El diputado Sergio Palazzo de Unión por la Patria contribuyó a poner una cuota de humor en el recinto legislativo al pronunciar su discurso. En su exposición, al verse interrumpido de manera consecutiva por distintos colegas del bloque oficialista, el legislador se dirigió al presidente de la Cámara de Diputados y le solicitó: ¿Le puede decirles a los therián que se autoperciben leones que se callen un poquito si es tan amable?".
Ante la sorprendente solicitud, el titular Martín Menem sonrió y la Cámara baja estalló en aplausos. Un condimento humorístico, del cual el parlamentario nacido en Mendoza y conductor Asociación Bancaria fue reconocido de manera categórica por sus pares, felicitándolo con risas y palmas por la ocurrencia.
El término “therian” —derivado de “teriantropía”— designa a personas que afirman experimentar una identificación profunda, parcial o total, con uno o más animales no humanos, no en un sentido biológico sino en el plano psicológico, espiritual o identitario. Diversas investigaciones académicas y artículos periodísticos coinciden en que se trata de una vivencia subjetiva en la que el individuo siente que su “yo” incluye rasgos animales, a los que denomina “teriotipo”, y que pueden corresponder tanto a especies actuales como extintas.
Aunque el fenómeno se volvió visible recientemente en redes sociales —especialmente a través de videos virales en plataformas como TikTok—, su origen moderno se remonta a la década de 1990, cuando comunidades en foros de internet, como grupos de Usenet vinculados a la cultura de hombres lobo, comenzaron a usar el término para describirse a sí mismas. Sin embargo, la idea de la mezcla o identificación entre humanos y animales es mucho más antigua: aparece en mitologías, religiones y expresiones artísticas de miles de años, desde figuras como los hombres lobo hasta representaciones híbridas en pinturas rupestres.

Las características de quienes se identifican como therians varían. Algunos describen su experiencia como espiritual o vinculada a creencias de reencarnación; otros la interpretan en términos psicológicos, como una forma de autopercepción. En ciertos casos, esta identidad se expresa mediante conductas que imitan a animales —como desplazarse en cuatro patas o usar máscaras—, aunque no todos los integrantes de la comunidad adoptan estas prácticas.
En los últimos años, el fenómeno ganó notoriedad en América Latina, particularmente en el país, donde encuentros en espacios públicos y la circulación de contenido digital lo instalaron en la agenda mediática. Esta visibilidad también generó controversias, desde lecturas que lo interpretan como una expresión legítima de identidad hasta críticas que lo consideran una moda amplificada por redes sociales.

Por otro lado, pero casi en paralelo y dentro del ámbito político, la figura del león ha sido adoptada como símbolo por los seguidores del presidente Javier Milei. Por supuesto, a diferencia del fenómeno therian, este uso no implica una identificación personal con un animal, sino una construcción simbólica: el león funciona como emblema de fuerza, liderazgo y confrontación con el “statu quo”.
El presidente mismo ha sido apodado “el león” por sus partidarios, quienes replican la imagen en banderas, redes sociales y actos políticos como parte de una estrategia de identidad colectiva y comunicación política. Un aspecto que la oposición aprovecha para algún que otro chascarrillo.















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