Envejecimiento de la población en Argentina (IDESA)
Crisis de envejecimiento: desafío poblacional
La acelerada caída de la natalidad podría alterar el delicado equilibrio en el sistema jubilatorio e impactar en la salud y educación.
Por mucho tiempo, la economía argentina corrió detrás de medidas para tapar agujeros y pensar en el mediano plazo era considerado un lujo de “teóricos”. La relativa desaceleración inflacionaria de los últimos meses (+2,1% el alza del IPC en mayo pasado) sumada a la mejora en el balance de pagos que quitó presión al mercado cambiario (el cuco de todas las crisis financieras del último medio siglo) desempolvó en el escenario un nuevo “cisne” que podría convertirse en negro o gris a medida que pase el tiempo: un cambio dramático en la composición de la población. Sobre todo, el desafío que representa su impacto sobre los sectores más sensibles: la educación, la salud pública y el sistema jubilatorio.
En cifras. El documento de revisión del FMI para el segundo desembolso del préstamo a Argentina, resalta el compromiso del Gobierno con el equilibrio fiscal y se pondera como muy positivos los avances alcanzados en materia de ordenamiento macroeconómico. El economista Jorge Colina, presidente de IDESA, destaca que aún resta una “agenda desafiante de reformas pendientes”, dentro de la cual figuran temas antes postergados por las urgencias fiscales y la poca viabilidad electoral. “Se destaca la importancia de abordar las reformas tributaria y previsional a los fines de darle sostenibilidad al equilibrio fiscal y subyace la preocupación de que se siga dilatando el abordaje de estas transformaciones”, analiza.
El primer indicio que se va generando una nueva tendencia demográfica está en la caída abrupta de la tasa de natalidad, que en una década pasó de 2,4 hijos en 2014 a 1,23 en 2024. La esperanza de vida (lo que en promedio se proyecta vivirá una persona al nacer) también aumentó considerablemente: de 72 años en 1990 pasó a los 77 años actuales. Es decir, menos nacimientos y prolongación de la vida de las personas, lo cual altera una de las principales variables económicas, los “recursos humanos” que en el corto plazo se toma siempre como un dato inamovible. Pero lo que sí llamó la atención es la velocidad de dicho cambio. Para el economista y demógrafo Rafael Rofman, investigador principal de CIPPEC, estos dos fenómenos están reconfigurando la estructura poblacional del país, que empieza a parecerse cada vez más a la de los países desarrollados europeos.
En 1950 9 de cada 100 nacidos fallecía antes de los 5 años; hoy esa cifra es menor a 1. La caída de la natalidad tiene impacto inmediato sobre el envejecimiento poblacional en términos relativos, ya que, al haber menos niños, somos en promedio más viejos. Por ejemplo, según un estudio de la organización Argentinos por la Educación, se estima que para 2030 la matrícula de la escuela primaria en el país habrá caído un 27% con respecto a 2023 (1,2 millón de estudiantes menos). Cada fin de ciclo escolar y comienzo de las vacaciones la escena se repite en la Ciudad de Buenos Aires, pero también en algunas zonas cercanas: el cierre o al menos la adaptación de escuelas a una demanda en baja.
Tener o no tener. La socióloga María Inés Pasanante, de la UCA, apunta otro dato que considera preocupante: la actual tasa de fecundidad (hijos por cada mujer en edad reproductiva) cayó a 1,4 cuando la “tasa de reemplazo generacional” (es decir, para mantener la estructura de la población) es de 2,1 hijos por mujer. La razón la cual esta cifra muestra un descenso pronuncia no obedece a un solo factor, como una postergación de la maternidad, baja tasa de nupcialidad y encarecimiento de la vida. Tampoco es algo extraño en el escenario mundial: probablemente Argentina aceleró una tendencia que ya había anticipado el resto de la región (sobre todo en Chile y Uruguay) como hace unas décadas marcó el camino de cambio demográfico en Europa, en el que varios países sólo pudieron revertirla por el aporte migratorio. La socióloga Marita Carballo, presidente de Voices! remarca que en una encuesta de UADE-Voices! de 2022, ya se mostraba un porcentaje creciente de mujeres con mayor nivel educativo, acceso al mercado laboral y a métodos anticonceptivos, postergando o directamente descartando la maternidad: “tener hijos” ocupa el quinto lugar entre los factores que los argentinos consideran importantes para vivir una vida plena. Un 92% considera esencial tener salud; 72% valora un trabajo que le guste; 55%, poder estudiar y 40%, tener tiempo libre y viajar. También destaca que la edad promedio del primer hijo hace apenas 15 años era 26 y actualmente está en 32 años, aunque la buena noticia es una fuerte caída del embarazo adolescente.
Sin embargo, para Rofman, en el corto plazo, este factor produce un efecto positivo: una menor tasa de dependencia total, profundizando el “bono demográfico”: es decir cuánto más la población activa tiene que “sostener” a niños o retirados. “Por eso, es posible aumentar las tasas de ahorro e inversión y acelerar el crecimiento económico”, explica. En el mediano plazo, en cambio, sostiene que el efecto es menos claro: por un lado, el menor número de adultos jóvenes en edad de trabajar tiene un impacto negativo en la generación de recursos que, entre otros destinos, financian las jubilaciones. “Pero si hubo un aprovechamiento del bono demográfico, es posible un aumento de la productividad que no solo compense este efecto, sino que lo revierta”, puntualiza.
Jubilaciones en la mira. Este factor también contribuyó a acelerar el desfinanciamiento jubilatorio porque la solución que se encontró para revertir el rojo del sistema de reparto fue el de ampliar la base de contribuyentes: se estima que, si hay 4 activos por cada pasivo, el sistema no sufre. En Argentina esa relación ya bajó de 1,5; entendido como una consecuencia de la creciente informalidad de las actividades y la precarización de otra parte del mercado laboral. “El problema del sistema previsional es que en el corto plazo nada aparece como preocupante, porque los problemas son de mediano plazo y, como los cambios de reglas previsionales tienen impacto a futuro, a los cambios hay que adoptarlos en corto plazo, aunque no haya urgencia, para que impacten en el mediano”, advierte Colina. Por otra parte, agrega que cuando los nacimientos igualan a las muertes, la población deja de crecer y el sistema de reparto entra en crisis (porque su base de sustentación es el crecimiento poblacional). Ese punto de convergencia está cada vez más cerca: en 2024 hubo 413 mil nacimientos y 376 mil fallecimientos. “Aunque esta crisis es a futuro, los cambios hay que hacerlos hoy”, muestra.
Por último, este cambio demográfico también pone en fuerte tensión la cobertura de salud para la vejez. “Así como los esquemas jubilatorios fueron concebidos con parámetros demográficos muy diferentes a los actuales, la cobertura de salud central de la vejez (PAMI) fue diseñada en 1971, cuando la cantidad de niños triplicaba a los mayores de 60”, agrega Colina. Es que la “regla financiera” de la cobertura de salud está pensada para población joven, con una asignación del 9% del salario para la salud de los activos y sus hijos en obras sociales y prepagas, pero cuando se retiran se los afilia compulsivamente a PAMI (en el sistema nacional o los análogos en los provinciales) con el 5% del salario de los activos, con un vacío destacado en los cuidados geriátricos que muchas veces no tienen la cobertura social suficiente.
Esta “bomba” demográfica podría mutar rápidamente en un nuevo cisne negro para la economía argentina con más necesidad de financiamiento estatal de un sistema en quiebra, pero también la oportunidad para reformar su funcionamiento cuando no es inminente su estallido. Pero también mirarlo como una ventana para aprovechar el mejoramiento del funcionamiento escolar (menos cantidad de alumnos por aulas y más calidad de atención, por ejemplo) o, como recordaba Rofman que el desafío futuro es mejorar las condiciones de vida y extender la longevidad de los mayores mientras se pueda aprovechar este “recreo” demográfico antes del “invierno”. Pero, una vez más, para hacerlo se precisa que la economía tenga un horizonte de crecimiento que salte de la planilla Excel de las presentaciones a la caja registradora.