Sunday 19 de April, 2026

ECONOMíA | Hoy 08:00

Argentina, año verde: lluvia de dólares

En un año, la economía pasó de la escasez a la abundancia de divisas, con un cepo parcial y una tasa de inflación en ascenso.

La economía local terminó dando un giro impensado, uno más, en el último año. En mayo de 2025 (1,5% mensual) la inflación parecía converger a un nivel “civilizado”, que en definitiva tienen casi todos los países de la región, con la nota siempre discordante de Venezuela (475% en 2025 y 72% sólo en el primer trimestre de este año) y por muchos años de Argentina. Uruguay, por ejemplo, también rozó en marzo el 3%... pero interanual. El problema parecía estar en el drenaje de dólares que vaciaba las ya agotadas reservas del Banco Central y auguraba un choque de trenes inminente. La preocupación pasó a ser la continua erosión del tipo de cambio real, su impacto sobre la estructura productiva, la competitividad, el crédito y, en definitiva, el ingreso real de la gente.

Un mal inesperado. El año próximo se cumplirá medio siglo de un neologismo que los economistas elaboraron para denominar un fenómeno que veían como novedoso pero que había tenido otros antecedentes en la larga historia económica mundial. Se referían a la “enfermedad holandesa” como el fenómeno que ocurre cuando, al igual que en los Países Bajos durante la década del ’60 tuvo que asimilar un boom exportador al encontrar yacimientos gasíferos. La paridad cambiaria se derrumbó, se desalentó la producción local y se abarató la importación y con ello se generó un cambio estructural en la composición de la población ocupada. ¿Podría adaptarse esta denominación a un “mal argentino” por el que se esté transitando? De hecho, el ingreso de divisas por exportaciones (con mejoría con respecto a 2025) y un llamativo comportamiento de las importaciones dejaron picando la cuestión de qué pasará cuando aceleren los otros motores de la economía, además del complejo agroindustrial. La minería, donde ya hay 13 proyectos presentados bajo el paraguas del RIGI que comprometen US$18.200 millones, tiene la particularidad de requerir fuerte inyección de capital, realizarse en zonas cordilleranas inhóspitas que multiplican la mano de obra ocupada pero que están muy lejos de responder a las demandas de ocupación de la población urbana. Otro tanto ocurre con el sector petrolero-gasífero que se proyecta con un superávit comercial de entre US$10.000 y US$12.000 millones, pero el curso de la guerra podría alterar la estimación. Eduardo Fracchia, director del área de Economía del IAE estima que cada US$10 por barril que suba el petróleo, Argentina obtendría US$ 3.000 millones adicionales en exportaciones. “Pero si se prolonga el conflicto subirá la volatilidad y esto impactará seguramente en el riesgo país, además, la guerra reduce el apetito por activos de riesgo”, detalla. Precisamente, Fracchia subraya que una de las mayores preocupaciones al analizar la economía argentina está en la falta de crecimiento vigoroso. “La expansión actual es liderada por sectores intensivos en capital, pero la industria está un 17% por debajo de sus máximos históricos, una brecha equivalente a la de la construcción y la reconversión de los negocios para enfrentar el bajo crecimiento supone inversión y mayor productividad, pero ambas escasean en particular desde 2010” agrega.

Por su parte, en el último informe de la consultora Invecq, también suma que, en el plano externo, la escalada del conflicto en Medio Oriente deteriora las condiciones financieras globales y aleja la posibilidad de que Argentina retorne a los mercados internacionales de deuda en el corto plazo. “Su impacto inflacionario en Estados Unidos ya es perceptible, lo que torna cada vez menos probable un relajamiento monetario por parte de la FED y encarece el costo del crédito para el país”, concluye.

A toda máquina. Lo que distinguió la línea de la política económica a partir de este año fue la decisión de empezar a acumular reservas, cosa que no había podido lograr con anterioridad, quizás por el temor de no apalancar la demanda de dólares. En particular, la compra de divisas se aceleró en la última semana (US$963 millones), de los cuales US$457 millones solamente se cerraron ese viernes. Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go, apunta que dicho aumento en las compras no estuvo originado en la liquidación del agro que se mantuvo en torno a los US$104 millones diarios (USD520 millones en la semana) ni el flujo de exportaciones de energía que se mantiene en torno a US$35 a 45 millones diarios. “El flujo se debería a la liquidación de colocaciones de deuda en dólares y a los menores pagos de importaciones: en lo que va abril, la colocación de Obligaciones Negociables subió a US$951 millones luego de haber alcanzado sólo US$387 millones en todo marzo”, apunta. A esto se suma el crecimiento sostenido que muestra el crédito en dólares (en torno a US$100 millones diarios). Pero frente a esto, las reservas brutas subieron a US$45.431 millones y las netas (según la definición del FMI) llegaron a US$11.806 millones (negativas). Es decir, mientras el Gobierno sigue de gira crediticia, los privados ya encuentran en el mercado dolarizado una forma de financiarse, aunque todavía pagando el “costo” de un riesgo país que excede al promedio de la región. Por su parte, Maximiliano Gutiérrez responsable de la sección Monetaria-Cambiaria del IERAL, comenta que la intervención en el mercado de cambios excedió significativamente el umbral del 5% del volumen de dicho mercado que se había establecido originalmente por la autoridad monetaria como referencia para el programa de compra de divisas. A la fecha calcula que las compras netas efectuadas representan más del 18% del volumen total operado, una participación sustancialmente mayor a la proyectada. “En términos comparativos, este desempeño constituye el mayor volumen de adquisición de divisas (medido en dólares constantes) desde 2012, exceptuando el comportamiento atípico registrado en 2024, periodo signado por el rebalanceo de carteras tras el salto cambiario que se dio al inicio de la gestión de Milei y la implementación de un esquema de pagos escalonado para importaciones (bienes y servicios) a través del MULC”, explica.

Efecto derrame. La contrapartida no es solo cambiaria porque en economía todo termina siendo un sistema único, pero con diferentes circuitos. El país de las “dos velocidades” llegó para quedarse un largo tiempo, como sostiene Dal Poggetto. La caída en la recaudación por menor actividad del consumo “urbano” y los mejores números de los sectores competitivos-exportadores así lo verifica. Se estima que las exportaciones podrían superar los US$100.000 millones este año, pero, como apunta Fracchia, aún ese valor continúa siendo bajo en relación con el PBI y si el tipo de cambio real estuviese en su media histórica esta cifra crecería. Pero, como hace más de una década auguraba el gurú Ricardo Arriazu, el desafío de una economía que capte un flujo creciente de inversiones para explotar sus recursos dormidos, no será más el de poner un techo sino encontrar un piso al tipo de cambio. La “enfermedad argentina” será un verdadero problema, pero de riqueza y no de escasez.

por Tristán Rodríguez Loredo

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