Universidades frente a la IA (CEDOC)

La estafa moral de las universidades en la era de la inteligencia artificial

Deuda de por vida para pagar carreras que los algoritmos ya absorbieron. Por qué las universidades venden un futuro que saben que dejó de existir.

Vivimos una transformación tecnológica comparable en magnitud a la Revolución Industrial, pero con una velocidad de propagación sin precedentes. En apenas dos años, la inteligencia artificial (IA) generativa pasó de curiosidad técnica a herramienta capaz de superar a profesionales en análisis financiero, redacción legal, diagnóstico médico y programación. Sin embargo, en medio de este tsunami, observamos una calma inquietante en las instituciones que deberían ser los faros del conocimiento: las universidades.

Lo que presenciamos hoy en la educación superior no es una “adaptación lenta”, sino negligencia profesional sistemática. Al matricular a cientos de miles de estudiantes en programas cuyo valor económico se desploma en tiempo real, sin advertirles del riesgo existencial que corren sus futuras profesiones, las universidades están incurriendo en una falta ética de proporciones históricas. Están vendiendo un futuro que saben que ha dejado de existir.

La Conspiración del silencio

El decano David Marchick, de la Kogod School of Business, admite abiertamente que la IA crea un “riesgo real de desintermediación de la educación tradicional” y confiesa que “no hay una hoja de ruta”. Esta admisión es devastadora: las instituciones están improvisando con el tiempo y el dinero de los estudiantes.

Los números confirman la estafa. La deuda estudiantil en Estados Unidos supera los 1,77 billones de dólares. Un MBA promedio cuesta entre $100.000 y $220.000 dólares. Mientras tanto, McKinsey estima que el 30% de las horas trabajadas en la economía estadounidense podrán ser automatizadas por IA generativa para 2030. Goldman Sachs calcula que 300 millones de empleos a nivel global están expuestos a la automatización. Las profesiones más amenazadas son análisis financiero, contabilidad, gestión administrativa, consultoría de entrada y redacción corporativa, entre otras; estas son las que las escuelas de negocios prometen como destino profesional.

Esta incertidumbre no se refleja en los folletos de admisión ni en las matrículas exorbitantes. La academia optó por proteger su modelo de negocio y los puestos de su claustro antes que la solvencia financiera de sus alumnos. Profesores y administradores saben que su relevancia está en entredicho, pero mantienen la maquinaria funcionando para asegurar su propia supervivencia económica.

La hipocresía es tangible porque docentes que utilizan IA para automatizar la calificación de trabajos, una tarea para la que saben que la herramienta es inadecuada, mientras exigen a sus estudiantes que no utilicen estas mismas herramientas para “pensar”. El sistema busca eficiencia para sí mismo, pero vende un proceso artesanal y “humano” al cliente que paga.

La hipoteca de la fiesta

La tragedia se ilustra con una analogía dolorosa pero precisa, el título universitario se convirtió en el equivalente a pedir un préstamo hipotecario a 30 años para pagar una fiesta de casamiento de una sola noche.

Las familias se endeudan, hipotecan su futuro y sacrifican años de productividad creyendo que invierten en un activo que dará retornos durante décadas. La realidad es que compran una experiencia efímera, un rito de pasaje social que otorga un estatus momentáneo pero deja una deuda real y persistente. Al día siguiente de la graduación, la fiesta termina, pero la factura sigue llegando, mientras las habilidades adquiridas han sido absorbidas por algoritmos que cuestan centavos.

Vender este espejismo sabiendo que el activo subyacente, es decir la empleabilidad tradicional, se evapora, roza la crueldad. Es invitar a alguien a invertir los ahorros de su vida en una empresa que ya declaró la quiebra en privado, pero mantiene la fachada para captar a los últimos incautos.

La doble moral de las instituciones

Resulta indignante observar esta conducta en las mismas instituciones de élite que durante décadas han pontificado sobre ética corporativa y responsabilidad social. Harvard, MIT, Stanford son universidades erigidas como árbitros morales de la sociedad, sin embargo fallan en el derecho más básico de sus propios estudiantes: el derecho a la verdad y a la protección contra el fraude financiero.

Mientras organizan seminarios sobre marcos éticos y debaten la responsabilidad de las corporaciones tecnológicas, practican una depredación financiera muy real. Se llenan la boca con la palabra “responsabilidad”, pero son incapaces de ejercer la responsabilidad de decir: “Deténganse. No se endeuden. Lo que vendemos ya no vale lo que cuesta”.

Hay una distinción importante porque no todas las carreras enfrentan el mismo riesgo. La ingeniería en semiconductores, la robótica, ciertas especializaciones médicas de alta complejidad y la investigación científica fundamental mantienen una demanda creciente por ahora. Pero estas son la excepción, no la regla, y las universidades lo saben. Lo que no hacen es decírselo al estudiante de contabilidad o de marketing que firma el pagaré creyendo que su inversión tiene el mismo horizonte.

La negación colectiva

Estamos ante un fenómeno de negación masiva. La gente ve las noticias, lee sobre el avance exponencial de la IA, pero actúa bajo la premisa irracional de que “esto no me pasará a mí” o “mi profesión es especial”. Siguen inscribiéndose en carreras moribundas con la misma inercia con la que al inicio de la pandemia se seguía viajando cuando el virus ya estaba en el aire.

Esta ceguera voluntaria es el terreno fértil donde opera la estafa universitaria. Pero mientras que la ciudadanía puede alegar ignorancia, las universidades no tienen esa excusa porque poseen los datos y los modelos predictivos. Al elegir el silencio, se convierten en cómplices de la ruina financiera de una generación.

No estamos ante un simple cambio de mercado, es una crisis moral donde la institución encargada de preparar el futuro se ha convertido en su verdugo financiero, sacrificando a sus estudiantes en el altar de su propia supervivencia. Cada matrícula firmada sin una advertencia honesta es un contrato con vicios ocultos. La pregunta es cuántas vidas financieras más se destruirán antes de que alguien con autoridad se atreva a decir la verdad.

Las cosas como son

 

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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