Ariel Ardit (Marcelo Dubini)
Ariel Ardit: “Siempre me gana la emotividad”
Cantante de tango, exploró otros géneros musicales y recientemente reversionó clásicos de Sandro. Camino y sueños.
“El Gardel del siglo XXI”, lo llaman algunos en el ambiente tanguero. Él se ríe, dice que es sólo un título, que no está a la altura del zorzal criollo. Sin embargo, cuando se planta en el escenario y canta, su voz de tenor pega fuerte y profundo.
Ariel Ardit nació en Córdoba capital. A los cuatro años, su familia lo subió al escenario para cantar “Rosa, Rosa” y hacer la imitación de un jugador de fútbol cordobés. “Lo disfruté mucho”, recuerda. En aquellos años de la infancia veía “Titanes en el Ring” y estaba enloquecido con Mister Moto. Quería ser uno de esos personajes.
A los ocho años vino con su mamá a vivir a Buenos Aires y tiempo después, ya en el secundario, el destino quiso que tuviera como compañero al hijo de Mister Moto. Finalmente, pudo conocer a su admirado y logró que el luchador lo becara en su gimnasio. “Me puse a entrenar fuerte y en seis meses aumenté veinte kilos. Tomaba tres litros de leche por día, cinco o seis bananas, Nesquik, comía un montón, me intoxiqué. Pero llegué a luchar en algunos eventos entre los 16 y los 19 años. Me gustaba ser luchador”, recuerda.
En el camino fue repartidor de diarios y de fiambres, parrillero, cadete, trabajó en un sex shop y en una casa de fotografía. Sin embargo, la música y el canto, de una u otra forma, siempre estuvieron presentes.
Hoy es un prestigioso cantante con varios discos publicados y una carrera sólida. Su ámbito es el tango, pero se anima con versatilidad a otros géneros. De hecho, el año pasado lanzó “Sandro Así”, una reversión de los grandes éxitos del hombre de fuego. La presentación fue hace poco en La Trastienda, con lleno y éxito total. “La gente empezó a cantar desde el primer tema, imagínate cómo terminó, fue una fiesta. Hasta me llamó la mujer de Sandro emocionada”. El próximo show es en el Teatro Bar La Plata, el 6 de junio. Además, presentará junto a Lidia Borda el disco Somos que hicieron juntos, el 20 de junio en La Trastienda.
Es padre de Nina (19) y Renata (17) y compañero de su perra Toulouse.
“Soy un luchador, todo lo que he ido haciendo ha sido desde el deseo de lucharlo y de concretarlo con mis propias armas. Las cosas me gustan cuando tienen esfuerzo. Pocas me han llegado de arriba. A todo lo que hago le pongo el cuerpo, el corazón, ya sea un sueño o un proyecto X”, afirma.
Noticias: ¿Tuvo una vida difícil?
Ariel Ardit: No, una vida hermosa, porque pude ser protagonista de mis sueños y llevarlos a cabo. Las cosas que soñé pude cumplirlas todas.
Noticias: Su historia con la música empieza de muy chico.
Ardit: Sí, mi mamá cantaba folclore profesionalmente, mi papá también y tocaba la guitarra, pero de manera aficionada, y mis tíos eran actores cómicos. En casa se escuchaba de todo, desde Gardel hasta Freddie Mercury. Yo cantaba folclore en las reuniones familiares y, ya de más grande, mientras estudiaba canto lírico, apareció la reescucha de Gardel y a partir de ahí empecé a escuchar tango.
Noticias: ¿Cuándo y por qué decidió estudiar canto lírico?
Ardit: Tenía 18 años. Era bastante revoltoso, tenía algunos problemas de conducta, y mi vieja me preguntó qué iba a hacer. Yo ya trabajaba con mis tíos Pepe y Guillermo, que trabajaban en cabarets, teatros de revistas, hacían temporada. Yo les llevaba la ropa, era su sonidista, me divertía mucho con ellos y, además, me encantaba la noche. Le dije a mi mamá que iba a estudiar canto y ella me dijo que lo hiciera seriamente. Así empecé a estudiar canto lírico. Me llamaba la atención trabajar la voz de esa manera y también porque me diferenciaba de lo que hacía mi familia.
Noticias: ¿Qué descubrió con la lírica?
Ardit: La herramienta de la voz. Yo estudio desde el año ’95, pero después cuando canto, muchas veces, siento que no aprendí nada. Porque canto de una manera muy emocional, no siento que me pare en un escenario desde la técnica. Pienso en la técnica cuando vocalizo en mi casa, cuando preparo un tema, cuando veo cuál es la parte difícil. Pero siempre me termina ganando la emotividad. A veces digo para qué estudié tanto. Seguramente, para que sostenga lo que puedo hacer emotivamente.
Noticias: Entonces, lo emocional es su sello
Ardit: Sí, la pasión con la que canto, que es la misma con la que hago todo, un plato de comida, un abrazo, un beso. Me considero un pasional. Sé que hay cosas que técnicamente puedo hacerlas más prolijas, pero me gana la pasión.
Noticias: ¿Y cómo llegó a cantar tangos?
Ardit: Yo escuchaba a varios cantantes líricos que me gustaban mucho y en ese ramillete apareció Gardel como la voz nuestra. Me gustaba él como cantante, más allá del tango. Un día pasé por El boliche de Roberto, en Almagro, y me llamó la atención la voz de un cantante, que resultó ser Roberto Medina hijo. En el mostrador había cinco personas y estaba el papá de una novia, que ya no era más novia, porque había decidido dejarme, él me reconoció y le dijo a los del boliche que yo cantaba. Lo quería matar. Me pidieron que cantara algo y canté uno de Gardel. Me acuerdo de la sensación física de haber cantado algo así, que la voz corría y que me gustó mucho. La sensación de placer y de familiaridad. De decir: “Esto es mío”, que no me pasó nunca con la ópera. A partir de ahí empecé a ir los jueves al boliche y cantaba dos o tres temas. Eso me dio una gran gimnasia. Ahí me escuchó la Orquesta El Arranque y empecé a tener mis primeras andanzas con el tango.
Noticias: De hecho, se convirtió en el cantante de El Arranque.
Ardit: Sí, al muy poco tiempo empecé a trabajar con El Arranque y a irme de gira a Europa. Con ellos estuve cinco años y después empecé mi carrera solista con el acompañamiento de distintas formaciones y varios discos publicados.
Noticias: ¿Qué piensa cuando dicen que es el Gardel del siglo XXI?
Ardit: Por supuesto, es un elogio, pero me da gracia. Ese título me lo puso Horacio Pagani y empezó a replicarse. Pero ya en el Boliche de Roberto me decían Gardel porque cantaba sus temas y usaba gomina, que la usaba de antes de cantar tango. Yo tomo la distancia prudencial del caso, no estoy ni cerca ni busqué ser como Gardel.
Noticias: ¿Por qué ahora un disco con temas de Sandro?
Ardit: El último disco que grabé fue en 2018 con piano. Ya había hecho varios formatos con tango y no se me ocurría qué hacer, me empecé a aburrir y después a preocupar. No me salía la motivación del próximo trabajo. Tenía la sensación de fin de algo. Pero me divertía cuando cruzaba el tango con otras expresiones. Me tocó trabajar con Miguel Poveda, con Rosario Flores, con Antonio Carmona. El tango puesto en otro ámbito menos rígido. Finalmente, en un show con Lidia Borda, donde hacíamos boleros, una canción francesa y otras cosas, canté un primer tema de Sandro en público y vi que pasó algo distinto. Yo sentí algo de placer, de comodidad, de me quedo acá. A partir de ahí lo canté en las siguientes funciones y pasó lo mismo en el mismo lugar. Yo estaba buscando afuera, lejos, algo que lo tenía muy cerca. Sandro estuvo ahí y no lo pensé mucho más. Dije: “Hago un disco”.
Noticias: ¿Es un tributo?
Ardit: En principio, es una expresión como intérprete que yo necesitaba. Sandro llegó en un momento de mi vida donde no sabía qué carajo cantar. El tango está incorporado y sé que toda mi vida voy a hacer eso porque, además, soy eso. Pero no encontraba motivación ni placer. Lo de Sandro fue: “Ahh, esto sí quiero cantar ahora”. Son las canciones de Sandro desde mi propia versión, como un tanguero que soy, con mi manera, con mis fraseos, con mi caudal de voz. Por eso también busqué arregladores, Noelia Sinkunas y Dani Vilá, que no sean del tango y que le den un escenario diferente a todo lo que venía grabando antes.
Noticias: La versión que hizo de “Rosa, Rosa” está inspirada de alguna manera en su abuela Bele. Ella fue alguien de peso en su vida. ¿No?
Ardit: Muy. Era el personaje de la familia, la más graciosa, cantaba. Eligió mi segundo nombre que terminó siendo el primero, yo me llamo Cristian Ariel. Con ella vi las primeras películas de Sandro, soy el primer nieto, entonces las travesuras se las hacía a ella y yo me divertía mucho. Nació en el año ’23, que es precisamente el número que tengo tatuado porque es mi número de suerte. La Bele fue fundamental en mi vida. Y la que me puso “Peroncito”. Me decía: “Con esa nariz y con esa nuca sos igual a Perón”. Muy personaje esa vieja.
Noticias: ¿Un sueño pendiente?
Ardit: Me hubiese gustado ser jugador de fútbol, gritar un gol en una cancha. Pero la vida me recompensó de otra manera. Canté siete veces el himno argentino en partidos de la Selección, soy el que más veces lo cantó, seis en la cancha de River y una en Boca. Cantar el himno en el medio de la cancha con los jugadores ahí de frente y que al final la gente cante conmigo “Juremos con gloria morir” y sentir que se te viene el estadio encima, te diría que casi cumplí mi sueño de ser jugador. Fue lo más cerca que estuve de hacer un gol.
También te puede interesar
-
La nueva vida de Juliana Awada sin Macri: viaje a París y Saint Barth
-
José Giménez Zapiola: “Siempre fui inquieto y curioso”
-
Verónica Pelaccini: “La actuación sale de un impulso interno”
-
Mauricio Kartun: “El humor es un mecanismo cercano a la poesía”
-
Laura Ubfal destrozó a Virginia Gallardo: “¿Para esto te votamos?"
-
Hilarante: el periodista Tomás Dente se peleó con los zócalos de su programa
-
Mona Gallosi: “Mi vida pasa por la hospitalidad”
-
Juan Palomino: “Nunca me subí al carro de la fama”
-
Manu Fanego: “Somos artífices de nuestra propia historia”