Sociedad / 19 de marzo de 2013

El papa visto desde el mundo

Los desafíos de Francisco

Por qué puede convertirse en el próximo Juan Pablo II. Cómo diferenciarse de Ratzinger.

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Foto de archivo: Jorge Bergoglio junto al difunto papa Juan Pablo II.

“Francesco, va e ripara la mia casa, perché, come vedi, va in rovina”. Francisco, ve y repara mi casa porque, como veis, está en ruinas. La historia asegura que en el año 1205, cuando escuchó una voz que le impartía esa orden, San Francisco de Asís formuló votos de pobreza y salió al mundo a predicar una nueva lectura de los Evangelios basada en la humildad y el ejemplo. La “casa en ruinas” era, naturalmente, la Iglesia Católica, que atravesaba una de las peores crisis de su historia, corroída por la simonía, el boato, la codicia, las transgresiones y el vicio de sus ministros.

El pensamiento de San Francisco de Asís sintetiza los objetivos que pretende desarrollar el nuevo Papa una vez que se siente en el trono de San Pedro. También permite comprender por qué los otros 114 miembros del Colegio de Cardenales decidieron romper la tradición y elegir al pontífice de las “primeras veces”: el primer no europeo desde hace más de un milenio elegido por un colegio integrado mayoritariamente por europeos, el primer miembros de la Compañía de Jesús, orden casi diabolizada, que estuvo prohibida entre 1773 y 1814, y el primero que va a ejercer su pontificado bajo la mirada escrutadora de su predecesor.

La situación actual no es demasiado diferente del panorama que percibía San Francisco de Asís hace 808 años. En el 2013, la Iglesia está en ruinas.Bergoglio definió la elección en los escasos minutos que duró su intervención en las congregaciones generales que se celebran antes del cónclave. Esas asambleas, equivalentes a una primaria política, permiten a los cardenales definir las necesidades de la Iglesia y bocetar poco a poco el identikit del nuevo papa.

Su intervención tuvo el efecto de un electroshock sobre los otros 114 cardenales. Ese mensaje, que aún permanece secreto, no difiere demasiado de lo que dijo en la homilía que pronunció durante la misa de Deo gratiae celebrada el jueves en la Capilla Sixtina: “Cuando caminamos, edificamos y confesamos sin la cruz, no somos discípulos del Señor. Cuando caminamos sin la cruz somos mundanos. Podemos ser obispos, cardenales o sacerdotes, pero no sus discípulos”. El gran riesgo de la Iglesia es convertirse “en una ONG piadosa”, dijo.

Esa fórmula, marketinera pero impactante, hizo comprender a los cardenales que, si no operaba un cambio radical, la Iglesia de Pedro corría el riesgo de perder su alma. Después de cinco votaciones en 27 horas de cónclave se supo que la mayoría de los purpurados no estaban divididos en bloques nacionales, sino que fueron aglutinándose en bloques doctrinarios e ideológicos. El anhelo de abrir las ventanas para recibir una corriente de aire fresco prevaleció sobre otras consideraciones y fragmentaciones.

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