Las exequias de José Antonio Primo de Rivera. (Cedoc)

Cómo se construyó el mito fascista de José Primo de Rivera

Las monumentales exequias del fundador de la Falange Española, en 1939, son el tema de “Presentes” de Paco Cerdá, un libro sobre poder y represión en la dictadura de Franco.

José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, fue una figura central para el régimen instaurado por Francisco Franco al final de la guerra civil española. El ideólogo fascista, fundador de la Falange Española, fue “canonizado” por el franquismo como mártir y transformado en símbolo de su lucha contra todos los enemigos políticos.

A los 33 años, José Antonio fue fusilado en la prisión de Alicante donde estaba cautivo, al poco tiempo de comenzada la guerra, el 20 de noviembre de 1936. Tres años después, sería el protagonista de unas exequias majestuosas, que trasladarían su cuerpo a pie desde Alicante hasta la basílica de El Escorial en un recorrido, pueblo por pueblo, que duró 11 días. Llevado en andas por hombres vestidos con el uniforme de la Falange, rodeados de antorchas y símbolos fascistas, bajo el sol o la luna, ese cortejo surcó España como homenaje al mártir, pero también como advertencia para todos aquellos que se opusieran al régimen. Acababa de empezar el capítulo más oscuro de la historia de España.

 

 

“Presentes” se llama el libro del periodista español Paco Cerdá que narra el desarrollo de esa interminable procesión. “Presente” era la consigna con la que se saludaba la memoria de José Antonio; pero la palabra, en plural, alude más bien a los ganadores y perdedores que dejó tras sí el resultado de la guerra. Sus historias se despliegan en un fresco deslumbrante a lo largo del libro, que intercala cada capítulo de las exequias con las desventuras de los asesinados y exiliados de la dictadura. Miguel de Molina, Miguel Hérnández, el diseñador Mariano Rawicz o Guiomar, la amada de Antonio Machado, son algunos de los personajes conocidos que aparecen en las páginas de “Presentes”.

 

 

Cerdá, periodista del diario El País y docente de escritura de no ficción en la Universidad de Valencia, ya había escrito sobre los inicios de la guerra en el volumen “14 de abril” (Libros del Asteroide). Con “Presentes” ganó el Premio Nacional de Narrativa en 2025, el Zenda y el premio Ojo Crítico.

De visita en Buenos Aires, dialogó con NOTICIAS sobre la investigación que volcó en el texto.

Noticias: ¿Cuánto tiempo le llevó reunir el material para escribir “Presentes”?
Paco Cerdá: Casi 3 años de sumergirme en cartas, memorias, dietarios, emerotecas, libros y el testimonio familiar, para intentar narrar ese rostro humano de la posguerra en dos sentidos. Por un lado, mostrar cómo la propaganda modeló un mito, un mártir de mártires. Y, por otro lado, señalar las distintas represiones que el régimen intentaba ocultar en esos mismos 11 días en los que el cortejo atravesaba España. Represaliados en cárceles, campos de concentración, exilio, paredones de fusilamiento. También aparecen algunos supuestos vencedores de guerra que estaban pagando las consecuencias, muriéndose en la cama o haciendo cola como mutilados. Creo que la complejidad de la posguerra en el año '39 obligaba a buscar todos estos casos. Ellos reflejan la dicotomía entre la barbaridad inhumana que es la dictadura en su nacimiento y la resistencia desde una dignidad de principios admirable que muchos opusieron y pagaron.

 

 

Noticias: ¿Cuánto tiempo después de la última batalla se realizaron estas exequias de Primo de Rivera?

Cerdá: La guerra empieza en el '36 con un golpe de estado y termina oficialmente el 1 de abril del '39 con la conquista de Alicante. El puerto de Alicante es el último reducto de la España republicana. Quien puede se sube a un barco, el Stanbrook, y se encamina al mar a finales de marzo. El 1 de abril Francisco Franco firma el último bando. "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Y esa es la gran estafa del régimen. Porque empieza la represión, los fusilamientos, los encarcelamientos. Empieza una purga a la España díscola para que el régimen pueda vivir más tranquilamente. Siete meses después se realiza este cortejo fantasmagórico entre fuego, simbología nazi y parafernalia fascista, recién iniciada la Segunda Guerra Mundial, para demostrar quién manda en la nueva España. Y en ese contexto un viaje de este calibre simbólico resulta aleccionador para gran parte de la España leal a la República. Imaginar el miedo que debían sentir las personas que veían pasar ese cortejo pone los pelos de punta.

 



 

Noticias: ¿Cuál fue el derrotero del cadáver de José Antonio?

Cerdá: Primero lo fusilaron y lo enterraron en el cementerio de Alicante. Luego lo trasladaron en esa peregrinación hasta El Escorial. Franco, entonces, empezó a cobijar su fantasía megalómana de realizar el Valle de los Caídos donde sería sepultado él mismo. Pero antes de morir trasladó a allí a José Antonio. Franco después fue enterrado junto a él y a miles de muertos en la guerra. Entre ellos, republicanos. Nadie pidió ser enterrado con él. Imagínate lo macabro de la historia. El Valle de los Caídos, ahora llamado Valle de Cuelgamuros, está en un proceso de resignificación. El gobierno de España quiere dotarlo de un nuevo contenido. Veremos qué pasa. La memoria en España, como en Argentina, es fuente de controversia.

 

 

Noticias: Su libro anterior, “14 de abril”, es también sobre este período histórico.
Cerdá: Sobre un momento anterior. El momento de la explosión de la esperanza. El “14 de abril” fue el momento de las utopías. Siempre he ido recorriendo esas vidas minúsculas, pequeñas, al margen y el gran relato histórico atravesándolo todo. Es imposible entender el mosaico completo sin ese tensor entre gran historia y pequeñas vidas. Es lo que da temperatura emocional a la vida. No se puede entender la motosierra de Milei sin el que baja la persiana.
Noticias: ¿Hay en España la sensación de que no se ahondó lo suficiente en lo que pasó en la guerra civil?
Cerdá: En España, a diferencia de la Argentina, hubo 40 años de dictadura en los que el manto de olvido silenció cualquier tipo de recuperación de la memoria. Pero el pasado no pasa, nos acompaña. Es una piedra en el zapato que llevamos. Y por más que se empeñen algunos, la memoria no se puede enterrar. Quien todavía está en las fosas comunes de España, intentando recuperar los restos de sus familiares, casi 90 años después de la guerra, no se pueden permitir el olvido. 90 años después. ¿Tú te imaginas que dentro de 40 años en Argentina siga pasando esto?

 

 

Noticias: ¿Qué pasa una vez que se instaura la democracia con la derecha española?

Cerdá: Primero, nunca hubo dos Españas, hubo muchas Españas. La monárquica, la republicana, la socialista, la comunista, la anarquista, la nacionalista, la independentista. Se dulcificó también la influencia del rey en toda esta transición de olvidos. Y hoy es indigno y vergonzoso que haya gente que reivindique la dictadura y use incluso su simbología para desafiar a un gobierno. Es duro cuando uno ha tenido una familia represaliada, ver esas banalizaciones. Vivimos en una época con corrientes de neopopulismo que van encharcando todo con patrioterismos baratos, fantasmas contra la migración, el feminismo y la tolerancia de una forma muy preocupante.
Noticias: En el libro usted también rescata la historia de figuras populares. Por ejemplo, la de Miguel de Molina o Miguel Hernández. Como si dentro de este texto hubiera muchos otros posibles.

Cerdá: Sí, es una locura. Creo que ya nunca haré una cosa así. Todo es producto de una norma férrea que me autoimpuse: que todas las historias discurriesen entre el 20 y el 30 de noviembre. Y ese es el reto de la no ficción: que emocione, que ayude a reflexionar, que pueda constituir una especie de caleidoscopio, que 11 días constituyan la síntesis de una posguerra y de una etapa con distintas tipos de represiones, de resistencias, de épicas, de mitos y de mentiras. Eso sin que se prescinda de la poesía, del aforismo, de la idea, de la narración. La búsqueda de ese equilibrio es mi gran preocupación.