en el círculo rojo nacional. 
A poco más de un año del cierre de listas de la próxima elección presidencial, el libertario parece tener sólo un enemigo de peso: él mismo. 

En esta Nota