En Argentina existen múltiples precios para el gas. Hay subastas, contratos bilaterales, precios emergentes del Plan Gas y operaciones puntuales. Sin embargo, carecemos de algo más potente y necesario: una referencia única, transparente y ampliamente aceptada, que permita sintetizar en cada momento el equilibrio entre oferta y demanda (incluyendo a la demanda del sector externo, generadora de divisas).
La diferencia no es menor. Hoy es imposible conocer el precio del gas en Argentina mediante un click. Depende del segmento, del contrato, de la operación puntual, y, muchas veces, requiere consultar a quienes participan activamente en el sector. Esta fragmentación no impide que el mercado funcione, pero limita su profundidad, y su capacidad de atraer inversiones.
Henry Hub en Estados Unidos nació como resultado del funcionamiento de un mercado amplio, desregulado y con una infraestructura que facilita las transacciones en un determinado punto geográfico. De esta manera, las implicaciones económicas son evidentes: la existencia de un punto de referencia ordena expectativas, reduce la incertidumbre y facilita la toma de decisiones, incluyendo la posibilidad de pactar precios futuros.
Es cierto que la liquidez no se crea mágicamente, estableciendo un “hub” por diseño. En parte, la causalidad es inversa—o sea, los hubs exitosos emergen naturalmente donde existe volumen, diversidad de participantes, y flexibilidad y libertad contractual. Pero también es cierto que la ausencia de un punto de referencia dificulta la coordinación y retrasa el arribo de esa liquidez. En este sentido, avanzar hacia el establecimiento de un hub criollo debiera ser un objetivo del sector público y del sector privado.
Argentina no arranca de cero. Tiene una base productiva en fuerte expansión, impulsada por Vaca Muerta, y un creciente interés de los inversores internacionales en el marco del RIGI. En ese contexto, la creación de una referencia de precio más clara no sustituye la necesidad de tener previsibilidad macroeconómica y cambiaría, pero sí contribuiría a mejorar la gestión de riesgos, y a posicionarnos como un jugador más relevante.
La discusión respecto a la localización de ese hub también admite matices. Propuestas como Bahía Blanca o determinadas zonas de Río Negro pueden ser viables, siempre que allí puedan confluir la oferta (proveniente mayormente desde Vaca Muerta o la cuenca Austral) y la demanda (para consumo interno como para la exportación de GNL). No obstante eso, no es imprescindible que el hub sea estrictamente físico: podría también definirse como un punto virtual dentro del sistema de transporte, como ocurre en otros mercados. Lo importante no es tanto el lugar físico, sino la capacidad de concentrar transacciones y generar un precio representativo.
Existen precedentes locales que muestran el valor de una referencia de precio clara. El inversor ganadero históricamente ha mirado al mercado de Liniers, y el inversor agrícola hoy puede tomar decisiones en base al precio de la soja disponible en la Bolsa de Rosario, o los precios futuros en MATBA-ROFEX, todos observables mediante un click. Si bien estos mercados no son perfectamente comparables con el del gas, ambos ejemplos ilustran cómo un precio visible y aceptado puede ordenar un sector entero. En el caso del gas natural, donde las inversiones son más cuantiosas y donde el transporte introduce rigideces y restricciones (debido en parte a las tarifas fijadas por el ente regulador) esa función de señalización es aún más necesaria.
Lógicamente, para que un precio local se convierta en referencia global se requiere escala y credibilidad institucional a lo largo del tiempo. Pero precisamente por eso, la construcción de una referencia doméstica robusta es un paso previo a esa aspiración. Si un gran jugador europeo está evaluando la posibilidad de invertir en la exploración de gas natural en Argentina, o si un gran consumidor asiático está analizando la posibilidad de comprar LNG proveniente de Argentina, tener una referencia de precio (de venta en el primer caso, y de compra en el segundo) sería muy valioso.
En definitiva, el problema del mercado de gas en Argentina no es la ausencia de precios, sino la fragmentación y la falta de un precio que coordine. En consecuencia, avanzar hacia un hub puede ser una pieza clave, en un momento en el cual el país busca consolidarse como actor relevante. Dicho de otro modo, el objetivo de la industria y del área energética del Gobierno tiene que ser el de generar las condiciones para que el precio del gas en el Henry Hub de las pampas aparezca en la pantalla de Bloomberg de los operadores financieros en Nueva York.
*Guillermo Sabbioni es Doctor en Economía (University of Florida), Exdirector del ENARGAS
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por Guillermo Sabbioni


















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