Teatro / 9 de septiembre de 2016

Todas las canciones de amor: La atracción de Marilú

“Todas las canciones de amor” de Santiago Loza. Con Marilú Marini. Dirección: Alejandro Tantanian. La Plaza, Corrientes 1660.

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La atracción de Marilú

★★★★ Si hubiera que definir a la actriz argentina Marilú Marini con una palabra, yo diría: estilo. Estilo en la forma de conducirse, de andar, de sentarse o, incluso, ponerse de pie. Estilo en esos atuendos sin tiempo, cuyos diseños parecen pertenecerle, en un hallazgo de sobriedad de aquellas épocas donde las mujeres eran también obras de arte (según decía Victoria Ocampo); o en los gorros o sombreros que suele ceñirse con natural elegancia. Estilo, sobre todo, en la interpretación. Nunca una exageración, ni cuando corresponde ser exagerada; y, si es necesario, será con una galanura tan personal, tan única, como si de estirpe le viniera el conocimiento hasta dónde se puede llegar, cuál es el tono adecuado. Sin la menor licencia, jamás, a la chabacanería o a lo vulgar. Sugerente, sí, pero no demagoga. Y, curiosamente, sin dejar nunca de entregarse en cuerpo y alma a su personaje, preservar algo así como un misterio no develado. Algo que esa presencia ficticia en la que se convierte para habitar únicamente bajo las luces del escenario, se guarda para sí, y que tienta, incita al público a no perderla de vista, para arrancarle el último secreto. Acaso esa sea la clave de la atracción ineludible ejercida por los grandes actores sobre los espectadores. En tal caso, es uno de los muchísimos talentos de Marilú.
Porque desde su regreso a la escena porteña, allá por 1997, con “La mujer sentada” de Copi, junto a Alfredo Arias, en el San Martín (gracias a la impecable programación que imaginó el director artístico de entonces, un irremplazable Ernesto Schoo), más sus posteriores y, por suerte, frecuentes trabajos aquí, ahora todos la llamamos simplemente por su nombre, siempre asociado a la excelencia.
Esta vez no es la excepción: los textos son de Santiago Loza (obsesionado en extensos monólogos femeninos), la dirección (imaginativa) de Alejandro Tantanian y con canciones en vivo, pero el espectáculo es Marilú.
En la piel de una sencilla ama de casa que cuenta sus vicisitudes y pensamientos, mientras espera, tras tres años de ausencia, la visita de su hijo homosexual, en pareja con un hombre de color; Marini realiza un trabajo deslumbrante e imperdible.

 

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