Selvaggio (CEDOC)

San Isidro otra vez de moda: guía del corredor de Fondo de la Legua

El corredor vive un revival con patios, fuegos y coctelería top. Cuatro paradas para comer en verano: Selvaggio, Felino, Presidente Bar y Joe’s Grill.

San Isidro está viviendo un revival que no depende de una sola apertura rutilante, sino de algo más interesante: la consolidación de un corredor. Fondo de la Legua —históricamente zona de paso, de autos y concesionarias— empezó a mutar en un eje donde la gente elige quedarse. Se nota en la circulación nocturna, en el after office que ya no obliga a cruzar a Palermo, y en un detalle clave del verano: cada vez más propuestas piensan el “plan” completo, con patio, fogón, barra, café y cocina para compartir. La lógica es simple: si el calor pide mesas largas, horarios relajados y comida que aguante la conversación, el corredor ofrece justamente eso, con accesos cómodos para los que vienen de Capital y también para los que bajan desde zona norte y Pilar. El resultado es un microclima gastronómico donde conviven formatos distintos —autoservicio de picadas, fuegos, coctelería de ranking mundial, parrilla americana— pero con una misma promesa: salir sin complicarse y sin resignar calidad.

Selvaggio (Fondo de la Legua 59)

En un panorama donde la palabra “experiencia” suele inflarse hasta perder sentido, Selvaggio elige un camino más sobrio —y por eso mismo más inteligente—: recuperar el placer elemental de una picada bien armada y un vino bien elegido, pero reordenados bajo una lógica contemporánea. Su diferencial es poco común en Argentina: un sistema de autoservicio de quesos, fiambres y embutidos, inspirado en modelos estadounidenses, pero adaptado al paladar local. El gesto es simple y adictivo: uno arma su propia selección, elige la bebida (idealmente con maridaje sugerido) y se instala donde mejor le calce el ánimo: sillones, mesas amplias, sectores verdes, fogones, rincones íntimos o patio.

La clave es la libertad, que no se vive como desorden sino como control consciente del plan. En producto, el lugar evita el exhibicionismo gourmet: variedad y curaduría sin rarezas impostadas. Y suma un plus real: el sommelier está para orientar sin invadir. La cava —“la joya” del proyecto— apunta alto con etiquetas importadas (Francia como referencia) y bodegas pequeñas de nivel, y hasta permite reservarse para catas o eventos. Detrás, Tomás Molina tomó una idea vista en Miami y la tradujo con criterio, sin copiar. Selvaggio no quiere reinventar nada: propone un plan social, flexible y bien ejecutado, perfecto para el verano cuando la mesa larga manda.

Felino (Av. Fondo de la Legua 280)

Felino cumple dos años y encaja como anillo al dedo en el nuevo Fondo de la Legua: un lugar de encuentro pensado para “cualquier hora”, con restaurante de cocina de fuegos, cafetería y bar, ideal para ir con amigos, en pareja o en modo after office. La carta mezcla platos de comfort y guiños de parrilla moderna: desde una milanesa con tallarines con manteca (para quienes no negocian lo clásico) hasta pollo al cilantro y lima a las brasas con guacamole y verduras, ribs a la barbacoa con fritas, risotto de mar, pastas y guiso de lentejas para el que quiere cuchara.

La cafetería funciona de 8 a 19 con opción para llevar o sentarse, mientras el restaurante abre al mediodía y a la noche, lo que lo vuelve práctico para planes de verano que arrancan temprano o se estiran. El otro punto fuerte es la barra, con coctelería de autor: tragos fijos y rotativos, con combinaciones como el Lili Scotch (con Lillet Blanc y naranja/canela) o el White Basil, más herbal y fresco, ideal para calor. Y como si le faltara un guiño “tendencia”, anuncian eventos de vino y astrología: una fórmula ya instalada en Palermo que ahora aterriza en San Isidro.

Presidente Bar (Hipódromo de San Isidro, Av. Márquez y Av. Fleming)

Que uno de los bares argentinos mejor rankeados del planeta tenga sede en San Isidro es, en sí mismo, un síntoma del revival. Presidente Bar, reconocido por The World’s 50 Best Bars, replicó en el Hipódromo su ADN de glamour y coctelería quirúrgica, pero con la ventaja de no tener que bajar a Recoleta para vivir esa experiencia.

Es un plan perfecto para una salida de verano “con premio”: luces, clima exclusivo, atención afinada y una carta donde conviven clásicos y autor. Para ir con amigos, el juego es pedir un par de cócteles emblema y compartir: el Negroni Presidente (con un armado propio y flores de hibiscus) o el Negroni Perfecto, más intenso y sofisticado, son puertas de entrada para entender por qué el bar construyó reputación. El punto es que acá el trago no es “acompañamiento”: es protagonista, y el ambiente ayuda a que la noche tenga tono de ocasión, aun cuando sea un jueves cualquiera. Ideal para quienes quieren elevar la salida sin caer en el circuito obvio del centro porteño.

Joe’s Grill (Av. Fondo de la Legua 340)

Joe’s Grill suma al corredor una veta muy específica: la cocina de inspiración norteamericana, con porciones generosas, sabores claros y esa lógica “family & friends” que en verano funciona porque no exige solemnidad. Es el lugar para ir con chicos, con amigos hambrientos o con un grupo que quiere comer “fuerte” sin vueltas. Las papas son casi un capítulo aparte —clásicas, a la provenzal o con cheddar y panceta— y aparecen como guarnición natural de ribs ahumados y opciones veggie.

Pero el plato que mejor define el espíritu del lugar es la pizza Joe’s: salsa casera, mucha muzzarella y, arriba, un salteado potente de pollo con verduras (cebolla, zanahoria, zucchini, berenjena y morrón), servido literalmente como “plato de cocina” sobre una masa artesanal crujiente. No busca fine dining: busca impacto, sabor y esa sensación de que el plan salió bien porque todos comieron lo que querían. Para noches calurosas, es ideal si se combina con una mesa larga, pedido compartido y cero prisa.

En esta Nota